9 de abril de 2014: Charles Lamb

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Seve, Consuelo, Luis, Josefina, Eugenio, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos Charles Lamb, mencionando que fue un ensayista inglés con ascendente galés, y que su obra más relevante son los Ensayos de Elia (indica Luis que «Elia» es un seudónimo del autor), y la que le ha dado fama internacional son los Cuentos basados en el teatro de Shakespeare, escritos en colaboración con su hermana Marie; según el biógrafo E. B. Lucas, Lamb es la “figura más encantadora de la literatura inglesa”. Su padre, a quien el autor retrata en sus Ensayos, fue asistente de abogado, y su hermana, once años mayor que él, le enseñó a leer; también destacan en sus primeros años las figuras de la abuela materna, que se hizo cargo de la casa de los señores que la tenían contratada, y una tal Sra. Reynolds, institutriz, que lo educó y con quien mantuvo relación durante el resto de su vida. Estudió en la Academia de William Bird y trabajó en el Christ’s Hospital, donde señala Luis que se impartía enseñanza universitaria, y menciona las clases de Retórica; Isabel indica que de este centro educativo da el autor una imagen desoladora, y menciona en sus textos biográficos que su estancia fue una mala experiencia, aunque a él no le afectó tanto como a otros muchos alumnos, algunos de los cuales denunciaron más tarde las prácticas del lugar (resalta Luis que en aquellos tiempos la violencia estaba institucionalizada en el sistema educativo inglés, y que para el castigo corporal se usaban unas regletas oficiales que hoy en día se conservan expuestas en las paredes y vitrinas de los centros); al hilo recuerda Josefina los punzones de su niñez y Lali las palmetas, al tiempo que Mercedes evoca los famosos capones en la cabeza. Isabel añade que Lamb sufría de tartamudeo, lo que devaluó sus posibilidades profesionales y lo hizo indigno de estudiar en Cambridge, pues su tara lo destinaba a una tarea más prosaica; por otro lado tuvo lugar una gravísima tragedia en el seno de su familia, que ya contaba con antecedentes por enfermedades mentales (el propio Lamb pasó una semana internado en un sanatorio psiquiátrico): sucedió que su hermana Mary apuñaló a la madre en un arrebato y la mató; fue juzgada y el veredicto fue benévolo, aunque recuerda Luis que estuvo una temporada en prisión y que cuando murió el padre, su custodia pasó a Charles; así continuaron viviendo juntos y, pese a sus accesos melancólicos, llevando una importante vida social en Londres. Isabel comenta que Lamb tuvo relación con Coleridge hasta el final de sus vidas, y que en una obra de éste se incluyó algún poema del autor; también entabló amistad con los hermanos Wordsworth y con los ShelleyLamb trabajó en la Compañía de Indias, durante un periodo tranquilo de su vida que le permitió escribir alguna tragedia como John Woodvil, aunque obteniendo poco éxito; la obra que le dio popularidad fueron las mencionadas versiones de Shakespeare, de las cuales Charles recreó las tragedias y Mary las comedias. Isabel añade que se enamoró de una actriz que lo rechazó, que en 1823 se publicaron sus Ensayos (edición ampliada tras su muerte) y que falleció a causa de una infección, dándose la circunstancia de que su hermana aún lo sobrevivió trece años más. Acerca de la obra de este autor, Isabel comenta que ha leído un texto en nuestro blog que trata de los cuentos que versionean a Shakespeare, y sobre los cuales Luis indica que son una obra de divulgación y no hay que olvidar que no tienen nada que ver con leer a Shakespeare, a lo que añade Eugenio que no son la misma obra aunque cuenten la misma historia; Isabel objeta que aun así es mejor conocer a Shakespeare en esas versiones que ignorarlo, y Lali recuerda que en edad escolar nos obligan a la lectura de los clásicos, lo que da pie a Consuelo para evocar el programa de teatro para televisión «Estudio Uno», emitido hace años por Radiotelevisión Española. Por último, Isabel comenta una expresión, “blancos en el texto”, de la que se habla en un texto sobre Lamb, a propósito del alcoholismo, lo que a Luis recuerda la absenta a la que tan aficionado fue Coleridge, y Eugenio opina que esos espacios en blanco pueden figurar las lagunas que produce el alcohol; al hilo Mercedes trae a su memoria las extravagancias gráficas que usaba Sterne en su Tristram Shandy.

Luis comenta que Lamb ha sido un autor que le ha atraído siempre, y que hay una novela de Robert Graves que leyó hace mucho tiempo que se titulaba Las aventuras del sargento Lamb sobre la Guerra de la Independencia de Estados Unidos, y que no ha vuelto a encontrar después. Acerca del autor, resalta su importancia al popularizar las obras de Shakespeare, que en aquel momento sólo era leído por personas cultas, y cuando se creía realmente que no podría hacerse accesible a la gente común; no obstante, indica que lo importante de la obra de Shakespeare es la forma literaria que éste da a las historias que cuenta. Señala que Lamb es el ensayista más importante de la época, junto a Hazlitt, y desde Montaigne, y que su estilo es poético y resalta la belleza de su expresión. Acerca de la amistad con Coleridge, de quien dice que estaba siempre ebrio, menciona a Lloyd, un cuátero que trató de interponerse entre ambos, enfrentándolos. Dice que la obra de Lamb fue un impulso para la constitución del ensayo inglés moderno, que enlaza con los del estadounidense Bloom y el francés Steiner. Luis menciona su lectura actual (un ensayo que trata sobre Leopardi que no es tanto una biografía como un estudio de su entorno histórico y cultural, y cuenta que el poeta italiano decía que el niño es el dueño de la memoria, ya que no tiene necesidad de medir el mundo, sino que lo conoce a través de la fabulación) para subrayar que nos enriquecen los datos que recibimos pero siempre bajo una forma que atraiga nuestra atención. Volviendo a Lamb, nombra su enfermedad nerviosa como algo genético (Lali dice que la familia tenía “una vena de locura”), y que esto es muy común en países del norte, que por ello muchos de los autores que estamos conociendo prefirieron viajar al sur, hacia el mediterráneo, lo que abre un debate sobre las influencias del clima y el viento en nuestros estados mentales, así como los efectos perniciosos de otros elementos ecológicos, como el granito que hoy en día se considera cancerígeno, a lo que Luis concluye que el cáncer es algo congénito en el ser humano a causa de las mutaciones constantes a las que está sometido nuestro organismo.

