Shakespeare y las palabras / LALI

 

La fuerza del teatro de Shakespeare radica, sin duda, en el uso que hace del lenguaje. No es de extrañar que así sea, pues en aquella época, el teatro se basaba en la palabra. El espectador tan solo contaba con la voz del actor para entrar en el drama y gozar con él. Pero es que además, Shakespeare era un fanático, un vicioso del lenguaje. Más que las tramas, le interesaban las frases que iba a utilizar para construirlas. Le encantaba hablar por el puro gusto de hablar, de iluminar las cosas con las palabras, y retorcer los anillos del lenguaje. Hay en sus obras constantes juegos y metáforas de fuerza arrolladora. Esta es la opinión de José María Valverde, buen conocedor de la obra del gran escritor inglés.

La gente conoce más a Romeo y Julieta como amantes, que el Romeo y Julieta de Shakespeare. Todo el mundo se sabe la historia, y conoce de cerca a la pareja de enamorados porque, además, en cada pueblo y en cada cultura, se ha dado un caso similar. Esta obra ha sido siempre una de las más populares del dramaturgo británico, tanto en el teatro como en las numerosas adaptaciones al cine, al ballet y a la ópera. En mi opinión, el texto tiene una altísima calidad poética, y una construcción dramática trepidante, pero muy bien medida.

Más allá de su cruel moraleja socio-familiar, la obra queda por encima de todo como un dolido canto a la naturaleza del amor, hermosamente expresada en el verso de Romeo del primer acto: ”Como el humo el amor, como el vaho de un suspiro”.

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18 de junio de 2014: Oscar Wilde

Reunidxs: Lali, Toñi, Rufino, Maite, María José, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Rufino abre la sesión leyendo una serie de datos biográficos recogidos de Internet. Señala que Wilde fue un poeta, crítico, novelista y autor teatral y de cuentos irlandés, cuya afición por el arte lo convirtió desde sus comienzos en un célebre esteta de los del lema de “El arte por el arte”; nació en Dublín en 1854 y estudió en el Trinity College de esa ciudad; la literatura estuvo presente en su vida desde sus orígenes, pues su madre organizaba reuniones literarias y, al cursar estudios superiores en Oxford, destacó por su afición y conocimiento de los clásicos, habiendo escrito durante aquella época varios poemas, alguno de ellos premiado. Acerca de sus costumbres comenta que su filosofía vital estaba fundida con su gusto estético, que habría desarrollado tras la lectura de insignes críticos de su tiempo, como Walter Pater y John Ruskin; en su habitación acumulaba objetos de arte y su pose pública era ridiculizada en revistas especializadas en arte, así como en comedias populares. Su primera obra de teatro fue Vera o Los nihilistas, que se estrenó en Nueva York durante la gira que hizo por este país dando conferencias sobre arte, y fue una obra menor de mediocre acogida. Wilde se casó al poco tiempo con Constance, que era una rica heredera con quien tuvo dos hijos, y dio comienzo a una exitosa carrera teatral que quedó truncada por un escándalo de índole sexual que inició un proceso judicial durante el cual fue acusado de sodomía y condenado a dos años de trabajos forzados; tras cumplir la pena impuesta, Wilde continuó viviendo tres años más, en Francia, bajo el seudónimo de Sebastian Melmoth, concebido en recuerdo de su antepasado, el escritor de novela gótica Maturin. Acerca de la obra de Wilde, Rufino indica que escribió cuentos para niños, dirigidos a sus propios hijos, como El príncipe feliz, así como múltiples relatos y una única novela: El retrato de Dorian Gray, que habla de la decadencia moral y fue considerada por el victorianismo como una auténtica inmoralidad; pero la parte de más éxito de su obra viene determinada por sus cuatro obras teatrales -El abanico de Lady Windermere, Un marido ideal, Una mujer sin importancia y La importancia de llamarse Ernesto-, comedias de trama hábil e ingeniosos diálogos; finalmente murió en París, como indica PilarRufino añade que le llamó personalmente la atención cuando se enteró de que era homosexual, dato que desconocía, a lo que comenta Pilar que ella también acaba de saberlo, Mercedes puntualiza que fue bisexual y Luis lo niega y reafirma que fue homosexual, y añade que su mujer pertenecía a una familia de abogados, que era guapísima y él se casó enamorado y fue muy feliz durante los primeros tiempos; pero era homosexual y una persona terriblemente impertinente y entrometida, lo que corrobora al contar la anécdota de su visita a la casa de Proust, donde apenas llegado exclamó que aquella casa estaba decorada con muy mal gusto, comentario que no fue del agrado de la madre del escritor francés, quien lo expulsó de su casaa, a lo que comenta Pilar que era un hombre muy atrevido. Finalmente señala Rufino que él leyó El retrato de Dorian Gray hace unos cuantos años, y que encuentra cierto parecido entre el autor y su personaje.

