12 de diciembre de 2012: Jean Cocteau

Reunidos: Toñi, María José, Seve, Luis, Eugenio, Pilar, Mercedes y Maite

María José comienza leyendo la biografía del autor, donde destaca que su padre se suicidó, que pronto mostró desinterés por los estudios (fue expulsado de la escuela por indisciplina) y que también a temprana edad tuvo intereses artísticos, habiendo sido un joven prodigio en poesía convertido con el tiempo en un creador muy polifacético; también menciona María José la muerte a pronta edad de su amigo el escritor Raymond Radiguet, que impresión mucho a Cocteau, quien entonces comenzó el coqueteo con la droga que le acompañará hasta el final; y menciona la relación que tuvo con la hija de un duque, quien abortó tras quedar embarazada del autor. Durante los años cuarenta se consolida la carrera cinematográfica de Cocteau, y con la misma su relación con el actor Jean Marais, cuyo atractivo varonil se comenta a continuación y da pie a que Luis mencione la descripción física que de sí mismo hace el autor en La dificultad de ser, a que Pilar observe lo excéntrico de su aspecto físico y a que  María José haga notar la justa fama alcanzada por el retrato que le hizo Modigliani, para finalmente señalar que el también actor y a la sazón pintor, Edouard Dermitt, se convirtió en hijo adoptivo y heredero universal de Cocteau.

Toñi ha leído dos obras teatrales de Cocteau: Los monstruos sagrados y La máquina de escribir. Sobre la primera de ellas, cuenta que está inspirada en el mundo de los actores de teatro; la protagonista es Esther, una diva ya madura que está tan enamorada de su marido, también actor, que admite los amoríos de éste con una joven actriz (indica Luis que en el teatro de Cocteau sobresale la caracterización de personajes, a través de los cuales el autor da forma a una alegoría, siendo en este caso la abnegación de la diva madura, la banalidad del marido y la ambición de la joven actriz); relata Toñi que a la joven actriz le sale un trabajo en Hollywood, por influencia de su célebre amante, y trata de convencer a éste para que vaya con ella a tierra norteamericana; pero tras conversar él con su mujer, quien le confiesa entonces su enamoramiento, decide quedarse con ella (comenta Pilar que la obra tiene un final feliz; respecto a La máquina de escribir, indica Toñi que su final no lo es tanto). Sobre esta segunda obra teatral de Cocteau que ha leído, señala que el propio autor aseguró que su composición fue la que más trabajo le había dado; trata de dos mellizos, uno de ellos bastante “revuelto”; éste se va de casa y al tiempo regresa sin decir nada a nadie y es acogido por una solitaria señora, a quien enamora. El entorno de la obra es un pueblo pequeño, cerrado, cuyo comisario de policía anda investigando un asunto de chantaje a base de anónimos; hay una chica a quien pretende el mellizo responsable, pero ella está enamorada también del revoltoso ya que, confiesa, le gustan las emociones fuertes. Toñi comenta que esta obra le ha gustado más que la primera, aunque su final sea trágico; y destaca las descripciones de escenario que realiza el autor en sus acotaciones.

Maite ha leído Opium, que es un libro de carácter autobiográfico sobre la experiencia del autor en el consumo de opio. A Maite le ha parecido muy interesante (Pilar comenta que sobre todo debe resultarlo para quienes están en su misma situación respecto a la droga, pero Maite indica que para cualquiera, que ella no cree que sea necesario haber experimentado algo similar para comprender lo que narra), aunque destaca que el ambiente que describe es nebuloso, que irradia ansiedad; y señala que la prosa del autor en esta obra tiene mucha fuerza. Por último, Maite muestra las ilustraciones que el propio Cocteau incluyó en la edición de Opium, y nos indica que a ella no le gustan especialmente, y que no puede dejar de observar que son muy inquietantes.

María José ha leído La dificultad de ser y le ha encantado; dice que comienza como si se tratara de unas memorias, donde el autor habla de su relación con distintas personas y reconstruye la gestación de sus obras, pero que va derivando hacia una auténtica conversación con el lector, hasta llegar a sellar con él un pacto: que al leerlo le dé vida, a cambio él promete experiencia; María José comenta que Cocteau se dirige al lector de forma tan directa que en algún momento llegas a sentirte intimidada. Enumera varios personajes que desfilan por la obra, como los escritores Satie y Apollinaire y el compositor Milhaud (recuerda Luis especialmente el retrato que hace del bailarín y coreógrafo Nijinski), y comenta que el autor lo escribió cuando tenía cincuenta años, nada más terminar el rodaje de La bella y la bestia, en un hotel de los Alpes donde no logra establecer conversaciones interesantes con nadie y se verá obligado a escribir; María José lee un fragmento que trata de la conversación, y dice que hay otros sobre la amistad y sobre la risa, aunque ella ha echado en falta algo sobre el amor o sobre la religión (Luis señala que Cocteau era una especie de católico frustrado, ya que su forma de ser y sus costumbres no casaban con la práctica del catolicismo, motivo por el cual Picasso se burlaba de él). Finalmente, María José comenta que el título de esta obra proviene de la anécdota de un moribundo que interrogado sobre qué sentía respondió que cierta “dificultad de ser”.