Josefina ha leído los Cuentos basados en el teatro de Shakespeare, que le han traído a la memoria los cuentos que durante su infancia le narraba su madre en la cama; comenta que al principio resultan entretenidos, pero luego van sonando unos muy similares a los otros, a lo que Luis indica que lo mejor es que, una vez conocidas las historias, se lea directamente a Shakespeare, ya que ésta lectura es la que educa nuestro conocimiento sobre el ser humano, derivado de esas historias. Destaca Josefina que en estos cuentos no es posible el casamiento entre miembros de distintas clases sociales, y que por cualquier trastada o desliz ya te encuentras en el destierro; también le ha llamado la atención la tendencia de los personajes a disfrazarse para tratar de sortear las adversidades. Finalmente indica que no ha podido distinguir cuál de los Lamb escribió cada una de las versiones, y narra la trama de Mucho ruido y pocas nueces.

Eugenio dice que no ha podido leer nada sobre el autor, pero que mientras leía unos textos de Julián Ríos (de quien destaca Luis que es el autor de una importante novela experimental de los años ochenta del siglo pasado, titulada Larva) acerca de la influencia del Quijote en grandes obras de la Literatura universal, cuenta que Joyce envió un ejemplar de su Ulises a una tía suya que le había ayudado bastante económicamente, con intención de que ella le diera su opinión, recomendándole que antes de iniciar su novela leyera la Odisea, para situarse en la trama; como a la tía le pareció que la epopeya clásica estaba un poco fuera de su alcance, Joyce terminó sugiriéndole que leyera la versión que hizo Lamb de las aventuras del héroe homérico. Al hilo, Isabel recuerda el programa de entrevistas «A fondo», que se emitía por televisión hace más de treinta años, y del cual destaca Luis la entrevista a Juan Rulfo.

Mercedes ha leído un par de los Cuentos basados en el teatro de Shakespeare; comenta que el pensador anarquista William Godwin le habría propuesto a Lamb que compusiera esta obra con el fin de ampliar a un público menos culto la obra de Shakespeare, y lee un texto sobre el resultado que se ha publicado en la web Bienvenidos a la fiesta. Indica que los personajes de estos relatos sirven para que lxs lectorxs enriquezcan su caudal de valores y acerquen su conducta hacia la virtud, tendencia moralizante que encauza al autor hacia niños y jóvenes; las versiones de los Lamb trataron de evitar la complejidad en la composición, cuidando de no dejar cabos sueltos en la trama, aunque permitiéndose la omisión de algunos personajes o debilitando sus caracteres; añade que al menos hicieron presentes a Shakespeare en la educación básica, aunque Lamb era un mal constructor de narraciones. Mercedes dice que ha leído dos de estos cuentos: el dedicado a Hamlet (cuya obra original ella ha visto escenificada) y la Comedia de las equivocaciones (donde dos gemelos que tienen el mismo nombre, al igual que sus respectivos sirvientes, se ven por esa circunstancia envueltos en un sinfín de confusiones y enredos); y opina que Lamb ha logrado el objetivo de su proyecto, pues ha llegado con plena vigencia hasta nuestros días, pero está de acuerdo en subrayar que no se trata de la obra auténtica, y que sólo pueden tomarse en consideración a nivel orientativo, para saber de qué van las obras de Shakespeare; recuerda al respeto Isabel la importancia de determinados resúmenes de grandes obras literarias para moverse en determinados círculos cultos, como Cadalso, a lo que apostilla Mercedes que pueden servir para dar el pego y hacer creer que se ha leído el original.

Valentín recuerda el contacto que mantuvo el autor con los grandes poetas románticos, como Shelley y Coleridge, y puntualiza que Byron se mofaba de Lamb y lo hizo objeto de alguno de sus ataques satíricos, sacando partido de su tartamudeo y de la tragedia que había sacudido a su familia, a lo que comenta Isabel que Byron era muy narcisista y Lali lo tacha de ególatra, mientras Josefina indica que el autor se iba a la biblioteca huyendo de las burlas de sus compañeros del colegio y que fue así como empezó a ilustrarse. A continuación señala Valentín que aquella época escolar de la que tanto se lamentaba Lamb le ha evocado a él la propia, que aunque no llegó a los extremos de temor y violencia que alcanzó la educación victoriana, sí que fue un sistema demasiado exigente con el alumnado; y concluye destacando el texto de Año Nuevo de entre los leídos del autor.

Lali sitúa la labor de Lamb en el ámbito del género burlesco, paradójico, crítico y autobiográfico; indica que Londres compone la base social de sus ensayos, que están sembrados de buen humor y muestran la vida cotidiana de la comunidad inglesa, señalando que es una literatura que podríamos considerar contemporánea nuestra. Lali lee algún fragmento del autor (sobre las sociedades literarias y el pastel de patatas, o la alusión al reclamo de un libro que se ha prestado y no es devuelto) y también algunas frases, entre las que destaca aquella en que asegura el autor que le produce inmenso placer realizar una buena acción y que ésta, en vez de ser anunciada, se descubra sola; u otra en la que afirma que la credulidad puede ser la mayor debilidad de un adulto, pero es una fuente de fortaleza para los niños. En otro texto, Lamb se queja como soltero del maltrato que sufre su estado civil por la opinión pública, al ser acusado de no tener conocimiento alguno sobre la vida doméstica o la crianza, el cuidado y la educación de los niños; también habla del lechón afortunado al ser convertido en un suculento manjar, en vez del gorrino atroz al que le destinaba su naturaleza, o el pariente pobre que nunca es bienvenido en las casas, al hilo de lo cual Mercedes indica que mejor recibido a comer es un pariente rico, a lo que Toñi replica que éstos tampoco suelen llevar nada para acompañar en la mesa. Lali concluye con la afirmación de Lamb sobre tipos de personas que encontramos en el mundo: los que piden prestado y los que prestan.