Maite ha leído la biografía de Lottman Oscar Wilde en París, aconseja su lectura y hace especial hincapié en el epílogo; también comenta que antes había leído El retrato de Dorian Gray, cuando era más joven, y que la impresionó mucho. A continuación lee un fragmento de la biografía de Lottman donde se hace una descripción del autor, destacando que al saludarle se estrechaba una mano blanda, fofa y grasienta, que daba muy mala imagen inicial, produciendo cierta impresión de rechazo en la otra persona, repulsa que sin embargo desaparecía cuando Wilde comenzaba a hablar y atraía la atención de su interlocutor. Recuerda Maite que el padre de su joven amante Bosie trató de separar a su hijo de Wilde, y a propósito de las tendencias sexuales del autor, indica que fue un hombre fuerte pero de inclinaciones femeninas, y que de pequeño le vestía su madre con atuendos de niña; insiste en que disponía de un carisma excepcional y el don de la palabra. Resalta su conversión al catolicismo, lee alguna frase célebre y señala que se produjo su muerte a causa de una infección oídos o de la sífilis, a lo que Eugenio añade que la infección de oídos pudo haber sido consecuencia de un fuerte golpe que sufrió durante su estancia en la cárcel. Finalmente Maite enseña una foto borrosa que pretende ser un detalle del monumento funerario que señala la tumba de Wilde en el cementerio parisino de Père-Lachaise, a lo que Eugenio recuerda la censura sufrida por la estatua que lo decora, obra del escultor Jacob Epstein, discípulo de Rodin, por encargo del albacea del autor y fiel compañero Robert Ross, a causa de los atributos masculinos que luce aquélla.

María José no ha podido leer nada del autor, ni echar un vistazo a su biografía, pero comenta que vio la representación de La importancia de llamarse Ernesto realizada para el programa de Televisión Española “Estudio Uno”, y reivindica su reposición, dada la calidad de aquellas obras, a lo que Lali comenta que ella ha recibido un email con un enlace a cierta web donde es posible descargarse los archivos audiovisuales con aquellas grabaciones, y Maite comenta que la estética de éstas ha quedado un poco obsoleta para su gusto, Mercedes recuerda que estaban rodadas con muy pocos medios y Lali concluye que el teatro de aquella época se interpretaba con pocos medios y mucha escasez de espacio y tiempo.

