23 de enero de 2013: Tomas Tranströmer

Reunidos: Isabel, Toñi, Rufino, María José, Seve. Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Maite

Isabel abre la sesión con unas pinceladas biográficas, tomadas de la Wikipedia y de otras páginas; destaca que Tranströmer es de profesión psicólogo, además de escritor, traductor y poeta; y que ha ejercido su profesión en prisiones juveniles y centros de atención a discapacitados. El autor, cuya poesía es calificada de expresionista, surrealista y modernista, sufrió un ictus hace unos veinte años que le ha dejado paralizado el lado derecho del cuerpo, de manera que no puede hablar ni escribir con su mano derecha, pero sí utiliza la izquierda, entre otras cosas para tocar el piano. Isabel ha leído algunos poemas de Tranströmer, y entre ellos destaca Góndola fúnebre, inspirado en la anécdota de Liszt, cuando éste fue a Venecia a visitar a su hija, casada con Wagner, y al ver un cortejo fúnebre sobre las aguas de un canal tuvo un presentimiento, al que se ha dado importancia porque después murió su yerno y el propio Liszt escribió una pieza musical de homenaje homónima al posterior poema de Tranströmer. No obstante, la impresión que ha causado el autor a Isabel ha sido un poco decepcionante, pues no ha logrado encontrar esos rasgos expresionistas y surrealistas que según los críticos definen su obra; cuestionada la validez de la traducción al castellano, Maite observa que las traducciones de la obra de Tranströmer al español son muy cuidadas, y Eugenio opina que gran parte de la obra del poeta sueco debe aún permanecer ajena a nuestro idioma; a continuación se inicia un debate sobre la dificultad para comprender la poesía donde Luis señala que la sencillez de José Hierro, por ejemplo, puede convertirse en dificultad si el lector no está concentrado; Toñi añade que cuando los poemas se escuchan en un buen recitado, se comprenden mejor, y Pilar subraya que siempre hay una diferencia entre leer y escuchar, ya se trate de un poema o de un relato.

Rufino se pregunta la importancia que pueda tener el autor para haberle sido concedido el premio Nobel, a lo que Luis replica que para este galardón se elige a autores según propuestas de las distintas Academias, y que siempre se expone un motivo en las concesiones, y de igual forma que a Vicente Aleixandre se lo dieron por su concepción del ser humano dentro del cosmos y a Juan Ramón Jiménez por su amor a los animales, a Tranströmer se lo han otorgado porque ya tocaba un autor sueco; María José plantea qué méritos se alegaron en la concesión del Nobel de la Paz a Obama, y Luis subraya que no es tanto la importancia de los premiados como la circunstancia política; Isabel lee entonces la descripción, definición y exposición de motivos oficiales de los premios Nobel, y Rufino reflexiona que, dado que son las Academias nacionales quienes proponen, existe poca influencia por parte de la española; pero Luis corrige que en muchas ocasiones ha habido connivencia entre las academias de habla hispana. A continuación, recordamos otros nobeles de la literatura en español, entre los que se hace mayor hincapié en Cela y Echegaray.

Maite ha leído unos cuantos poemas de Cielo a medio hacer y considera que Tranströmer es un poeta fiel a su escritura; sin embargo, asegura que el estilo y contenidos no le llegan a ella de igual forma que lo hace la poesía en español. Maite comenta que los nórdicos viven de otra manera a como lo hacemos los mediterráneos, que entre nuestras diferencias destaca una distinta percepción de las cosas y distinta noción del mundo, lo que convierte la literatura en algo enriquecedor para todos; Isabel indica que la idiosincrasia cultural depende mucho del clima, María José señala la importancia de la luz solar en la percepción y Luis añade que la convergencia de estos factores ambientales convierte el mundo griego en crisol y posterior referencia para una concepción estética muy original. Acerca del autor, Maite recuerda que al año de la concesión el Nobel, visitó Madrid para asistir a un homenaje que se le ofreció en el Círculo de Bellas Artes, al cual, entre otras personalidades, asistieron Vargas Llosa y Caballero Bonald; apostilla que su esposa le acompañaba, como hace siempre, para servirle de asistente e intérprete, ya que él no puede hablar. A continuación, Maite menciona al traductor de gran parte de la obra de Tranströmer, el uruguayo Roberto Mascaró, y también nombra al prologuista del libro que ella ha leído: Carlos Pardo; finalmente, lee un poema del mismo.

María José ha leído en parte la antología Deshielo a mediodía, pero no le ha gustado, dice que no le llega. Sobre el autor sólo comenta que ha sido galardonado con varios premios internacionales.