Toñi ha leído Las aventuras de Ulises, adaptación del mito homérico que hizo Lamb con intención divulgativa, y asegura que le ha gustado mucho. Cuenta que el protagonista es rey de una isla que debe abandonar su tierra para partir a la Guerra de Troya, y todo el argumento son las diferentes aventuras que experimenta en el viaje de regreso a su casa, atravesando distintos lugares y enfrentándose a variados peligros, como las sirenas y los cíclopes; Toñi destaca especialmente el episodio en el que Ulises tiene contacto con los muertos, entre los cuales se encuentra su propia madre, y también el tema central que forma la trama, que es la presencia de una serie de pretendientes que aspiran a sustituirle y solicitan sin descanso a su esposa. Sobre la edición en concreto que ha leído, resalta que la tipografía es legible y las ilustraciones atractivas; por último recuerda Isabel que la leyenda de la Odisea está muy presente hoy en día en la isla de Capri.

Consuelo ha leído varios ensayos de Lamb accesibles por Internet, y destaca entre ellos Año nuevo; comenta que el autor resalta los valores humanos, principalmente la sencillez que él mismo transmite en su expresión literaria. En uno de los ensayos explica Lamb que de niño tuvo viruela con fiebre muy alta y visiones, que echó de menos la maternidad ausente, y que su abuela le trastornó por la insistencia con que le obligaba a imaginar las escenas más horribles del Antiguo Testamento, hasta el punto en que el autor asegura que soñaba con los desastres producidos por el Diluvio. Acerca del uso de “blancas” que anteriormente mencionó Isabel, Consuelo cuenta que en uno de sus textos se nombra a una antigua novia bajo el epígrafe de Alice B…, experiencia, añade, por cuyo motivo lo pasó mal el autor, y pudo ser causa para que dedicara sus esfuerzos al cuidado de su hermana y decidiera no casarse jamás ni ser padre. También menciona Consuelo la frase en que Lamb confiesa placentera la realización de buenas acciones cuya autoría ha de descubrirse por sí misma, y en el ensayo Año nuevo, indica que el autor muestra su negativa a morir analizando con tilde angustiada la muerte, a la que describe como “unos brazos esperando”; y lee un texto en que Lamb habla de su desconfianza hacia las novedades. Acerca de la influencia del autor, Rafael de Vargas, traductor de un comentario de Virginia Woolf sobre Lamb, señala que el mexicano Salvador Novo fue un admirador de Lamb, y los Ensayos de Elia, obra imprescindible en aquel país latinoamericano; en palabras de Woolf, el autor supo convertir la vida en literatura, siendo capaz de extraer un texto del menor detalle cotidiano; según las propias palabras de Lamb, la literatura es “una pésima muleta, pero un inmejorable bastón de paseo”. Isabel indica entonces que la enfermedad mental no parece reflejada en su obra, lo que abre un breve debate donde Eugenio opina que quizás escribía sólo en sus momentos de lucidez y Mercedes añade que quizá los accesos de locura no le afectaran normalmente. Por último, Consuelo lee un fragmento de Año nuevo donde Lamb rechaza la mortalidad, ensalza la vida y manifiesta que el invierno hace más cercana la muerte.

 

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William Thackeray (1811-1863) / LALI

Fue un escritor áspero y amargo. Quizás por su respeto a las convenciones victorianas, su sátira queda contenida por la exigencia moralista burguesa. Es probable que, debido a ese compromiso de fondo, y a pesar de sus enormes dotes de escritor, su maestría en la creación de caracteres, su dominio del lenguaje y de estilo, Thackeray nunca consiguiera establecer con sus lectores una relación tan inmediata como la de su gran rival Charles Dickens.

Su obra más famosa es La feria de las vanidades, que es un extraordinario cuadro satírico de la sociedad inglesa de principios del siglo XIX. La novela muestra con sutil complejidad, y a través de las vicisitudes de las dos protagonistas (la astuta arribista Becky Sharp, y la virtuosa pero ingenua e insípida Amelia Selley), las culpas de una sociedad que premiaba solo la hipocresía.

En Paris se casó, tras un breve noviazgo, con Isabella Shave, de 19 años. Esta persona fue prototipo de muchas dulces e indefensas figuras femeninas que aparecen en sus novelas. Una grave enfermedad mental la confinó por el resto de sus días en un manicomio. El dramático fin de su matrimonio constituyó el episodio central y fundamental de la vida del autor.

FRASES DEL AUTOR: – Una persona malvada es como una ventana sucia, nunca deja pasar el brillo. – Sin duda es mejor un amor prudente, pero es preferible amar locamente, a carecer de amor. – El humor es una de las mejores prendas que se pueden vestir en sociedad – El mundo es amigable para las personas que también lo son.

DEL LIBRO DE LOS SNOBS. (William Thackeray) El esnobismo: El autor hace un inventario de los diferentes grupos sociales en Inglaterra y en el extranjero, principalmente en Francia, así como de tipos de hombres, de quienes muestra con humor y virtuosismo que son víctimas de la misma enfermedad, el esnobismo. Este mal endémico adopta muchas formas, pero todas se basan en los mismos antivalores que Thackeray resumió en dos frases: -Dar importancia a cosas sin importancia. -Admirar mezquinamente cosas mezquinas.

