1 de febrero de 2012: MICHEL FOUCAULT

Reunidos: Isabel, María José, Seve, Luis, Eugenio, Pepe, Carmen, Mercedes, Lali, Toñi, Sara, Rosa y Maite.

Isabel lee un fragmento de la biografía del autor editada en Wikipedia y la totalidad de la que aparece en El poder de la palabra; se produce un pequeño debate sobre la credibilidad de la información que encontramos en Internet, que Luis pone en duda; Maite comenta que es mejor que nada y Mercedes, que son datos que se deben comparar con otras fuentes. Isabel ha leído Discurso y verdad en la antigua Grecia; le ha parecido muy interesante, denso y filosófico; analiza la palabra “Parresía”, estudiando su etimología y uso; la define como una manera de hablar libremente, con profusión y sinceridad, incluso ante una situación de amenaza para la integridad del hablante; en definitiva, la “Parresía” es un discurso sincero sobre uno mismo, sentencia Foucault: “quien se expresa de esta forma, dice la verdad”. Isabel también ha visto alguna entrevista con el autor en vídeo; indica que habla muy deprisa, expresándose con idéntica fluidez a la que muestra en su escritura, dando la impresión de que tiene muchas cosas que decir y poco tiempo para hacerlo.

María José ha leído La arqueología del saber. Dice que es denso pero se entiende, y que le ha gustado; confiesa que no imaginaba que se pudieran extraer tantas ideas de una sola frase. Lee un resumen sobre el libro que ha bajado de Internet, donde se habla de fenómenos de ruptura, búsqueda de herramientas y emergencias. Opina María José que Foucault, al escribir para gente tan concreta, profesionales de diversas disciplinas intelectuales como historiadores y filósofos, queda muy alejado del lector común.

Seve ha leído El orden del discurso y asegura que no ha entendido nada, que está completamente fuera de su alcance. Indica Luis que es muy arduo, un ensayo lingüístico muy complicado. Menciona entonces Isabel un Diccionario de conceptos usados por el autor que ha encontrado en Internet, y se comenta la necesidad de definir bien los términos para comprender mejor los textos filosóficos.

Luis señala que el autor fue un tratadista de Estado, originalmente marxista evolucionando hacia Heidegger y Nietzsche, y renunciando a Freud; también menciona al utilitarista Bentham, de quien dice que vehiculizaba su sistema. Respecto a su noción del Derecho, de los delitos y las penas, describe Luis el “Panóptico“, que es una construcción mental y arquitectónica que sirve para vigilar sin ser observado, y cuyo ejemplo más cercano encontramos en la hoy desaparecida cárcel madrileña de Carabanchel. Luis considera muy interesante el libro segundo de la Historia de la sexualidad, que trata del uso del placer y se desplaza hasta la antigua Grecia para analizar su origen. Indica que el autor es solvente pero muy técnico; comenta Isabel que lo importante es tener noción de él, y Lali dice que es bueno saber quién fue y lo que representó. Menciona finalmente Luis la influencia que sobre Foucault ejerció el Estructuralismo; al hilo, comenta Lali que a ella le resultó más ameno Levi-Strauss, y Maite indica que también hay influencia de Kant en el autor que hoy tratamos.

Eugenio ha leído un texto sobre la genealogía como método de estudio de la Historia, basado en las ideas de Nietzsche. Es una crítica de Foucault hacia el estudio tradicional de la Historia, al que acusa de desplazar hacia el pasado la mentalidad del presente, generando la impresión de que el devenir histórico sigue unas pautas predeterminadas; ello implica crisis ideológicas tales como la noción de Juicio Final en el cristianismo, o la teoría de una gran revolución libertadora en el marxismo. Por otro lado, respecto a la Historia de la Sexualidad, comenta Eugenio que el objeto inicial de Foucault fue estudiar los términos de la liberación sexual que en los años setenta se estaba produciendo, tratando de encontrar las bases de la represión en el siglo XVIII y en la época Victoriana; pero una vez concluido el primer volumen, el autor reconsideró su intención y decidió remontarse hasta la Grecia clásica para encontrar los fundamentos de la noción de sexualidad en la cultura occidental, nuevo proyecto del que sólo logró completar otros dos volúmenes; indica Eugenio que su intención en todo caso parecía ser fundar una nueva ética sobre las certezas de la identidad sexual de los individuos; al hilo, menciona que ha encontrado una corriente muy crítica contra el autor, y en concreto la visión que sobre él se da en Foucault en 90 minutos, de Paul Strathern, donde se hace tanto hincapié en su vida privada como en sus teorías filosóficas. Señala entonces Luis que durante el Mayo del 68, Foucault y Sartre se disputaban futuros seguidores entre los jóvenes sublevados; recuerda Mercedes que el autor ha colaborado muy estrechamente con Deleuze.