Luis señala que Wilde fue principalmente un poeta, y lo acentúa mencionando La balada de la cárcel de Reading como su obra cumbre, un demoledor poema donde narra su experiencia en prisión; añade además La importancia de llamarse Ernesto como su pieza teatral más importante, y comenta que él ha leído gran parte del legado del autor. Destaca la biografía escrita por Lottman que ha leído Maite, Oscar Wilde en París, de la cual dice que es un libro magnífico, compuesto por un gran biógrafo que viajó a París con veinte años y tiene en su haber la biografía canónica de Flaubert y una muy destaca sobre la vida de Colette. Acerca de La importancia de llamarse Ernesto, comenta que hay un eco de Alicia en el país de las maravillas, de Carroll, y según el crítico Harold Bloom debe ser leído como una de las más grandes obras literarias del absurdo, y añade que Bloom la considera composición de “moralidad absoluta”, según afirma en Qué leer y por qué, editado en España por Anagrama; señala Luis que Wilde toma su base en la escena en la que el Sombrerero Loco le pregunta a Alicia cuál es el significado de su nombre, a lo que la niña responde que no sabía que los nombres tuvieran un significado, y a lo que el otro replica que naturalmente todos los nombres tienen un significado, como es el caso del suyo propio, que se llama Sombrerero Loco porque es sombrerero y está loco; subraya Luis los diálogos absurdos y juegos de palabras que abundan en La importancia de llamarse Ernesto, y destaca la escena en que la tía de uno de los protagonistas señala a su hija que deben abandonar el lugar, pues de lo contrario terminarán perdiendo hasta el quinto tren que salga de regreso a Londres, con el riesgo de desprestigio y descrédito para su reputación que eso conllevará, si alguien les ve en el andén esperando un sexto tren; corrobora que se trata de una mordaz crítica de las costumbres y ceremoniales londinenses, e insiste en que son lecturas imprescindibles, tanto esta obra teatral como el poema antes mencionado. Acerca de una foto que ilustra la cubierta de la versión de De profundis editada por Siruela -que ha leído Josefina-, Luis indica que el joven amante del autor, Douglas (o Bosie), tiene pinta de depravado (añade Eugenio que “de mimado”), y evoca la experiencia pedófila que Thomas Mann relata en Muerte en Venecia, recomendando la versión cinematográfica de Visconti, como obra maestra del cine, con la interpretación del actor Dirk Bogarde; a propósito indica que Wilde tuvo poco cuidado en elegir con quién se iba, habiendo tenido contacto con jóvenes a quienes pagaba por sus favores, a lo que Eugenio recuerda que tras el juicio por el que fue castigado, también condenaron a un proxeneta. Por último Luis comenta que de haber sucedido en Francia, el autor no habría sido condenado, pero que un católico irlandés de espíritu republicano como él, tenía pocas posibilidades de salvarse en la Inglaterra victoriana; al hilo comenta que veinte años después, Irlanda habría de secesionarse de territorio inglés, salvo la famosa excepción del Ulster.

Josefina ha leído De profundis, que es una larga carta que el autor escribió a su joven amante Douglas (Bosie) desde la cárcel; lee textualmente el comienzo y continúa explicando que Wilde estuvo dos años en prisión al cabo de los cuales concluye esta epístola a la cual da inicio reprochando a su ex amante que no ha recibido ninguna noticia de él. Indica que está escrita con un lenguaje preciosa, que muestran que su autor fue un verdadero genio del arte literario (añade Lali que “un gran poeta”), y despierta en ella el interés por la obra anterior a su relación con Douglas, ya que el autor señala que debido a la atención que le ha prestado, incluso ha dejado de escribir, de lo que concluye Josefina que lo peor que le ocurrió a Wilde durante su vida fue conocer a este chico, que era demasiado joven para él y muy mala persona. Pero destaca que no son todo reproches hacia el joven amante, sino que más bien el autor reconoce y carga con su responsabilidad confesándose culpable de haberle consentido todos sus caprichos (Lali pregunta si se arrepiente de haberlo conocido y Josefina responde que no, que más bien Wilde siente que ha sido necesaria esta relación para que se le abrieran los ojos ante su propia frivolidad, y que también es su intención que el chico reconozca por sí los errores de su conducta). Señala que Douglas se llevaba muy mal con su padre, y que debido a eso Wilde terminó encarcelado, al sacar la cara por su amante; indica que los abogados del padre iban muy bien preparados para el juicio, con pruebas extraídas de las cartas que el autor envió al hijo, y así lograron volver el juicio totalmente en contra de Wilde. Josefina comenta también que la madre de Douglas pedía al autor que evitara darle a su hijo todos los caprichos, y que aquél respondía que se encargara ella misma de recriminar a su hijo su dispendio, a lo que la mujer contestaba a Wilde que a ella le faltaba valor para enfrentarse a su hijo, de manera que ni la madre de Douglas ni el propio autor eran capaces de poner límite a los antojos del muchacho; además, una vez que Wilde entró en prisión, Bosie editó las cartas que el autor le había escrito, aprovechándose del escándalo para sacar más dinero, haciendo leña del árbol caído y continuando sus despilfarros a costa de su víctima. Josefina comenta que a su juicio es muy difícil escribir una carta de estas características, bien escrita y legible, compartiendo sus dolorosas vivencias y dejando también hueco para expresar deseos esperanzadores como los dirigidos hacia sus propios hijos, y lee el final del libro, donde Wilde hace una reflexión sobre el sentido o significado del dolor.

