El Diario de Ana Frank / Laly


Monumento a Ana Frank en Utrecht

Biografía  y comentario por Lali Fernández, para la sesión de 24 de enero de 2012 del Ciclo Literario Juan XXIII

EL DIARIO DE  ANA FRANK

Los abuelos de Ana Frank eran gente de dinero. Su abuelo era dueño de un banco y se hizo millonario, y su abuela provenía de una familia distinguida. El padre de Ana, Otto Frank, nació en Frankfurt y tuvo una vida regalada, con toda clase de lujos y una esmerada educación. Todo el dinero de la familia se perdió al morir el abuelo. La madre de Ana también había pertenecido a una familia adinerada. La familia vivió en Frankfurt, donde nacieron Ana y su hermana Margot, dos años mayor que ella. Al ser judíos de pura cepa, se trasladaron a Holanda, para huir de las medidas antijudías decretadas por Hitler, y  donde su padre fue nombrado director de una fábrica de mermeladas y especias, en Ámsterdam. Allí encontraron por un tiempo la paz que buscaban. Hasta aquí, la breve biografía de la familia Frank.
DIARIO DE ANA FRANK: Ana escribió su diario entre el 12 de Junio de 1942 y el 1 de agosto de 1944. Empezó a escribirlo como un pasatiempo, hasta que en la primavera de 1944, ya en el refugio,  escuchó por la radio al Ministro de Educación holandés en el exilio. Este decía a sus conciudadanos que, cuando acabara la guerra, se habrían de reunir y publicar todos los escritos que testificaran el sufrimiento del pueblo holandés durante la ocupación alemana. Impresionada por el discurso, Ana decidió publicar un libro después de la guerra, para el cual su diario serviría de base.
Al comenzar su diario, que Ana llamará Kitty, la chiquilla, todavía libre, habla de los numerosos regalos que le hacen el día de su 13 cumpleaños, entre ellos este diario. En un principio presenta a sus padres y hermana, y a sus compañeros de clase. Ana hace galletas para sus amigas y profesores (hay una foto muy bonita de ese día en Internet). Ana cuenta en su diario todas las prohibiciones impuestas en aquella época a los judíos: como hacer la compra a horas determinadas, tener toque de queda, y estar prohibida su entrada a cines y teatros, hasta el punto que Ana dice no atreverse a hacer nada, por miedo a que esté prohibido. Pero se siente mimada por su familia, y, a pesar de tener que llevar la estrella amarilla que la señala como judía, Ana se siente feliz, un poco atolondrada todavía, y haciendo las cosas normales de una chica de su edad. Hasta el día 5 de julio de 1942, en que la familia recibe una citación para ser enviados a un campo de concentración. Su padre les comunica que van a tener que esconderse antes de que vengan a detenerlos los S.S., lo mismo que están haciendo con otras familias judías. Y así, el 8 de julio, la familia abandona la casa, ayudada por un matrimonio amigo, llevándose lo imprescindible para su nueva vida de reclusión. Todos llevan puestas varias prendas de vestir encima, para evitar llevar maletas, que les delataría ante los alemanes.
El edificio donde se esconden es la propia oficina del padre. En las plantas baja y primera sigue funcionando la fábrica de mermeladas y las oficinas. Tras una estantería con libros, que funciona como trampilla, se accede a una escalera, que lleva a lo que Ana llamará la “Casa de atrás”, un apartamento amplio  de dos pisos, con varias habitaciones, cocina y baño, que, al estar en la parte posterior del edificio, no se detecta desde la calle. Este será el refugio de la familia Frank, a los que se unirán unos días después la familia Van Daan y su hijo Peter. Ana cuenta que no se encontraría mejor escondite en toda Holanda. Ponen cortinas para evitar ser vistos, y procuran no hacer ningún ruido en las horas en que funcionan la fábrica y el almacén. Disimulan las toses de los catarros con codeína, no usan el agua hasta la noche, por miedo a que las tuberías les delaten, y viven en el perpetuo temor de ser descubiertos. No pasa mucho tiempo en que empieza a deteriorarse la convivencia, sobretodo por el carácter de la Sra. Van Daan, que discute mucho con su marido. Se ha hecho correr el rumor de que los Frank han huido a Suiza, y parece que la gente lo ha creído.
