26 de octubre de 2011: RAYMOND QUENEAU

Asisten: Isabel, Valentín, Mercedes, Pepe, Pilar, Eugenio, Seve, María José, Rosa, Sara, Toñi y Laly.

Isabel comienza la sesión leyendo la biografía de Raymond Queneau editada en la Wikipedia. Comenta que el autor escribió una letra para una canción que interpretó la cantante Juliette Gréco, de la que se declara admiradora y Pilar, como señalará durante su intervención, también. Ha buscado información sobre la Patafísica, y lee definición o descripción en artículo de la Wikipedia: Toñi comenta que la Patafísica es “lo contrario” y Pepe, que consultó al profesor de Filosofía de la Universidad de Mayores, cuenta que éste le comentó que la Patafísica fue una escuela filosófica que buscaba la innovación y no tuvo muchas consecuencias posteriores.

Laly lee un texto propio donde define a Queneau como “destacado herético del Surrealismo”; habla de sus juegos lingüísticos, gramáticos y fonéticos, que cuando se leen en francés destacan particularmente. Laly enclava al autor en el género fantástico, por sus novelas desorbitadas, y en el humor negro, de tinte surrealista, que dice no ser de su agrado. De Queneau admira su pasión por las Matemáticas, cuyo conocimiento le sirvió para imprimir ritmo y cadencia a su literatura, y en especial a su poesía. Laly ha leído (en francés) Zazie dans le métro, y destaca el argot parisino que compone los diálogos; recuerda que esta novela sirvió a Louis Malle, destacado director de cine, para realizar la película homónima que tuvo gran éxito en su momento, al que Laly achaca como consecuencia la repercusión que tuvo la novela de Queneau. Ha visto algunas escenas de Zazie en Youtube y le ha recordado el cine mudo de Charlot. La novela le ha gustado, a pesar de no sentirse atraída por el absurdo, pero sólo al principio: la segunda parte le resultó excesivamente caótica. Lo que más destaca de esta obra de Queneau es su crítica al sistema (por ejemplo, denunciando y parodiando a la policía) y la última frase de Zazie, con la que se cierra el libro: a pregunta de su padre sobre qué ha hecho ese fin de semana, la niña responde “He envejecido”; Laly comenta que así se representa la sabiduría adquirida por la niña tras la insólita aventura, y Seve lo remite a la experiencia de la vida que ha alcanzado después de tan breve estancia en París.

Toñi ha leído Flores azules. No le ha gustado mucho, pues la confusión de sueños entre los protagonistas (que finalmente terminan fundiéndose en uno solo) y el prolífico elenco de personajes (“y encima hablan los caballos”, comentó Mercedes) han dificultado su lectura. Pero Toñi destaca los juegos de palabras, y supone que gran parte del mérito de la novela se le escapa a ella que no entiende el absurdo. Concluye finalmente rememorando la idea que tantas veces hemos repetido en el taller: “por un libro, no es posible conocer a un autor”.

Sara también ha leído Flores azules, y tampoco se ha sentido atraída por la lectura. Comenta que no tiene que ver con lo que ella considera una novela, ya que ha echado de menos una trama más definida. No obstante, destaca la riqueza del lenguaje, y cree que tal vez llegaría a captar el sentido de la obra si la leyera varias veces.

Rosa leyó poesía de Queneau, que no me le gustó especialmente, y también alguno de sus Ejercicios de estilo. A continuación, nuestra compañera expone en qué consiste esta obra de Queneau en la que, partiendo de un hecho nimio ocurrido en un autobús, el autor redactó noventa y nueve formas de describirlo, en función del punto de vista con el que fuera contemplado; a Rosa le ha parecido curioso y original, y destaca el ingenio y la imaginación que hay que tener para llevar adelante semejante proyecto. Destaca también la confección de Cien mil millones de poemas, explicando la forma que tiene el libro para lograr la combinación de los doce versos de diez sonetos entre sí, logrando que todos tengan sentido. Pepe comenta que ante tal número de poemas resultante, una vida entera no basta para leerlos. Señala Rosa que todos riman, aunque probablemente en francés tendrán una mayor calidad. Por último, menciona Rosa la aplicación de las Matemáticas a la Literatura que hizo el autor, consolidando esta herencia en la creación de OULIPO, talleres donde se idean y construyen procedimientos creativos. En homenaje a Queneau y a sus experimentos (“Lo imagino en un laboratorio con bata blanca”), Rosa ha escrito un acróstico con la palabra AMINTA, que queda pendiente de publicar en esta bitácora. Al hilo de la intervención de Rosa, Isabel destaca la creatividad de aquella época, y Laly, el gusto de aquellos escritores por los experimentos literarios. A Isabel, algunas actividades del OULIPO (como las de Georges Perec) le recuerdan las canciones infantiles en las que se cambiaban u omitían vocales. Isabel menciona también el texto de Vila-Matas y Rosa comenta, para finalizar su intervención, la novela en verso que nombró Laly, y de la que más adelante Mercedes leerá un fragmento.