Pepe indica que es un autor que merece más tiempo, para hacernos una idea y profundizar en su trayectoria; dice que es complicado saber adónde quiere llegar, captar su mensaje. Ha leído Un diálogo sobre el poder, entablado precisamente con Deleuze; dice Pepe que lo ha leído hasta donde ha podido, pues tuvo que releer constantemente. Es una crítica hacia el poder, pero sin ser anárquico; habla de la teoría moderna de la prisión como redención, pero que en la práctica se basa en el castigo. Menciona Pepe una condena a pan y agua a la que se somete a una reclusa (le recuerda a María José el castigo sin merendar de cuando éramos pequeños). Le ha parecido fácil de entender, pero siempre que se lea despacio y se relea constantemente; lo que Pepe ha echado en falta es una alternativa constructiva a la crítica de los modelos que plantea (al respecto, considera Rosa que Foucault insta a ejercer el poder sin coerción ni engaño, con producción de saber y verdad, dando ejemplo a los gobernados).

Mercedes ha leído un libro de entrevistas realizadas por Roger-Pol Droit al autor en 1975; se divide el texto entre una semblanza (donde el entrevistador esboza sus impresiones acerca de Foucault, de quien dice que está siempre alerta, preso de una actividad desbordada, con más proyectos que tiempo para llevarlos a cabo) y una serie de temas a tratar, de entre los cuales Mercedes pone como ejemplo la conversación en torno a la política carcelaria (habla de “gestión de los ilegalismos” y menciona un juego de poderes que convierte la red penitenciaria en sistemático reclutamiento de delincuentes, cuyo éxito es fabricarlos en vez de redimirlos; habla también de las leyes sobre el tráfico de droga, y dice que el mundo de la droga es como un tablero de ajedrez donde cada ficha se desplaza en función del peligro acechante, consustancial a sus posibilidades de movimiento); preguntado sobre si se considera historiador o filósofo, el autor responde que se considera un artificiero del conocimiento y por éste lucha, preparando la estrategia que derribe los muros que lo mantienen constreñido. Finaliza Mercedes dando unos apuntes biográficos sobre Roger-Pol Droit, autor de la entrevista: ha escrito la Filosofía explicada a mi hija y se confiesa discípulo de Foucault.

Lali ha leído el primer libro de la Historia de la Sexualidad (“La voluntad de saber”); en sus páginas cuenta Foucault que durante la Edad Media el ser humano era sexualmente más libre, más cercano al estado animal, entendido éste en un sentido de normalidad en la satisfacción de las pulsiones sexuales; pero que durante la época Victoriana se instaló el tabú sobre el sexo en diversas relaciones (entre padres e hijos, entre educadores y alumnos, entre confesores y feligreses), que convirtió el deseo en un asunto a ocultar. El libro está escrito en la época del Mayo 68, con su oleada de liberación sexual: Foucault se decanta a favor del amor libre y de cuantas prácticas sexuales sean capaces de concebirse, bajo consentimiento mutuo; señala Lali que en el caso de la infidelidad, el desconocimiento de la pareja invalida moralmente esta práctica; Luis indica que debe diferenciarse entre la infidelidad y la falta de lealtad. Respecto a la persecución de la pedofilia, cuenta Foucault el caso extremo de un campesino que fue encerrado y estudiado como monstruo por el resto de sus días por haberse acercado y obsequiado con regalos a unas niñas (a Isabel le recuerda la famosa escena de Frankenstein, que califica de la más poética del cine). Por último, comenta Pepe que le sorprende que gente con elevada capacidad intelectual no condene determinadas conductas sexuales, a lo que comenta Luis que es algo que está en nuestra naturaleza.

Toñi ha leído Vigilar y castigar, y cuenta que ya de entrada en el índice vio que se hablaba de suplicios y del cuerpo de los condenados. Al principio de esta obra, Foucault describe la ejecución de un reo, condenado a morir descuartizado por estiramiento mediante caballos; pero el sistema falla y no es suficiente para terminar con su vida (comenta Mercedes que se han quedado a medias e Isabel, que eso es peor); dice Toñi que le preguntan al condenado que qué tal se encuentra, lo que despierta un momento de hilaridad en la sesión; y añade que finalmente lo tuvieron que desmembrar con hachas; Luis indica que estas formas de ejecución eran en la práctica un desastre que solían generar mucho sufrimiento en el reo. Comenta Toñi que después apareció la guillotina (que indica Luis que tuvo gran éxito, porque evitaba sufrimientos innecesarios); al hilo, recuerda Isabel una exposición itinerante de instrumentos de tortura del Museo de la Inquisición. Toñi comenta también que el análisis de Foucault se centra en mejorar la situación de los condenados con la creación de cárceles cuyo objetivo era la rehabilitación; comenta Rosa que en muchos casos la privación de libertad es castigo suficiente; Luis recuerda que nuestra Concepción Arenal dedicó sus esfuerzos a cambiar el sistema penitenciario, e hizo célebre un lema al respecto: “Odia el delito y compadece al delincuente”; Lali menciona el reciente caso de Marta del Castillo para señalar lo complicado de hacer justicia, y se abre un pequeño debate al respecto.