ORIGENES DE LA PALABRA “SNOB”: Existe el verbo “to snub”, que es “mirar de arriba abajo, con desprecio”, que puede haber ayudado a la formación del término. Según nuestro Ortega y Gasset, el uso de la palabra “snob” procede de la contracción del término “sine nobilate”, explicando que en Inglaterra las listas de vecinos indicaban junto a cada nombre, el oficio y rango de la persona. Por eso, junto al nombre de los simples burgueses, aparecía la abreviatura “s.nob.”, es decir “sin nobleza”. Todo indica que este es el origen de dicha palabra. El snob es alguien que quiere hacer creer que pertenece a una clase social superior. En 1848, el sentido de la palabra cambió por el de “amarillo”. Hoy en día se ha vuelto a la acepción otorgada por Thackeray, o sea “snob” Un personaje de Thackeray se describe a sí mismo de forma humorística: se disfraza de snob para una cita, y se muestra de esta manera: -“Me reconoceréis a mí y a mi traje: un hombre joven, de maneras discretas, gran abrigo blanco, fular de satén carmesí, pantalón azul celeste, botines de charol, alfiler de corbata adornado con una esmeralda, un crespón negro alrededor de mi sombrero, y mi habitual bastón blanco de bambú con rico pomo de oro.” Sin querer quitar importancia al Libro de los snobs, de Thackeray, yo mencionaría la obra de Proust, En busca del tiempo perdido, en la que no pocos de sus personajes son unos snobs. Los que se sienten superiores a los demás, por fortuna, que no por clase, y los que con menos medios económicos, se comportan ridículamente para alcanzar el tan preciado título de snob”

LALI FERNÁNDEZ

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Thomas de Quincey (1785-1859)

índice

 

EL AUTOR

datos biográficos de Thomas de Quincey en Wikipedia

datos biográficos de Thomas de Quincey en Biografías y Vidas

Thomas de Quincey, más interesado por la erudición que por la creación / Javier Memba en El Mundo

Thomas De Quincey: El crimen como hecho estético / Fernando Báez en Especulo-Universidad Complutense de Madrid

El De Quincey que todos llevamos dentro / Gerardo Piña en Universidad Autónoma Metropolitana

La ‘Prosa Apasionada’ de Thomas De Quincey / Drina Hoèevar en Universidad de Los Andes

De Quincey: la confesión que no concluye / Sergio Cueto en Lector común

Entre De Quincey y Borges. Metodología crítica en literaturas comparadas / Jerónimo Ledesma en Universidad de Buenos Aires
 

SU OBRA

obras de Thomas de Quincey en Lecturalia

reseña sobre Memoria de los poetas de los lagos / Thomas de Quincey en Encuentros de lecturas

textos de Thomas de Quincey en Ignoria

texto de Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes [pdf] / Thomas de Quincey en Biblioteca Digital EduMec

texto de La rebelión de los tártaros [pdf] / Thomas de Quincey en Biblioteca Digital EduMec
 

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2 de abril de 2014: William Hazlitt

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Consuelo, Luis, Josefina, Eugenio y Mercedes.

Antes de comenzar la sesión, a propósito de Ocho apellidos vascos (película de Emilio Martínez-Lázaro que en estos momentos está alcanzando el éxito en taquilla), reivindicamos la calidad del cine español y la importancia de apoyarlo sin ambages, y denunciamos el desamparo al que le reduce en la actualidad la Administración del Estado, con la excusa de la crisis económica, y el maltrato al que siempre le ha sometido, por motivos políticos, un sector muy determinado de los medios de comunicación de nuestro país.

Isabel cuenta que Hazlitt vivió a caballo en los siglos XVIII y XIX, y que murió con cincuenta y dos años; fue el crítico literario más importante después de Samuel Johnson y, como éste, un destacado intérprete de la obra de Shakespeare, que analizó con agudeza, penetración y originalidad. Nacido en el seno de una familia protestante, su padre fue pastor de la iglesia unitarista, había conocido a Adam Smith en la Universidad y, tras su boda con la hija de un granjero, viajó con su familia a Estados Unidos, en concreto a Boston, para fundar allí una sede de la iglesia unitarista; al regreso de aquel viaje, el hermano mayor y la hermana del autor habían descubierto su vocación por la pintura, mientras Hazlitt ingresaba en un seminario de Londres, donde estuvo sólo un año tras el que se dedicó a la pintura y, finalmente, descubrió el oficio de escribir. Descata Isabel la amistad que lo unió a los hermanos Lamb, Charles y Mary, y que nunca renunció a los ideales que eclosionaron con la Revolución Francesa, lo que le valió la enemistad con algunos compañeros de sus primeros años, como Southey; indica que mantuvo una postura protosocialista y se mostró entusiasta de la figura de Napoleón, acerca de quien escribió una biografía. En torno al autor se desarrolló un importante círculo de seguidores, pero el desengaño y la desafección con que poco a poco se fue separando de la esfera pública lo relegaron a la soledad y a la pobreza, y rodeado por ellas falleció. Como último apunte sobre la vida del autor, señala Isabel que se separó de sus dos mujeres, a lo que matiza Luis que nunca se divorció, ya que lo impedían las leyes del condado donde vivía. Isabel ha leído un texto publicado en la web «Círculo de poesía», firmado por Ramón Castillo, donde se parte de la distinción que hizo Borges entre autores que imaginan y autores que razonan, situando a continuación a Hazlitt entre aquellos que razonan pero, al tiempo, deben su exquisito estilo a la poesía que han consumido. También hace referencia Isabel a un texto del autor acerca de la soledad como medio para la reflexión y el goce de la naturaleza, que disfruta en sus paseos y viajes; en este texto Hazlitt asegura que no puede caminar y conversar al mismo tiempo, ya que ambas son actividades incompatibles, y sobre esta imposibilidad de hacer dos cosas a la vez, cita a su contemporáneo Cobbett, que lamentaba la mala costumbre francesa de beber vino durante las comidas; en aquel texto menciona también Hazlitt que se siente libre al abandonar la ciudad y que el silencio no le resulta incómodo pues proviene de la serenidad de su interior, afirmando que, al igual que la lectura, la conversación es una actividad humana que también tiene su tiempo y lugar, abriéndose a continuación debate donde Isabel asegura que ni comprar libros ni visitar museos son cosas que ella pueda hacer acompañada, a lo que Luis indica que la visita a museos con alguien que entienda de lo expuesto es muy enriquecedora, y añade que lo que no se puede es leer y escuchar música a la vez; por último, Toñi comenta que a ella le gusta salir a pasear sola y Mercedes lee un fragmento del autor donde reflexiona sobre este asunto.

