16 de enero de 2013: Julien Green

 

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, María José, Seve, Eugenio, Pilar, Mercedes y Rosa.

Comienza Isabel leyendo algunos datos de la biografía del autor: sus padres eran estadounidenses, pero él quiso vivir en Francia y escribir en francés; nació protestante, pero profesó la religión católica; se alistó en el Ejército francés al término de la Gran Guerra. Como devoto católico se mostró muy interesado en cuestiones sobre la fe y la hipocresía en las creencias, y políticamente se identificó con los confederados sudista, derrotados tras la Guerra de la Secesión estadounidense, de donde su madre heredó el acervo cultural y cuya circunstancia histórica quiso comparar con la de la Francia derrotada en la Guerra francoprusiana de 1870. Menciona también Isabel el diario que escribió Julien Green a lo largo de setenta años, donde fue dando forma a una crónica de su vida social y religiosa; por último, indica que el autor fue el primer nacional no francés (ya que nunca quiso la nacionalidad francesa) en acceder a la Academia Francesa.

María José ha leído Naufragios, cuyo título original en francés, según Lali, sería más bien “restos de un naufragio” o pecias. El protagonista es un heredero rentista de una empresa familiar, cuya mujer mantiene a un amante que la extorsiona, y de cuyo matrimonio ha nacido un hijo a quien tienen encerrado en un internado; con ellos vive la hermana de ella, que está enamorada de su cuñado y de quien, cuenta María José, se describe una pesadilla muy inquietante; al principio de

la novela el protagonista presencia una agresión sexista ante la que huye sin intervenir, lo que evidencia su cobardía y le genera problemas de conciencia; además, comenta María José, hay varios crímenes en potencia, sobre todo por parte de la cuñada, que desearía matar a su hermana para quedarse con él. La narración, a juicio de María José, es lenta, pero muy intensa; dice que el propio autor la calificó de novela inmóvil, pictórica, en la que realmente no sucede nada, ya que los personajes no dan un paso adelante; indica que ella prefiere algo con resoluciones, y Toñi indica que en la novela que ella ha leído sucede lo mismo, que no hay una acción propiamente dicha; Isabel comenta que la de Julien Green parece una literatura enfocada a hacerte pensar, y añade que “con final abierto”, a lo que replica Mercedes que más bien es un final cerrado (acerca de la importancia de los finales, y sobre lo que puede suponer leerlos antes de terminar el libro, o incluso antes de iniciar la lectura, se sucede un breve debate). Por último, María José destaca las descripciones de París, en concreto del barrio donde Julien Green pasó su infancia, que dan un ambiente muy concreto a la novela.

Seve ha leído Lugar de perdición, que trata de una huérfana de trece años a quien acoge una tía al tiempo que es pretendida por un tío, que quiere comprarla y a quien ella aborrece. Dice que la niña se siente acosada y termina huyendo, y que la cocinera de la tía es la única que verdaderamente la quiere y que no puede soportarlo cuando el tío se la lleva. Finalmente, Seve comenta que la niña es un poco rara, ya que apenas habla con nadie, salvo con la cocinera (Lali indica que debe estar traumatizada).

Eugenio cree que Julien Green estaba obsesionado por el pecado original y no quiso aceptar su homosexualidad; que en literatura no innovó nada, y que apenas tiene valor más allá de su ideología religiosa. Comenta que ha leído un artículo en Internet donde se le ensalza por su activismo católico, y que al hilo de esta lectura ha concluido que en sus novelas narraba hechos tormentosos, mientras en su diario se dedicó a la predicación (Pilar opina que en sus novelas también ejerció de cura). Insiste Eugenio, finalmente, en que el autor se vio inmerso en varias contradicciones: porque se declaraba papista y al tiempo aseguraba leer la Biblia en hebreo; y también porque, a su juicio, no es posible hacer un análisis del alma humana, como el que habría hecho Julien Green en sus novelas, tomando como cierta la influencia de agentes externos como el Maligno o la noción de Salvación.

Sobre la literatura de Julien Green, Pilar comenta que escribe bien y que es una mezcla de realismo mágico y de novela católica, calificativos que ha leído al respecto y con los que está de acuerdo; sobre la vida del autor, destaca que en su casa fueron muchos hermanos y que él adoraba a su madre, cuya muerte cuando él tenía catorce años le inclinó a convertirse al catolicismo. Ella ha leído Si yo fuese usted, donde el protagonista hace un pacto con un demonio que le posibilita ir adoptando la vida que se le antoja, de entre quienes se cruzan en su camino; de estos distintos avatares por los que pasa, como el propio autor adelanta en un prólogo, el protagonista no termina de sentirse satisfecho, y al final concluye que está mejor en su propia vida. Pilar ha extraído del libro distintas frases para el debate, y comenta que le ha recordado a Medianoche en París, de Woody Allen, por los fantásticos viajes en coche que se emprenden por las noches; de hecho, indica que toda la novela podría tratarse de un sueño (María José recuerda que en todas sus novelas, el autor introduce sueños), y que a veces es difícil distinguir la realidad del argumento de las ficciones de sus protagonistas; Isabel subraya que en ello radica el realismo mágico mencionado más arriba. Finalmente, Pilar señala que quizás todos hemos sentido alguna vez la tentación de probar a vivir una vida que no es la nuestra; Rufino se pregunta si ello no será consecuencia de la envidia, y Eugenio piensa que tomar como referencia una vida ajena puede ser un estímulo para mejorar la propia; Lali recuerda que existe un refrán que glosa la moraleja de esta novela, acerca de desear una vida ajena por la sola apariencia, sin conocerla realmente.