Los chicos reanudan sus estudios, Y Ana se queja de las malas relaciones con su madre. El 9 de octubre Ana cuenta que a muchos de sus amigos se los están llevando a campos de concentración. Ese mismo día escribe que Hitler ha convertido a los alemanes en apátridas. Ana lee mucho y sigue estudiando francés a diario. Y la vida sigue, unas veces con temor si escuchan ruidos extraños, otras veces recibiendo la visita de algunos de los empleados de la oficina, amigos incondicionales, que son los que les traen los víveres, y todo lo que pueden necesitar de fuera. Además, les festejan los cumpleaños, y procuran que no decaiga el buen humor. Si no fuera por ellos, el paso a la clandestinidad habría sido imposible. Al mediodía, cuando los demás empleados se van a sus casas a comer, los protectores suben a estar con los escondidos, y les comentan lo que ocurre en la ciudad.
Unos meses después, se les une un dentista judío, el Sr. Dussel. Entre todos redactan una guía de usos y horarios del refugio. Una de las reglas era leer toda clase de libros en lenguas civilizadas, o sea, en alemán no. Ana escribe que desde arriba, de noche, ve desfilar familias enteras hacía la muerte. Le angustia pensar en amigos que ahora están en manos de los peores verdugos que hayan existido jamás. ¡Y todo por ser judíos! La gente, fuera, pasa hambre y frio, y madres que fueron a la compra se encuentran, a su regreso, con que se han llevado a toda su familia.
Ana demuestra una inusual madurez en una niña de su edad. En todo el diario se perciben los cambios que va adquiriendo conforme pasa el tiempo. Posee una gran fuerza moral, es positiva, luchadora, sensible y humana. No quiere dejar que las noticias que les llegan de fuera enturbien su alegría. Y eso que, al ser la más pequeña del grupo, se siente discriminada y humillada por todos. Está irritable, y llora a menudo. Ana se queja de que la ropa de todos está muy deteriorada y les va quedando pequeña a los jóvenes. Tampoco pueden tener mucha higiene, pues el jabón escasea, y es muy malo. El día de su cumpleaños, su padre le escribe un bonito poema, y Ana recibe regalos de los de dentro, y de sus protectores. Todos ellos siguen las noticias de la guerra por la radio. Una noche entran ladrones al almacén. Entre esos sustos y los bombardeos constantes sigue la vida, pero la situación no consigue quitar las ilusiones de todos ellos para cuando salgan de allí, y todos hablan alegremente de sus proyectos Durante los bombardeos se preparan por si tienen que salir corriendo, pero son conscientes de que existe el mismo peligro de muerte dentro que fuera.
Las relaciones entre ellos continúan deteriorandose. Empiezan a sospechar que el nuevo mozo de almacén tiene idea de que en el edificio vive alguien más. La Sra. Van Daan se ve obligada a vender su abrigo de pieles, lo que le provoca un ataque de nervios. En la navidad del 43 todos reciben algún regalito, y las mamás una tarta hecha por Miep y Bep, las secretarías, que pone “Paz 1944”