A Lali le ha parecido un autor muy profundo y lúcido, y lee un texto propio sobre su vida y obra; resalta la frase de Hazlitt en la que éste confiesa que si alguien le diera tiempo para tener una vida de hogar, dedicaría la totalidad de la suya a viajar por el mundo. Lali destaca su admiración por Shakespeare, y el estilo limpio que desarrolla, que hunde sus raíces en la tradición didáctica dieciochesca. Sobre el ensayo Sentimiento de la inmortalidad en la juventud, ha traído un fragmento que lee Isabel, donde se habla de la sensación de eternidad que acompaña al espíritu joven, el que mide el tiempo como una totalidad formada a medias por la realidad y por nosotrxs mismxs, y que este sentimiento reconcilia en una sola cosa; a propósito de la frase del autor “lo que ha sido en nuestra vida, no puede dejar de ser”, Lali lo compara con Wordsworth, en aquel poema que citamos durante la sesión dedicada a éste, y que contiene la célebre expresión que da título a la película Esplendor en la hierba; al hilo, Eugenio señala que la consideración de la naturaleza que manejan ambos, como parte constituyente fundamental del ser humano, les permite concebir esa esperanza que la sola perspectiva cultural impide, frente a la degeneración y pérdida que la vida mortal hace inevitables, pues, como indica Hölderlin, después de toda decadencia de lo humano hay siempre una primavera, a lo que señala Luis la influencia de la poética y del pensamiento de Hölderlin en todo el movimiento romántico inglés. Por último, Lali menciona el ensayo Sobre la moda, resalta la cercanía del estilo del autor hacia el lector, subraya que su prosa es grata y muy legible, y revela que era un autor totalmente desconocido para ella y le ha encantado.

Consuelo ha leído algunos fragmentos de El placer de odiar y ha decidido encargarlo a una librería para leerlo totalmente y conservarlo en su biblioteca; al igual que Isabel, se informó sobre el autor en el texto de Ramón Castillo publicado en la web «Círculo de poesía», titulado La sinuosa recta de la prudencia y la sabiduría. Consuelo opina que Hazlitt debió de ser un hombre muy exigente consigo mismo, ejerciendo constantemente la autocrítica, así como lo fue con los demás, un perfeccionista hasta sobrepasar los límites de la convivencia, lo que le produjo conflictos internos y provocó los problemas que tuvo con sus allegados. Respecto al artículo de Ramón Castillo, destaca que Hazlitt era una persona muy observadora, que consideraba que cualquier detalle de las partes, cosas y acontecimientos, sirve para el análisis y es necesario como base para construir un acceso hacia el todo, por lo que nada debe ser desdeñado; lo compara con un viejo alquimista en su laboratorio. Consuelo añade que el autor no creía que la humanidad pudiera ser gobernada bajo criterios racionales, ya que el común es adepto a la ignorancia y no hay manera de hacer frente a esta “inercia de la costumbre”; por ello, se puede considerar a Hazlitt un crítico de los principios de la Ilustración, que habría de ejercer gran influencia en autores posteriores como Poe y Baudelaire. Finalmente, añade Consuelo que el autor no cede ante el equívoco suscitado entre ironía y cinismo, a lo que comenta Eugenio que este punto le ha resultado relevante por cuanto muchas veces es difícil diferenciar desde cuál de estas dos posturas se lanza un discurso; concluye Consuelo calificando a Hazlitt de “pensador intempestivo”, anunciando el concepto que más tarde esgrimió Nietzsche para hablar de aquella filosofía que no se adapta a moldes dogmáticos ni pretende sistematizar el conocimiento.

 Luis comenta que Hazlitt es un autor muy importante a quien es necesario conocer y tratar de comprender, pues su perspectiva es algo compleja; recuerda que su personalidad está marcada por la severidad con que se manejaba su padre, y que de esta experiencia pudo generarse en él una racionalidad contraria a las religiones, que convertiría a Napoleón en su estandarte liberal, al menos hasta que éste se autoproclamó emperador, perdiendo la confianza depositada en él. Indica que Hazlitt es un ensayista de plena actualidad, que razona su argumentación de forma espontánea y, además, es un buen retratista, siendo autor de un famoso retrato que le hizo a su amigo Charles Lamb con atuendo florentino; también señala Luis la amistad que unió al autor con Coleridge, acabada de mala manera cuando ambos se pelearon, en la época en la que al poeta le dio por consumir opio y se hizo conservador, ambos opciones que a Hazlitt no agradaban. Acerca de su vida sentimental, añade Luis que murió en soledad, pero aún vivían sus dos mujeres; y acerca de la tradición ensayística, señala que en la actualidad dos de sus máximos exponentes (Bloom para la literatura anglófona y George Steiner) lo citan continuamente, a lo que añade Lali que a Hazlitt se lo estudia hoy en día por su prosa transparente, y Luis comenta que en la creación del ensayo moderno se puede considerar a Hazlitt un pionero, superando a Montaigne por su sencillez. Añade Luis que el autor fue un gran intérprete del teatro, de la literatura y del arte, y el primero en señalar la importancia de la pintura paisajista de su contemporáneo Turner, descubriendo la originalidad de sus perspectivas; concluye comentando que al leerlo se hace discernible el razonamiento (Lali comenta que lo hace inteligible), y evita siempre el uso de antinomias, que no siempre pueden evitarse en este género.