Seve ha leído Thomas el impostor, que es una novela cuyo protagonista es un joven que se hace pasar por militar de grado y se enamora de la hija de una princesa; relata que el círculo de personajes son hijos de gente de dinero que se mueven por la retaguardia de la guerra recogiendo heridos, sin hacer distinciones respecto al bando al que éstos pertenecen. Cuenta la anécdota de la preparación de una obra teatral para los enfermos, donde los protagonistas hacen de actores y consiguen que sea un éxito. Por último, Seve indica que es una lectura entretenida, que se lee bien y, pese a los saltos temporales que se producen durante el texto, el final va muy bien encauzado; en definitiva, le ha gustado.

Luis comenta que Cocteau no es un autor teatral al uso, como tampoco especialmente brillante en ninguna de las laboras artísticas que emprendió, sino que más bien fue el nexo de unión entre distintas disciplinas y autores, armonizando a otros artistas, como Picasso y Stravinski; insiste en que el autor no fue excelente en algo concreto, pero que tenía mucha capacidad para diversas labores, siendo transformador de otras obras, e influyente y convergente, pues insuflaba inspiración en los demás; recuerda además que Cocteau fue un meticuloso lector del filósofo católico Maritain, quien le hizo mella (sobre ello habla en La dificultad de ser).

Eugenio ha leído algún texto de La dificultad de ser y también el comienzo de Los niños terribles, e indica que éste le pareció muy convencional, pues comenzaba describiendo el lugar donde se sitúa la acción y eso no ha estimulado su interés. Menciona la influencia que debió ejercer Radiguet sobre el autor, su muerte prematura y su noción de la literatura, e indica que la posibilidad de lectura de El diablo en el cuerpo, única novela conocida de Radiguet, sí le ha resultado atractiva. Para Eugenio, como ha indicado Luis, el autor no termina de alcanzar relevancia literaria, y es más bien un artista integral que toca todas las formas de expresión a las que tiene acceso, comenzando en su juventud con la poesía, que es una herramienta al alcance de cualquiera que disponga de lápiz y papel, y culminando en sus años de plenitud con el cine.

Sobre la figura del autor, cuenta Pilar que es un creador vanguardista, que -según sus propias palabras- fue “fumador de un mal benéfico” (indica María José que fue al morir Radiguet cuando se inició, y remite Luis a De Quincey para conocer los comienzos modernos de la experiencia literaria con el opio) y que era un auténtico niño terrible, como reza el título de la novela que ella ha leído. Indica Pilar que fue amigo de Coco Chanel, quien pagaba sus estancias en clínicas de desintoxicación, y que su obra tiene cierto contenido didáctico, ya que nombra en ellas muchos fenómenos culturales; añade que Cocteau hace muchas referencias a la cultura estadounidense. Acerca de la novela que ha leído, Los niños terribles (en edición de Cátedra muy anotada y con estudio introductorio), Pilar cuenta que sus protagonistas son una pareja de incorregibles hermanos huérfanos, que viven solos y leen poesía de Baudelaire y de Poe; recuerda la habitación de la madre, que mantienen sin ocupar tras la muerte de ella, y que está rodeada de cierto halo de misterio o reverencia. En el trascurso de la historia se unen a ellos un niño y niña, y ésta se enamora del hermano y le escribe una carta que la hermana intercepta y destruye, a juicio de Pilar porque ella también está enamorada de su hermano; Pilar comenta que hay incesto entre ambos, pero Mercedes, que ha leído el mismo libro, no lo cree así; se apoya Pilar para emitir su juicio en el amor pasional que se tienen ambos, y en la existencia de la mencionada habitación con su aureola enigmática.

Mercedes, a raíz de la lectura de Los niños terribles, ha escrito un texto propio sobre la novela. Cuenta que está ambientada en París, y que hay un personaje, Darilelos, que sólo aparece al principio y al final de la misma, pero está presente en toda ella. Menciona la descripción del barrio donde está situado el instituto al que acuden los protagonistas, y donde tiene lugar el suceso que da origen a la historia: un niño estampa una bola de nieve sobre el pecho de otro, con la fatalidad de que el interior de esa bola de nieve contiene una piedra. Destaca Mercedes la relación amor-odio de los hermanos, siempre tramando juegos malvados y burlándose de los demás; cuando ya son mayores la hermana se casa, pero el marido muere en un accidente (matiza Pilar que como Isabella Duncan), dejándole una sustanciosa herencia. Antes de esto ha aparecido Agatha, que se enamorará de Paul, el hermano, quien no sabrá de los sentimientos de la chica y morirá de pena, por distintos motivos entre los cuales se mezcla el incidente de la bola de nieve; tras morir él, su hermana se suicida. Mercedes comenta que el autor ha dicho que tardó un par de semanas en escribir esta novela, en una clínica donde estaba desintoxicándose, pero que la tenía en mente desde mucho tiempo atrás, y nos muestra una foto, que aparece en la mencionada edición de Cátedra, de cuando el autor era niño, en compañía del propio Darilelos. Por último, comenta que su impresión es que Cocteau vertió sus propias vivencias en esta novela, y que se deja sentir la influencia ejercida sobre el autor por el suicidio de su padre.

 

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