Eugenio destaca el análisis del cristianismo que hace el autor en De profundis, donde llega a la conclusión de que el sufrimiento que le ha deparado su estancia en la cárcel es una vivencia expiatoria que lo ha redimido de la frívola superficialidad bajo la cual vivió con anterioridad; señala que no es tanto el remordimiento como la necesidad de completar su existencia, de conocer el dolor después de haber experimentado el placer. Por otro lado, en el breve texto La decadencia de la mentira, editado por Siruela -en una colección donde Luis destaca la publicación de pequeñas joyas del ensayo-, se explica la célebre sentencia de Wilde que dicta que el Arte no debe imitar a la Vida y la Naturaleza pues son éstas quienes imitan al Arte, y lo hace como réplica al Realismo imperante en su época, a través de ejemplos como el de un tal señor Hyde obsesionado en su comportamiento público por el peso del apellido que hizo famoso el novelista Stevenson, o recurriendo a la lírica para mostrar que las nieblas que cubren Londres han sido creadas por la pintura impresionista, ya que antes de que ésta existiera el ojo humano no había sido capaz de contemplarlas en todo su esplendor estético. Comenta también la afirmación de Borges acerca del autor, de quien decía que “casi siempre tuvo razón”, ante lo cual Mercedes subraya el interés que tiene la admiración que le tuvo el escritor argentino, toda vez que Wilde recibió tantísimas críticas y tanto rechazo tras el escándalo y su repulsa pública, a lo que Eugenio comenta que ya en el cenit de su fama muchos le dieron la espalda, en algunos casos como producto de la envidia que, por ejemplo en París, provocaba la admiración que por él sentía Mallarmé, y añade que ese repudio fue por lo general consecuencia que el miedo de antiguos colegas sintieron a ser visto bajo el mismo prisma de censura social, como en el caso de Gide, de quien Luis comenta que siempre apoyó al autor, sobre todo tras la estancia de ambos en Argel poco antes de que Wilde fuera juzgado; en este sentido, Luis recuerda la amistad de Schwob durante las primeras estancias de Wilde en País. Por último, Eugenio lee un texto donde se menciona la censura que sufrió el estreno en Londres de Salomé (recuerda Luis que esta versión de Wilde alcanzó su renombre al servir a Strauss como base para su célebre ópera, y Lali indica que un sector de la crítica la considera su mejor obra teatral), como consecuencia de una ley protestante del siglo XVI que, para hacer frente al fanatismo católico, había prohibido la representación en escena de personajes bíblicos, y fue desempolvada para atentar contra el arte de Wilde; a propósito comenta Luis que Salomé fue escrita originalmente en francés, a lo que anade Eugenio que el autor encargó su revisión a Pierre Louys, quien fue uno de los autores que más vehementemente negó cualquier relación con Wilde tras su defenestración; también destaca a la actriz Sarah Berhardt, inspiradora de esta recreación, de quien Lali recuerda que era coja.