 Josefina cuenta que ha tenido una semana complicada y sólo ha podido leer los datos biográficos editados en la Wikipedia, y ya expuestos aquí, pero quiere destacar que la imagen del autor que aparece en esta web muestra un especial atractivo físico (alguien indica que se trata de un autorretrato…), y hace mención al texto de Lali, a la labor de Consuelo y a la compañía de Luis, a quien tiene a su lado.

 Eugenio ha leído el texto de De la ignorancia de los doctos colgado en nuestro blog, y comenta que Hazlitt expone su tesis sobre extremos, generalizando para resaltar más su argumentación, y que no debe ser comprendido literalmente, que él cuenta con la lucidez del lector para que éste sepa particularizar los casos concretos; comenta que a diferencia de la de Montaigne, que siempre ejemplifica con personajes y hechos históricos o legendarios de clásicos o de sus propios contemporáneos, Hazlitt se apoya en modelos cotidianos y más intemporales para explicar su conclusiones acerca de la psicología humana, lo que hace su estilo más sencillo y aproxima sus argumentos al lector. Acerca del ensayo sobre el odio que ha mencionado Consuelo, indica Eugenio que ha leído los fragmentos colgados en uno de nuestros enlaces y le ha llamado la atención el análisis de Hazlitt desvelando esa aversión que tantas veces sentimos hacia los demás cuando éstos se encuentran en una situación adversa y consideramos que no hacen lo suficiente para salir de ella, o incluso tácitamente los acusamos de ser culpables de la misma; también le ha llamado la atención que se ha dicho que el autor encuentra siempre una cita de una obra de Shakespeare para ilustrar cada comportamiento humano, a lo que Luis señala que también Marlowe fue objeto de un profundo análisis por parte de Hazlitt, y Josefina destaca que en muchos autores que estamos estudiando, la literatura de Shakespeare ha sido fuente de inspiración. Finalmente Consuelo señala lo paradójica que es la presencia de este autor en pleno romanticismo, Isabel recuerda que ha sido poco traducido al español y Luis indica que su obra más importante es la biografía que hizo sobre Napoléon, que abarca cuatro robustos tomos.

Mercedes ha hecho un resumen de los datos biográficos sobre el autor, e indica que fue pintor, crítico y ensayista inglés, amigo personal de los primeros poetas románticos Wordsworth y Coleridge, coetáneo del también ensayista De Quincey y amigo íntimo de Lamb; su obra puede ser considerada una continuación de la del Doctor Johnson, en cuanto a interpretación de clásicos como Shakespeare; y comenta que Hazlitt define con su prosa la crítica literaria y el periodismo modernos. Acerca de su vida personal, menciona sus ajetreadas relaciones sentimentales, con amoríos y escándalos, y que llegó a ser bastante rico pero terminó en la miseria, de la misma manera que fue popular y acabó casi olvidado por quienes le rodeaban. Comenta Mercedes que en Internet aparecen muchos retratos suyos, y que el que ilustra el artículo de Wikipedia que lleva su nombre es un autorretrato; lee varios títulos de sus obras, la mayoría recopilaciones de diversos estudios sobre diferentes autores, y cierra la sesión subrayando que las referencias sobre El placer de odiar le han parecido muy interesantes, y que además se trata de un ensayo breve, de apenas veinte páginas, resaltando finalmente que la claridad de su expresión es un reflejo de la sensibilidad de su carácter.

 

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Charles Lamb (1775-1834)

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EL AUTOR

datos biográficos de Charles Lamb en Wikipedia

datos biográficos de Charles Lamb en MCN Biografías

Charles Lamb: el genio en la vida común y corriente / Robert Lynd en Universidad de México

 

SU OBRA

obras de Charles Lamb en Lecturalia

reseña sobre Cuentos basados en el teatro de Shakespeare / Charles y Mary Lamb en Las lecturas de Guillermo

reseña sobre Cuentos basados en el teatro de Shakespeare / Charles y Mary Lamb en Bienvenidos a la fiesta

texto de Shakespeare cuenta… / Charles y Mary Lamb en Preguntar el porqué

texto de En la noche de año nuevo / Charles Lamb en Letras Libres

texto de Ensayos de Elia / Charles Lamb en Scribd/isaimoreno

texto de Seis ensayos de Charles Lamb en Universidad de México

reseña sobre Las aventuras de Ulises / Charles Lamb en Cultura Classica

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26 de marzo de 2014: William Thackeray

Reunidxs: Isabel, Lali, Maite, Consuelo, Luis, Eugenio, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión con datos sobre la vida del autor; indica que Thackeray fue un novelista del realismo decimonónico que nació en Calcuta en el seno de una familia de comerciantes, dato que Luis contradice señalando que el padre del autor era un alto funcionario de aduanas; Isabel dice que Thackeray inició su carrera en las letras como editor de un periódico, y residió durante un tiempo en París, donde estudió Arte. Su situación financiera fue muy precaria, agravada por la enfermedad mental que sufrió su mujer, por lo que se tuvo que dedicar a la composición de artículos para sobrevivir; entre los medios donde escribió destaca la revista humorística Punch. Alcanzó la cumbre de su actividad literaria al componer una novela, La feria de las vanidades, cuya primera edición se realizó por entregas; en ella, Thackeray realizó una aguda descripción de la situación social del momento, a través de la observación y recreación de una historia basada en otra época y lugar. También menciona Isabel Los virginianos, que fue su última novela concluida, y sobre la cual indica Luis que es la segunda parte o continuación de Henry Esmond, publicada cinco años antes. Isabel recuerda que Dickens fue el principal rival artístico del autor, señalando diferencias -entre los estilos novelísticos de ambos- que atañen a la naturaleza y finalidad social de la literatura. Thackeray trabajó en varias revistas y elaboró célebres ensayos humorísticos, tras el abandono de su trabajo como editor; de su obra destacan sus retratos exquisitamente irónicos sobre las clases altas de la sociedad británica, y como ejemplo nombra Isabel un personaje de La feria de las vanidades, Becky, convertida con el tiempo en modelo para otras heroínas literarias, que han servido para desenmascarar la hipocresía instalada en las clases pudientes. Finalmente comenta las singularidades de la época de la reina Victoria, con sus sesenta años de reinado, el más largo de la monarquía británica (señala Luis que fueron setenta los alcanzados en Francia por Luis XIV), periodo durante el cual Inglaterra pasó de la ruina económica al esplendor industrial, a lo que añade Luis que eso no sucedió sin permitir la explotación infantil, y Maite apostilla que son muchos los puntos oscuros en torno al desarrollo de la Inglaterra Victoriana, subrayando Luis que el éxito de sus políticas dependió más de los parlamentarios y miembros del Gobierno que del reinado de Victoria, iniciándose a continuación un debate sobre prácticas y despropósitos de los reinados que nos lleva hasta la España de Isabel II y culmina en la mención, por parte de Luis, de la serie de dibujos y coplillas satíricas que elaboró el poeta Bécquer junto a su hermano pintor, Valeriano, publicados a finales del siglo XX por El Museo Universal bajo el título de Los borbones en pelota.