Sara ha leído El yo minimalista, título que de entrada le pareció muy abstracto (Luis comenta que lo minimalista es una síntesis de conocimientos, e Isabel añade que es una  reducción de carácter funcional). El libro se compone de un conjunto de entrevistas de últimos encuentros de Foucault y habla de todos sus libros y sobre muchos temas; Sara destaca que constantemente se refiera Foucault al poder, analizando los mecanismos establecidos para su ejercicio en las sociedades capitalistas, así como la influencia que estos mecanismos tienen sobre las mentalidades colectiva e individual; comenta Luis que la realidad del poder es algo subjetiva, mientras que Rosa opina que es más importante el carácter moral de ese poder. Finalmente, Sara dice que no termina de quedarle claro lo que quiere expresar Foucault, pero que sin embargo le gustaría comprenderlo; al hilo de las relaciones de poder, comenta Pepe que entre los griegos era creencia extendida que, para mejor combatir, los guerreros debían emparejarse entre ellos, de forma que se apoyaran y lucharan con mayor ferocidad; pone como ejemplo Aquiles, quien en Troya no entraría en combate hasta que no muere su compañero Patroclo; Luis menciona la figura de los efebos, que tanta inspiración ejercieron en la antigua Grecia; a su vez, Lali habla de la novela de Ana María Matute La torre vigía, que está leyendo por recomendación de Luis, y en donde ella encuentra semejanza con la figura de los querubines.

Rosa ha leído La palabras y la cosas, de donde ha extraído una noción del poder en Foucault: no ejerce el poder quien tiene el mando, sino quien influye moral o intelectualmente sobre los demás (indica Pepe que es por esto que el conocimiento es un peligro para el poderoso). Rosa dice que leer a Foucault le ha supuesto mayor atención y un ritmo lento con continuas relecturas. Considera al autor un creador de pensamiento, y destaca del libro leído la descripción de tres estados de la episteme (que define como las relaciones que se dan entre las diferentes ciencias en una época determinada de la Historia): primero las palabras se identifican fielmente con realidad que representan, después se rompe ese vínculo entre el lenguaje y las cosas a las que hace referencia y, por último, el discurso adquiere un valor independiente respecto a aquello que lo ha producido (pone como ejemplo el dinero, que pasa de representar los objetos a los que da valor, a convertirse por sí solo en un medio de producción). Rosa dice que le ha gustado mucho el estudio filosófico y psicológico sobre las Meninas de Velázquez, donde Foucault analiza los personajes, la intención del pintor, su trabajo con la luz, el punto de vista del espectador; Pepe indica que es un cuadro muy estudiado, y Luis señala que Velázquez creó sus obras en torno a mitos o enigmas que subyacían en sus imágenes y les daban un sentido oculto más allá de la apariencia. También menciona Rosa un estudio del autor sobre el Quijote, a tenor de su gran repercusión en todo el mundo y del punto de vista que da sobre la locura; Luis recuerda que el Quijote sólo recobra la cordura en el momento de morir. Finalmente, Rosa llama a Foucault “arqueólogo de la cultura”.

Maite ha leído Sobre la ilustración, opúsculo que en esta edición viene acompañado por un estudio de Javier de la Higuera; dice que es muy difícil de leer, pero se entiende si le dedicas tiempo y acompañas la lectura con información adicional que te despeje dudas y cubra lagunas. Este libro trata de un seminario de Foucault sobre la figura de Kant y de la Ilustración. A Maite le ha gustado que el autor trate temas que están de plena actualidad, a pesar de los treinta (o más) años transcurridos, tales como el sistema penitenciario o el sexo. Además, Maite ha investigado sobre la pareja del autor, Daniel Defert: lee una serie de datos donde se habla de una relación muy apasionada y del carácter militante de Defert, quien ha ocupado puestos de responsabilidad en la lucha contra el SIDA y escrito artículos sobre Salud Pública. Concluye Maite con una frase al respecto: “el enfermo de SIDA es un reformador social“. Por último, Isabel ha traído un fragmento de Foucault donde éste analiza los grandes grupos de conducta sexual, que lee Lali.

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