Pilar ha leído El retrato de Dorian Gray, y se ha apuntado otros títulos para leer próximamente. Acerca de los datos biográficos sobre Wilde, comenta que éste tenía una personalidad impresionante, y lee un fragmento de la introducción de Carmen Martín Gaite en la edición de RTV-Biblioteca Básica Salvat de la que dispone, donde se resalta las antipatías que ya en el colegio despertó el autor, a causa de sus burlas hacia las prácticas deportivas, enfrentamientos con otros compañeros ante los cuales sacaba a relucir una agilidad intelectual que dejaba por completo desconcertados a sus adversarios; indica Luis que este escrito de Martín Gaite está bajo la influencia de su marido, Rafael Sánchez Ferlosio, que es un declarado antideportista. Añade Pilar que Wilde apabullaba a sus contrincantes por su seguridad en sí mismo y su ingenio (añade Lali, “cargado de sarcasmo”), y que algo de humildad le faltaba, ante lo que comenta Eugenio que esa falta de humildad la reconoce en las páginas de De profundis; Pilar concluye que fue un gran escritor, y acerca de su obra El retrato de Dorian Gray, nos anima al debate y comenta que es un libro bellísimo, que denota un gran aprecio por los clásicos; Rufino recuerda que el buen gusto aparece paralelo a la alta sociedad a la que pertenecen los protagonistas, y que al pintor de la novela le sublima la belleza, ante lo cual interpreta Pilar que el pintor le da algo excelente a su cuadro, algo misterioso y casi mágico; comenta que según Wilde, algo feo puede inspirar belleza (recuerda Rufino las pinturas negras de Goya). Luis indica que Dorian Gray representa el enamoramiendo del autor hacia su obra, y por eso el retrato se mantiene mientras la persona degenera, y Mercedes se pregunta entonces si la persecución sufrida por Wilde tuvo algo que ver con su salida de Londres, a lo que Eugenio contesta que él se sentía mejor rodeado por el ambiente de París, y Luis puntualiza que mientras Inglaterra permanecía bajo el corsé victoriano, las leyes francesas regían, como aún sucede hoy, bajo los postulados más liberales del Código Napoleónico. Pilar continúa su intervención destacando una conferencia sobre Arte que dio el autor a unos estudiantes, donde habría expuesto su teoría de que también la fealdad puede provocar sentimientos artísticos, instando a su auditorio a que se fije en lo sórdido y no siempre eleven la vista hacia los grandes edificios; comenta a propósito que Wilde tenía un sentido muy peculiar de la percepción del arte, destaca su esteticismo, la posesión de objetos bellos y su fama de dandy, basada en sus vestimentas, sus famosas flores en la solapa y sus llamativas botas, una impronta de su persona sobre su apariencia, a lo que Lali subraya que era un auténtico sibarita. Por último, Luis cuenta la anécdota del amigo que lleva un bastón con estilete mientras pasean y le dice que, o tiro el bastón a la basura o me veré obligado a usarlo para terminar con tu discurso, y Pilar persevera en afirmar que Wilde tenía una personalidad arrolladora y un verbo envolvente, a lo que Maite comenta que estas virtudes son innatas.

Mercedes ha ojeado la biografía que sobre el autor elaboró de Sebastián Juan Arbó, que está repleta de anécdotas sobre Wilde; destaca su bisexualidad, ya que aparte de sus relaciones con hombres y muchachos, estuvo casado, tuvo hijos y también se le conocen escarceos con mujeres; fue un gran conversador que vivió a lo grande y murió en la pobreza, con la sola compañía de dos amigos y el hotelero que le dio cobijo durante sus últimos meses. Acerca de Douglas comenta que fue un niñato perteneciente a la alta sociedad victoriana, cuya en cuya familia había varios episodios de suicidios y otros desequilibrios, y que anuló la voluntad al autor, quien se hizo cargo de mantenerlo cuando sus padres le retiraron la asignación. Mercedes indica que ha visto una versión de La importancia de llamarse Ernesto en el teatro, este año, y ha leído para nuestra sesión Una mujer sin importancia, de la cual cuenta que el eje del argumento es una reunión social en una casa de campo, donde se presenta un hombre de reputación con un muchacho a quien tiene intención de nombrar su nuevo secretario; para la ocasión han citado a la madre del chico, pero ella no confirma su asistencia hasta el último momento, en que se presenta dispuesta a evitar que su hijo marche con aquel hombre; un altercado de éste con una joven norteamericana con quien intenta propasarse da excusa a la mujer para desvelar que el hombre es el padre del muchacho, que nunca se hizo cargo de él y ahora pretende llevárselo y apartarlo de ella, que es la madre que con gran esfuerzo y sola lo ha criado. Mercedes comenta que Wilde juega en esta obra a invertir los términos, y de la misma manera que al comienzo el hombre asegura que la madre del chico es “una mujer sin importancia”, al final es ella quien puede asegurar con toda razón de aquel padre de su hijo es “un hombre sin importancia”; y al hilo indica que el autor fue un gran aficionado a la construcción de epigramas, y muchas de sus frases se han hecho muy célebres: pone como ejemplo una sobre no escuchar a los demás ocupado en escucharse a sí mismo, un par de ellas sobre las mujeres y una última que afirma que se ven pasar los años sin vivir y de repente toda la existencia se concentra en un solo instante.