Seve ha leído poemas de la otra antología editada por Nórdica en nuestro país, Cielo a medio hacer, y confiesa no entender bien lo que el autor quiere transmitir. Lee algunos haikus, que él considera surrealistas e Isabel considera que puedan ser expresionistas; pero Luis advierte de las condiciones especiales que debe reunir el haiku, manifestación del espíritu oriental. A continuación se entabla debate sobre las normas necesarias para la composición poética, y Mercedes comenta que todos hemos escrito alguna poesía cuando éramos adolescentes, lo que da paso a una disertación más amplia acerca de la memoria.

Luis dice que ha leído algún poema de Tranströmer cuando recibió el Nobel, y destaca su afición a la música: comenta que hay una obra de Ravel para ser tocada sólo con la mano izquierda, que compuso por encargo de un noble oficial hermano de Ludwigstein que perdió la mano derecha en acto de servicio; añade que para la mano izquierda no hay grandes composiciones, pues sólo se han realizado por encargo, y finalmente expone distintas cuestiones técnicas sobre los funcionamientos del piano y también del violín.

Eugenio considera que el autor es un hombre sencillo que permanece tan apartado de la vida social como está ausente de sus poemas, hasta el punto de que se le ha reprochado su falta de compromiso cuando se trataba de hacer denuncia social a través de la poesía (Pilar considera que Tranströmer sí es un poeta socialmente comprometido). Eugenio ha leído los capítulos de sus memorias editados en Deshielo a mediodía y destaca el episodio de la biblioteca, donde de adolescente pasaba horas investigando sobre la geografía africana, apasionado por descubrimientos y expediciones. Acerca de las versiones del sueco al español, Eugenio considera que el número de traductores debe de ser muy limitado, y eso a pesar de la oleada de novela negra nórdica que llena nuestras librerías (se pregunta si no se estarán traduciendo del inglés o del francés); al hilo de la traducción, Luis recuerda que Sánchez Pascual, traductor de Jünger, se relacionaba con éste en persona para mejor “aprender el alma del autor”.

Pilar ha leído Deshielo a mediodía y le ha gustado mucho; comenta que le ha faltado tiempo, y que le gustaría leerlo con más tranquilidad; destaca el relato de sus recuerdos, menciona los haikus y revela la temática de alguno de los poemas: sobre las casas suecas, de la pobreza que crece a orilla del Nilo, acerca de los jóvenes que viven en un hospicio o una descripción del deshielo, que da nombre a la antología y Pilar lee en voz alta, apostillando que la serotonina estimulada por la luz solar nos relaja por las noches: en “Deshielo a mediodía” se muestra el anhelo de sol entre los habitantes de los países nórdicos (habla Luis del verano austral y Pilar de las noches blancas de Rusia); Isabel comenta que el tiempo que pasamos en nuestras casas es también un factor determinante para el acervo cultural, y señala Toñi que estas peculiaridades culturales por influencia del clima también se dan en nuestro país, y pone como ejemplo hábitos de poblaciones como las del Bierzo.

Mercedes ha leído poemas de Cielo a medio hacer, donde también hay retazos en prosa de sus memorias, entre los cuales destaca la narración de una tarde en que se perdió al salir de un concierto, su afición a coleccionar insectos, sus visitas a museos y bibliotecas y su incipiente interés por Horacio, a quien tradujo; de estos fragmentos autobiográficos infiere Mercedes que su padre fue corresponsal de guerra y que Tranströmer sintió, desde que tuvo conciencia, un hondo desprecio por los nazis. Por último, lee algún poema, entre ellos el antes mencionado por Isabel, Góndola fúnebre, a raíz del cual comenta que son constantes las alusiones del autor a la muerte, y señala Pilar que más que a la muerte, lo que siempre menciona son los muertos.

Toñi ha leído varios poemas de Deshielo a mediodía y le han gustado, aunque considera que debería leerlo más despacio, con mayor tranquilidad y, sobre todo, sabiendo hacerlo (Pilar comenta que, a su juicio, es un autor que se entiende bien). Al hilo indica Luis que autores nuestros como San Juan de la Cruz, por su sencillez, profundidad y cercanía cultural, son más fáciles de alcanzar, y a raíz de ello se entabla nuevo debate sobre comprensión lectora de la poesía, en el que Luis asegura que el mejor intérprete de un poema es el lector culturalmente afín, y Pilar defiende que aunque la cultura del autor sea muy distinta a la nuestra, si algo puede entenderse de ello se sacará provecho.

 

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