Mercedes también ha leído Naufragios y le ha gustado, tanto la forma en que está escrito como las emociones que caracterizan a los personajes. Sobre la cuñada del protagonista, enamorada de él, menciona la escena en que indaga los sentimientos que su hermana acuña hacia el marido, y finalmente recibe la confesión de que ésta no está realmente enamorada de él, a lo que ella replica que ella sí. Comenta que es con su cuñada con quien el protagonista sostiene una verdadera relación, y será contándole a ella el remordimiento que le persigue por no haber socorrido a la mujer agredida, como libere su culpa. Acerca del hijo no querido, Mercedes sostiene que al final de la novela el padre termina aceptándole, después de haberle expuesto a situaciones que a él le darían pánico y que el hijo supera sin problema. Isabel, que ha leído a medias el mismo libro, comenta el fantasma del suicidio que persigue al protagonista, y Mercedes señala que todos los personajes se plantean la autodestrucción. Por último, destaca que no hay una sola mención a Dios en toda la novela, a lo que María José apostilla que de 1932 a 1935, periodo durante el cual escribió este libro, Julien Green sufrió una crisis de fe.

Lali ha empezado a leer Cada hombre en su noche, pero a las cien páginas ha abandonado la lectura; dice que ya desde el principio ha sentido rechazo por tantos conceptos oscuros como proliferaban: culpa, pecado, condenación, arrepentimiento…; concluye que ahora no tiene el cuerpo “para estos farolillos”, e indica que, por lo que ha llegado a entender, el protagonista es un chico joven cuya familia tiene dinero y que vive angustiado por la tentación; también menciona la velada homosexualidad de un primo suyo que está presente en la narración.

Toñi ha leído Lugar de perdición, la misma obra que Seve. Comenta que todos los personajes están enamorados de la niña protagonista (tíos, institutriz, maestra, cocinera, amigos de la familia, niñas del colegio…), quien se crea su propio mundo. Sobre la maestra del colegio, añade Seve que tiene escarceos con varias alumnas, y Pilar señala que en este apunte está la referencia a la homosexualidad que hace el autor en esta novela. Toñi dice que no le ha gustado mucho porque es una historia un poco trágica, y que respecto a la transacción entre la tía y el tío sobre la custodia de la niña, literalmente él la compra por medio de un contrato que firman los dos. A continuación, indaga Pilar sobre si la niña resulta tan atractiva a todos porque posea algún tipo de don espiritual, a lo que Seve contesta que es guapa y María Jose añade que tiene una personalidad magnética; pero Toñi explica que hay una escena al final donde la niña se purifica en la nieve. Lali comenta que le parece un culebrón malo, y finalmente Toñi compara la novela con El baile de Nemirovski, “pero mal”.

Rufino comenzó a leer Cada hombre en su noche, pero dejó la lectura apenas iniciada y sólo ha sacado en claro que el protagonista está enamorado de su primo; comenta, sobre lo leído acerca del autor, que de niño le gustaban las historias de fantasmas, que sus novelas son perturbadoras y que salió de Francia al iniciarse la invasión alemana de 1940; también indica que Julien Green ha afirmado que “la fe es un don”. Por último, Rufino resalta la obsesión del autor por el alma y por la lucha contra los pecados de la carne.

Maite ha leído Moira, escrito en los años cincuenta y cuyo título le ha traído buenos recuerdos, pues Moira es “María” en lengua céltica, además de uno de los nombres con que los griegos designaban al destino, y que ella tuvo siendo niña una amiga escocesa que se llamaba así. Menciona la “pureza del paraíso y del infierno”, que es un concepto de San Francisco de Sales que cita el autor en el prólogo del libro, y que le parece contradictorio, pero Rosa aclara que no hay contradicción en el término, pues su autor considera que la mencionada pureza no se refiere a que algo sea bueno (o malo), sino a la integridad de algo sin adulteraciones. Sobre la novela, trata de un estudiante sureño, muy religioso, que sale de su pueblo para ir a la universidad; Maite cuenta que es un paranoico de la castidad, y llega hasta extremos de sentirse mal cada vez que tienen que tocarse; comenta también que, ante una situación grave que se le presenta, el protagonista evoca un recuerdo de infancia de su madre arropándole cuando estaba enfermo, y explica que le ha parecido la única escena feliz de la novela, un “momento precioso del libro”. Maite añade que se entrevé la homosexualidad de algunos compañeros del protagonista, y que la narración resalta algunos detalles sobre las diferencias de clase social entre los alumnos; concluye que, si Julien Green deseaba transmitir desasosiego con esta obra, lo ha conseguido.

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