Ana y Peter, el hijo de los Van Daan, se reúnen a veces y hablan de sexualidad. A Ana le parece raro hablar de estas cosas con él, en vez de con sus padres o hermana. Resulta curioso que con su edad, y en esa época, hable tan libremente del tema con su amigo. También resalta en su diario la solidaridad y bondad que tienen con ellos sus protectores. En caso de que los alemanes descubrieran a los judíos escondidos, ellos seguirían su misma suerte. O sea la muerte.  Se queja de que aún es insegura y frágil, y que los demás la tratan con dureza. Cabe destacar que una niña de esa edad se comporte con tanto sentido común, tolerancia y dignidad en las graves circunstancias que están viviendo. Y aunque no tiene buenas relaciones con su madre, intenta entenderla y perdonarla. Ana quiere conseguir logros en su vida, cuando salga de ahí, quiere ser periodista, y seguir escribiendo cuentos. El 5 de Abril de 1944, escribe en su diario esta frase profética:” Quiero seguir viviendo, aún después de muerta.” Creo que estamos todos de acuerdo en que lo ha conseguido. Ana lee, escribe, y hace árboles genealógicos de las Casas Reales europeas. Le fascina la mitología griega y romana, y la historia del arte. ¡No está mal para una chica de 14 años!.
Vuelven a entrar ladrones, pero esta vez llegan hasta la estantería giratoria.  Pasan todos una noche de angustia, lo que les enferma del estómago, y encima sin poder usar el agua. Ana habla del sufrimiento del pueblo judío a trasvés de los siglos, y piensa que ya habrá una salida a su situación, que Dios nunca los ha abandonado.
A pesar de que a Ana le han prohibido subir al cuarto de Peter, pasan juntos muchas horas, abrazados, buscando el uno en el otro la seguridad que les falta, y el consuelo y ternura que necesitan. Ana se pregunta a qué conducen las guerras. ¿Por qué siguen haciendo aviones y bombas cada vez más grandes, en vez de dedicar ese dinero a la ciencia, la cultura o a los pobres? ¿Por qué ellos están comiendo alimentos podridos, cuando en otros continentes se tira la comida al mar? Y se hace esta reflexión: ¿Por qué el hombre es tan estúpido? A sus pocos años ya piensa que hay en el hombre un afán destructor, y que mientras toda la humanidad, sin excepción, no haya sufrido una metamorfosis, las guerras seguirán haciendo estragos.
En junio del 44 empieza la liberación de la Europa ocupada. Es lenta, pero los escondidos tienen la esperanza de que pronto acabarán sus sufrimientos. Ana escribe que contemplar el cielo y las estrellas le da tranquilidad. Dice que lo importante en la vida es mantener alto el propio honor, y que una conciencia tranquila te hace sentir más fuerte. Una de las mejores cualidades de Ana es el conocimiento de sí misma: Declara que no piensa doblegarse tan pronto a los golpes que la vida ha de depararle. Incluso en esas circunstancias, tiene unas enormes ganas de vivir.
Parece que los mercados vuelven a estar mejor surtidos. Los protectores consiguen varias cajas de fresas y guisantes, y todos se afanan en hacer conservas.
El  21 de julio del 44, Hitler sufre un atentado, del que sale indemne. Ana es feliz pensando que las cosas se están acelerando y que pronto puede ser el fin de su calvario.
El 1 de agosto de 1944 termina el diario de Ana Frank.
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El 4 de Agosto del año 1944, sobre las 10 de la mañana, un coche oficial se para delante del edificio de la” Casa de atrás”. Un sargento de las SS y tres policías armados detienen a los ocho judíos escondidos, y a dos de los protectores masculinos. Sin duda alguien los había delatado. A Miep y Bep, las secretarias, no las tocaron. Uno de los protectores fue liberado por motivos de salud, y el otro logró escapar, y emigró al Canadá.
Los escondidos fueron deportados en septiembre del 44 hacía los campos de exterminio de Auschwitz. Los esposos Van Daan murieron en el campo de concentración, así como el dentista Dussel. Peter Van Daan fue el único de los 8 que murió en la cámara de gas.
Margot y Ana Frank fueron deportadas a Bergen- Belsen. Murieron a consecuencia de una epidemia de tifus que se declaró en el campo por las desastrosas condiciones higiénicas. La fecha de sus muertes se sitúa entre finales de febrero y principios de marzo del 45. Los restos de las niñas yacen seguramente en las fosas comunes de Bergen-Belsen. El campo de concentración fue liberado solo un mes más tarde por las tropas inglesas.