Lali ha leído El abanico de Lady Windermere y comenta que los diálogos de esta obra están repletos de frases que han pasado a la posteridad, y lee algunas. Indica que esta pieza teatral está compuesta con un léxico muy rico y lírico, y que incluso cuando se trata de mencionar cosas poco agradables, usa un lenguaje precioso; sentencia que El abanico es una pequeña joya de la literatura, una pequeña obra de arte. Trata de un matrimonio aristócrata de jóvenes recién casados que acaban de tener un bebé y son muy dichosos, pero debido a las habladurías ella comienza a tener sospecha de que su marido tiene un amante, pues se le ha visto frecuentar la casa de una mujer de enigmático pasado, a quien todo Londres conoce, señala amantes y acusa de chantajes; ella entonces busca evidencias y las encuentra en los extraños horarios de su marido y en una serie de transferencias de dinero que ha realizado últimamente a nombre de la mujer. En esto aparece un amigo que está enamorado de la joven esposa, y a quien ella ha rechazado sin dudar, pero con toda la historia de su marido con la otra empieza a pensarse la posibilidad de aceptar al otro; entonces el joven matrimonio celebra una recepción y él le pide a ella que invite a la otra, a lo que ella se niega pero él se sale con la suya, provocando que la otra aparezca en su propia casa, una mujer muy atractiva y con don de gentes por quien inmediatamente ella siente una aversión insufrible, lo que la impulsa a decidir que va a fugarse con el otro, y con tal intención deja una nota a su marido y se marcha a la casa del amigo. El abanico del título, que le había regalado su marido, hace aquí acto de presencia: cuando llega a la casa del amigo éste no se encuentra allí, pero al poco rato aparece la otra y hablan, situación donde se mezclan los reproches de ella, las disculpas de la otra y la confesión de ésta de haber leído la nota que dejó, y a la cual el marido no ha tenido acceso; hasta que llegan los hombres -el amigo, el marido y alguno más- y ellas se esconden pero el abanico queda olvidado y a la vista de todos. Cuando descubren el abanico, a la otra no le queda más remedio que hacer acto de presencia para reclamar su posesión, aun a costa de su propia reputación; finalmente se desvela que la mujer es la madre de la joven esposa, que estaba recibiendo dinero del marido para evitar que se diera a conocer a la hija, quien cree que su madre murió en el parto. La obra concluye sin que la madre desvele su verdadera identidad, pero recibe de su hija una foto en que aparece ella con su bebé y, como muestra de afecto, le obsequia el propio abanico, que se convierte en un símbolo del secreto entre la mujer y el marido de su hija.

Toñi dice que tiene en casa El retrato de Dorian Gray, que hace tiempo desea leerlo y que tras esta sesión ha decidido que llegó el momento. También ha apuntado como lectura pendiente el libro biográfico Oscar Wilde en París, que ha comentado Maite.

Isabel, que no está presente en la sesión, nos cuenta por teléfono que ha leído El último testamento de Oscar Wilde, de Peter Ackroyd, novela biográfica sobre el autor, que le ha encantado y, aunque no sabe cuánto hay en ella de ficción, le ha hecho admirar -y lamentar- la vida y pasión del autor.