Consuelo ha leído El libro de los esnobs, que califica de crítica satírica de la alta sociedad; comenta que fue escrito bajo seudónimo, y que el propio autor declara en sus páginas que no sabe si considerarse a sí mismo como un auténtico esnob. Indica que Thackeray fue el segundo novelista más leído en la Inglaterra de su época, tras Dickens, y que entre ambos existían determinadas diferencias y cierta rivalidad; señala que la obra de Thackeray es un verdadero inventario de grupos sociales, no sólo de su país sino también del extranjero, especialmente de Francia, y destaca su humor y el virtuosismo de su oficio. Acerca de El libro de los esnobs, comenta que hay muchas formas de esnobismo y que todas ellas se basan en idénticos antivalores, y pone como ejemplo el sentimiento de auténtica admiración hacia todo tipo de mezquindades; pero señala que su crítica social no se limita a este libro, y que también existe -y en grandes dosis- en su celebérrima novela La feria de las vanidades, un libro que califica de muy actual, tan actual que hay profusión de estudios universitarios centrados en analizarlo. También menciona Consuelo otro popular título de Thackeray, La suerte de Barry Lyndon, de la cual ha visto una versión de cine que obtuvo cuatro Oscars de Hollywood –entre ellos el de Mejor vestuario, y fue dirigida, como indica Valentín, por Kubrick. Concluye Consuelo recordando la enfermedad mental que aquejó a la mujer del autor, lo que no impidió a éste (o lo resolvió) a agenciarse una amante, como era propio de la época y, según evocamos a continuación, ha sido común en nuestro país, en determinadas esferas, hasta hace poco tiempo.

Luis comenta que Thackeray es un novelista del realismo que apenas tiene importancia en la actualidad, pero que en su época la tuvo y mucha, señalando que dio a conocer su obra fragmentada en publicaciones periódicas, sistema que durante este siglo se convertiría en habitual. Destaca sus bellas descripciones, pero también llama la atención sobre lo limitada que es su caracterización de personajes; al contrario que en Dickens, quien tenía mucha más imaginación para dotar de personalidad a las figuras de sus obras, Thackeray repetía éstas cometiendo incluso cambios contradictorios en su apreciación, lo que daría como resultado una producción muy mediocre, al margen de sus tres grandes novelas: La feria de las vanidades, Henry Esmond, y Los virginianos, entre las cuales destaca especialmente la primera que, advierte Luis, no debemos confundir con el best-seller del siglo XX La hoguera de las vanidades, cuyo autor es el estadounidense Tom Wolfe. También destaca la faceta pictórica del autor, que realizó esmeradas caricaturas, y su admiración por la cultura francesa, que conoció principalmente al cursar estudios de Arte en París.

Eugenio ha leído los comienzos de La feria de las vanidades y de El libro de los esnobs, y por el espíritu de la primera ha evocado el Tom Jones de Fielding, mientras el estilo del ensayo satírico le recordaba a Swift; comenta que estos dos autores le han gustado más que Thackeray, ya que ambos le han parecido menos retóricos en su prosa, más espontáneos. Por otro lado, indica que La feria de las vanidades gira en torno a dos personajes femeninos: una chica de buena familia que representa la inocencia y por cuya causa se le acumulan adversidades en la vida, y otra que comienza trabajando como institutriz con la primera y gracias a su falta de escrúpulos da inicio a una carrera arribista que la lleva al ascenso social en un entorno contaminada por la hipocresía. Por último, Eugenio añade que Charlotte Brönte comparó el estilo de Thackeray con el de Fielding, y su conclusión fue que el autor fue un novelista de mayor entidad; a continuación debatimos sobre la autoría de las novelas de las Brönte, llegando a la conclusión -insistentemente errónea- de que Jane Eyre es obra de Emily y Cumbres borrascosas fue escrita por Charlotte.

Mercedes centra su intervención en La feria de las vanidades, de la cual nombra el subtítulo -“una novela sin héroe”- y comenta que fue publicada entre 1847 y 1848, en primer lugar por entregas y al poco tiempo en una edición unificada y completa. Se trata de una sátira de la sociedad inglesa de su época, que se apoya en la novela alegórica escrita dos siglos antes por John Bunyan, El progreso del peregrino, que era muy leída en aquellos momentos; al hilo indica Eugenio que la popularidad de esta novela, que cuenta una educación religiosa bajo signo protestante, muestra la preocupación de la sociedad contemporánea por la reinstauración de valores morales extraviados, mientras Luis señala que el peregrino siempre ha tenido fama de libertino debido a su constante movimiento por diferentes lugares y Consuelo observa que la parada de un peregrino en una feria, que es la de las vanidades, da origen a la historia que cuenta Thackeray. Mercedes indica que el fundamento moral de la novela es la descripción de acciones pecaminosas encaminadas a la consecución de fines mundanos, y añade que existen varias versiones cinematográficas; por otro lado, menciona La rosa y el anillo, que es una novela juvenil del autor, donde aparecen hadas y príncipes y en la cual los objetos invocados en el título tienen poderes mágicos que otorgan belleza a quien los detenta, desarrollándose el argumento en torno al continuo cambio de poseedores. Por último, Mercedes lee unas frases de Thackeray recuperadas de una página web.