María José ha leído Siempre somos demasiado buenos con las mujeres, que fue editado bajo el seudónimo de Sally Mara. Lo define como una apología contra la violencia y centra su argumento en las vicisitudes de siete soldados irlandeses que asediados por el ejército inglés ocupan un bar y secuestran a una camarera inglesa que vendrá a causarles más problemas que la guerra misma. A María José le recordó el humor negro de cierta novela de Sven Hassel que leyó hace tiempo; le ha resultado divertido y le ha gustado. A raíz del sentido del título, se abre un animado coloquio donde se comentan las dificultades de los hombres cuando se enfrentan en solitario a un grupo de mujeres, o lo mucho que les asustan las mujeres con iniciativa.

Seve ha leído Zazie en el metro y le ha gustado; le ha resultado sencillo y gracioso (comenta que no se carcajeaba para que no pensara su mujer que se había vuelto loco). Le gustó la figura de la protagonista, una niña respondona e irreverente que constantemente usa la coletilla “Me la suda” para expresar su indiferencia ante los adultos; Laly comenta que en el francés original, la expresión utilizada por Queneau es “y mi culo”. También le ha gustado el personaje del loro. Mercedes destaca entonces la originalidad de los argumentos del autor y Seve concluye comentando que, no obstante, no considera que por una obra como la que ha leído pueda convertirse a Queneau en un escritor importante.

Pepe ha leído Odile. Confiesa su dificultad para entrar en la trama (le resultó más difícil que centrar la de El proceso de Kafka) y la ambigüedad que le produjo la ilustración de cubierta de la edición de Marbot (pequeño debate sobre si la muchacha -o muchacho- se está vistiendo o desnudando). Comenta que es una novela llena de paradojas y de tintes autobiográficos -“el autorretrato de un romántico dando palos de ciego”- que concluye con la frustración del protagonista; María José comenta que es la historia de su separación de los surrealistas. Pepe lee un fragmento donde el líder del grupo expone un listado de gente a la cual desea captar para su secta; Rosa comenta el juego de palabras de los nombres de los grupos, Laly supone que en francés deben tener una cadencia especial y María José comenta la influencia de la Patafísica en la elaboración de esos nombres tan dispares.

Eugenio dijo haber leído en un prólogo de Vila-Matas al Viaje al fin de la noche de Cèline, que Queneau fue de los primeros en plasmar la introducción del tono popular en la novela francesa iniciada por Cèline, a través de unos diálogos trepidantes y realmente ejemplares. También hizo mención a los Ejercicios de estilo, que él destaca como su mejor obra al sintetizar un trabajo de años donde se trata de sentar las bases de distintos procedimientos de escritura. Sobre su desencuentro con André Breton, cree Eugenio que su apuesta por un método más lógico y estable frente a propuestas surrealistas como la escritura automática, precipitó sus desavenencias. Finalmente, al hilo del comentario de Sara sobre la inconsistencia de la trama en sus novelas, comenta que las novelas de Queneau dan la impresión de carecer de planificación previa y estar sujetas al azar del estado de ánimo del narrador.

Pilar se ha decantado por el mundo farádula y ha investigado sobre Juliette Gréco, quien ya se dijo que interpretó una letra de Queneau (Si tu t’imagines). Dice Pilar que ha sido un redescubrimiento personal de esta elegante cantante que fue musa de los existencialistas (comenta Mercedes que Sartre la acercó a Queneau). Rosa habla entonces del libro de poemas Instant fatale, otra incursión del autor en la música.

Mercedes ha leído la novela autobiográfica en verso Encina y perro, de la que lee un fragmento durante la sesión. Destaca igualmente el sentido del humor de Queneau.

Valentín resaltó las actividades que Queneau y sus compañeros realizaban en torno al cálculo de probabilidades. Así mismo, ha leído algunos Ejercicios de estilo, de entre los cuales destaca “Ignorancia”, que lee a continuación; le han asombrado tantos estilos a la hora de contar un mismo acontecimiento. A propósito de los estilos, Isabel comentó que ya en este taller se han hecho algunas actividades similares, por ejemplo redactando un misma frase desde diferentes puntos de vista; y nos insta a repetir el experimento en un futuro no muy lejano.

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