La madre de Ana murió en el campo de Auschwitz, de inanición. Perdió la razón, y se dedicó a buscar entre los prisioneros a sus hijas, para las que guardaba la escasa comida que le daban, hasta que murió de hambre.
El mismo día de la detención, Miep y Bep, las dos jóvenes protectoras, pusieron a buen recaudo los textos manuscritos de Ana Frank. Miep los guardó sin leerlos, y los entregó a Otto Frank, el padre de Ana, que fue el único de los ocho que sobrevivió al holocausto. Este volvió al refugio después de la guerra, con la esperanza de encontrar allí a sus hijas. Miep confesaría después que, de haber leído el manuscrito, lo habría quemado, ya que involucraba a todos los que les estuvieron ayudando. Ella y su marido tomaron como huésped a Otto cuando volvió. En 1994 Miep fue condecorada por la Reina Beatriz, de los Países Bajos, y en 1995 recibió el más alto honor de los Justos entre las Naciones de Israel. Miep guardó cada año duelo el 4 de agosto, fecha en que fueron detenidos sus amigos. Murió a la edad de 100 años.
Otto Frank se dedicó hasta el día de su muerte a difundir el mensaje contenido en el diario, y instituyó la “Fundación de Ana Frank”. Los manuscritos están expuestos en Ámsterdam, y figuran en el Registro del Programa del Mundo, de la Unesco. Este programa se dedica a mejorar el entendimiento entre las diferentes culturas y religiones, y servir a la causa pacifista. El refugio se ha convertido en Casa Museo, y abre a diario. Otto, en un principio, tomó como base las diferentes versiones que había escrito Ana, pero eliminó ciertos pasajes sobre sexualidad, porque en esa época no se hablaba libremente de ese tema. En 1947 se publicó el libro por primera vez. Otto falleció en 1980 y legó los escritos originales al Instituto Holandés de Documentación de Guerra, de Ámsterdam, quién se decidió a publicar todos los textos completos, cuando se hubo comprobado escrupulosamente la autenticidad de los manuscritos. Y es que desde su publicación, se han levantado voces poniendo en duda la autenticidad del diario de Ana Frank, y atacándolo como fraudulento. Son las mismas voces que niegan que existiera el holocausto, y que en los campos de exterminio murieran más de 6 millones de judíos de toda Europa. Ana escribió un testimonio único en su género sobre el horror y la barbarie nazi. El negar su autenticidad es en sí un crimen, y un insulto a la inteligencia humana.
Ni Ana ni las personas que la acompañaron en el refugio se regodearon nunca en su desgracia. Esto hace que el Diario no sea amargo, ni morboso. Es humano y profundo en su estremecedora sencillez.
Y para terminar, una frase del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy:
“DE ENTRE LOS MUCHOS QUE, A LO LARGO DE LA HISTORIA, HAN HABLADO EN NOMBRE DE LA DIGNIDAD HUMANA EN TIEMPOS DE SUFRIMIENTO Y MUERTE, NO HAY NINGUNA VOZ QUE TENGA MÁS PESO QUE LA DE ANA FRANK.”
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Quien tenga curiosidad por saber más sobre el tema, Internet nos proporciona todos los datos que podamos necesitar. Desde la foto de boda de los padres de Ana, fotos de Ana de pequeña, y las fotos de todos los que se escondieron en la casa, y las de sus protectores. También la ubicación del edificio en Ámsterdam, las habitaciones donde vivieron, y el almacén y la fábrica del primer piso. Y muchísimos datos muy interesantes, como la fotografía de la trampilla estantería que daba acceso a la “Casa de atrás” También se pueden ver las distintas películas y series que se hicieron sobre el tema.

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1 comentario

Archivado bajo NUESTRAS EXPRESIONES, TALLER LITERARIO "JUAN XXIII"

Una respuesta a “El Diario de Ana Frank / Laly

  1. que pensamiento tan profundo,para una niña tan pequeña!!!!!!

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