Valentín indica que Thackeray fue políticamente conservador (en oposición a Dickens, que tenía tendencias liberales), y en su literatura plasma su noción de lo que debían ser las virtudes adecuadas a una sociedad como la de su época. Añade otra diferencia respecto a Dickens, señalando que Thackeray fue un autor más realista que su rival, pero indica que utilizó en sus novelas técnicas del siglo XVIII, como por ejemplo disgresiones del narrador, lo que habría sido motivo para impedir que se convirtiera en fuente de la posterior escuela narrativa fundada por la obra de Henry James, quien habría rechazado la influencia del autor por esa causa; Luis subraya que el estilo de Thackeray es muy abundante, y que por ello su prosa raya en ocasiones la cursilería. A continuación, Valentín menciona las figuras femeninas de sus obras, y recuerda Rebeca y Rowena, que es una suerte de segunda parte del Ivanhoe de Walter Scott, donde el héroe, una vez recuperado de sus andanzas, visita al rey Ricardo; respecto a la visión que da de sus heroínas, parece que el autor opina que existe una cierta responsabilidad de las mujeres en el maltrato que hacen los hombres de las más humildes, dado que no aciertan a hacerse valer; añade entonces Valentín que Thackeray dividía las mujeres en dos tipos -las de carácter intrigante y las amorosas-, tras lo cual insiste Luis en que existe una copiosa crítica que cuestiona los personajes femeninos del autor, por ser demasiado similares entre sí, y porque el narrador de sus distintas obras mantiene una cambiante animaversión o simpatía por ellos, aun siendo el mismo; resalta Consuelo el talante veleidoso del autor. Por último, Valentín muestra una fotografía donde aparece una especie de jardinera con una inscripción mortuoria con los datos del autor, a lo que indica Luis que puede tratarse de un cenotafio, un monumento funerario cercano a la tumba del homenajeado, y que encontramos principalmente en catedrales.

Lali lee un texto sobre el autor donde indica que se casó en edad madura con una mujer de dieciocho años, y que el prototipo femenino que mima en sus novelas es el de una mujer dulce y delicada, por lo que destaca, frente a la ingenua insípida que coprotagoniza su novela más célebre, la Becky de La feria de las vanidades, como ejemplo de las nefastas consecuencias que derivan de una sociedad que premia la hipocresía, dibujando así en esta obra una sátira contenida que apela a la convención victoriana y a la moral burguesa; sin embargo, dice Lali, Thackeray no logra en su novela establecer una complicidad tan estrecha con el lector como alcanza su rival Dickens. Respecto al esnobismo, Lali señala que afecta a algunos hombres como si de una enfermedad se tratara, y que se manifiesta emn sus víctimas bajo variadas formas; remontándose hacia la etimología del término, cuenta que Ortega y Gasset lo sitúa en la expresión «sine nobilitate», es decir «sin nobleza», rúbrica que se anotaba en documentos oficiales junto al nombre de quienes tal condición tenía, y que por ello el sentido básico de la expresión es burlarse de a quien así se califica por su intención de aparentar una pertenencia social de la cual carece. A continuación, Lali lee un fragmento de El libro de los esnobs, donde un personaje se describe a sí mismo, ante lo que Isabel encuentra similitudes con el dandy y se abre un debate donde se exponen las divergencias entre ambas figuras, y donde Mercedes asegura que la elegancia del dandy no la tiene el esnob, Valentín resalta que la superioridad del esnob siempre es falsa y Consuelo aleja al dandy de la definición de esnob: “parecer lo que no eres”. Lali menciona a Proust, ya que su obra cumbre En busca del tiempo perdido contiene un auténtico catálogo de esnobs a los que el francés sorprende en comportamientos tan presuntuosos como ridículos, y por último Mercedes se pregunta si fue Thackeray el primero en analizar la figura del esnob.

Maite indica que Thackeray se consideraba a sí mismo un verdadero «realista», al contrario que Dickens, a quien tacha de sentimentalismo. En La feria de las vanidades, el autor elabora una sátira despiadada acerca de la sociedad de su tiempo, una obra que sigue siendo muy leída y admirada en Inglaterra; Maite ha leído algunas partes y le ha gustado bastante, considera que está muy bien ambientada y destaca sus dos personajes femeninos: Amelia, que es buena persona y, a pesar de su cuna, le crecen las dificultades, y Becky, seductora y manipuladora, que va acumulando triunfos en su escalada social; en lo referente a este personaje, Maite señala que en algunos momentos de la lectura llega a hacerse simpático, pues tiene mucha fuerza y sus acciones, por la osadía que a veces demuestra, se hacen especialmente atrayentes, a lo que Lali comenta que los malos de la ficción suelen ser más atractivos que los buenos. Maite lee a continuación una concisa relación donde menciona distintos personajes de la novela que ha ido anotando durante su lectura, y una breve descripción de cada cual; al mencionar de nuevo a Becky, se pregunta si estará inspirada en la abuela materna del autor; también habla del hermano de Amelia, que es un muchacho apocado que marchó a la India a amasar una pequeña fortuna que posteriormente pierde en manos de Becky. Finalmente Isabel lee un fragmento de la novela de Thackeray El viudo Lovel, y Mercedes se plantea las raíces de la pugna entre Dickens y el autor.

 

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William Hazlitt (1778-1830)

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