 

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11 de junio de 2014: Robert Louis Stevenson

Reunidxs: Isabel, Lali, Rufino, Maite, Consuelo, Marijose, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel lee los datos biográficos sobre el autor editados en El poder de la palabra; indica que Stevenson fue un novelista, ensayista y poeta escocés, cuyas obras más célebres se han convertido en clásicos de la Literatura juvenil. Estudió una ingeniería por tradición familiar y Derecho, pero pronto sintió que su inclinación a la literatura era irresistible, y durante toda su vida no declinó su afán por perfeccionar su prosa. Sufrió desde joven de tuberculosis, lo que le obligó a buscar climas más apropiados que el de su tierra natal, iniciando viajes (en canoa, burra, a pie por el sur Francia…) cuyas descripciones publicó, logrando cierta relevancia; en uno de esos viajes por California conoció a Frances Osbourne, divorciada estadounidense con quien se casó. La popularidad de Stevenson se debe principalmente a sus novelas y relatos de aventuras, de excepcionales argumentos; a continuación, Isabel menciona varias de estas obras y hace un comentario respecto a ellas: sobre La isla del tesoro destaca que en sus páginas se enfrentan, ante su jovencísimo protagonista, el bien y el mal, representado éste por el pirata John Long Silver, de cuyo nombre se pregunta Isabel si hay traducción al español, a lo que Luis señala que “John el Largo”; respecto al Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Isabel recuerda que la historia gira en torno a una fórmula química que ha descubierto el protagonista, y cuya ingestión provoca una transformación radical de personalidad; también menciona Flecha negra, El señor de Ballantree y Weir of Herminston; esta última, que dejó inconclusa, se adivina que pudo ser una obra maestra, ya que la crítica considera alguno de sus pasajes como de lo mejor de la literatura escocesa. Isabel añade durante un crucero de placer por Samoa, el autor quedó prendado por el lugar y decidió quedarse a vivir allí, donde los nativos le conocieron por Tusitala (“el que cuenta historias”), y donde murió y fue enterrado a los 44 años. Mercedes muestra una serie de fotos que ha extraído de Internet, donde se ve la evolución que siguió la apariencia de Stevenson, principalmente por el cambio de vestimenta; al hilo comenta Pilar que siendo muy niño le vestían como a una niña. Por último, Isabel comenta que ella ha leído para la ocasión un libro de relatos, Fábulas, editado en España por Rey Lear; también leyó hace tiempo El diablo de la botella, un relato donde aparece el objeto del título cumple los deseos de su poseedor, y se dice que durante un tiempo la tuvo Napoleón y gracias a ella ganó batallas.

Luis resalta la faceta ensayística de Stevenson, y recuerda que mantuvo estrecha amistad con el novelista norteamericano Henry James quien, al igual que su compatriota T. S. Eliot, se estableció en Inglaterra y se considera inglés por adopción. Destaca que el autor valoraba el esfuerzo de componer una novela, por su extensión en comparación con la escritura de un relato, para lo cual decía que sólo era necesario papel y algo de tiempo. Indica que, a pesar de la fama obtenida por sus obras más célebres, Stevenson ha tardado en lograr el reconocimiento de la alta esfera literaria, y que en una Historia de la Literatura editada en Cambridge, no se le consideraba relevante, y en ella sólo destacaban su casaca y su pelo largo (recuerda Lali su aspecto bohemio, acorde con su vida); Luis añade que fue Henry James quien se encargó de ensalzar su memoria, y que con Stevenson ha sucedido algo similar a lo ocurrido con Kafka, quien por su popularidad quedó durante un tiempo al margen de los estudios académicos. Acerca de La isla del tesoro, indica que el autor se basó en experiencias reales sucedidas en los mares de Oceanía y el Caribe, y sobre el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que hay un origen argumental en la psicología experimental en boga, con el uso de fármacos, que en la novela provocan la transformación de la bondad en maldad. Señala Luis que el autor estuvo curándose en Davos, lugar donde se ambienta La montaña mágica de Thomas Mann y también hizo sus visitas terapéuticas Nietzsche (Rufino apostilla que también allí se reúnen actualmente las élites del planeta), y que se quedó en Samoa con el fin de crecer interiormente, tomando el ejemplo del pintor francés Gaugin; a ello comenta Lali que era un lugar bueno para su tuberculosis, y Maite recuerda que Stevenson murió por un ataque cerebral; a propósito de la salud precaria del autor, Isabel estima que su escritura se produjera en tan malas condiciones físicas, a lo que añade Consuelo que no obstante ha dejado un espíritu muy positivo en su obra. Finalmente, Luis recuerda que Stevenson hubiera muerto antes de no haber nacido en una familia adinerada, y que el hijo de Frances revitalizó sus energías, ya que le quería y le estimaba; Isabel comenta entonces que ha quedado sorprendida al saber que Dr. Jekyll y Mr. Hyde es obra suya, a lo que Luis concluye diciendo que contiene una trama pseudocientífica, y que es un libro muy enriquecedor y sin duda recomendable.

Eugenio ha leído algunos ensayos del autor sobre escritura y literatura, y lee un fragmento de la introducción de María Sanfiel a la edición de Artemisa, donde la traductora señala las similitudes que existen entre el panorama literario de la época de Stevenson y el de la actualidad, con el predominio de fórmulas narrativas para el éxito de la obra, valoraciones de calidad en función del rendimiento de ventas o autores que apuestan por el arte pero llenando su prosa de retórica. También destaca un ensayo sobre el realismo, donde el autor advierte que tanto insistir en la descripción de los detalles como forma de dotar de veracidad al relato, puede derivar en una saturación del decorado en perjuicio de los acontecimientos. Eugenio indica que desconocía esta faceta del autor como ensayista y le ha sorprendido gratamente, aunque apunta que como novelista ya lo consideraba excepcional, y los dos obras que ha leído, La isla del tesoro y Dr. Jekyll y Mr. Hyde, son a su juicio obras maestras; recuerda Luis que El señor de Ballantree es considerada su mejor novela, de la cual, indica Rufino, se ha hecho película. Por último destaca Eugenio que Stevenson necesitaba escribir sus obras sin distracción, y que quizá por ello viene al caso el apunte de Luis sobre la dificultad de la novela en cuanto a su extensión, a lo que Pilar señala que no le gustaba parar y Mercedes indica que quizás aprovechara para escribir en los huecos que su mala salud le dejaba tranquilo.

Pilar ha leído dos relatos: Los ladrones de cadáveres y El diablo de la botella; comenta que la literatura de Stevenson no es tan abstracta como la de Carroll, y la lectura de sus obras se hace más ágil; acerca de su salud, indica que no le extraña que estando delicado le sentara mal vivir en su país, pues es horrible el clima de allí, y recuerda al respecto que, siendo pequeño, él y su madre pasaban muchas mañanas encamados por prescripción médica. Sobre El diablo de la botella, cuenta que es una historia protagonizada por el deseo, la ambición y la codicia; se trata de una botella que dentro tiene un demonio que concede deseos a quien la posee, pero los dueños aguantan poco la propiedad y la van pasando, mediante compra y venta, siempre adquirida por un valor superior al de la posterior venta, lo que demuestra que terminan queriendo deshacerse de ella a toda costa, y va menguando el precio hasta quedar en una miseria; Pilar comenta que los propietarios de la botella van descubriendo las consecuencias del sufrimiento que reportan los deseos cumplidos sin más, y Consuelo indica que es el primer cuento de Los relatos de los mares del Sur, y destaca la bondad del primer poseedor de la botella que aparece en el relato, y la relación de un matrimonio que se van intercambiando la botella en un intento de librar al otro de su mala influencia; Pilar concluye que este intercambio no les sale bien. Acerca de Los ladrones de cadáveres, habla de los tratos que se traen los profesores de Medicina por las clases prácticas para las cuales compran cadáveres para diseccionarlos frente a los estudiantes, sin preguntarse la procedencia de los mismos, hasta que se descubre que en el origen de la mercancía hay asesinatos, lo que llega a conocimiento de un médico que sin embargo lo ignora porque considera que es la única manera de conseguir cadáveres (Isabel se pregunta si en este relato está basada la película homónima protagonizada por Boris Karloff); Pilar desvela que el final es muy enigmático y queda ahí un misterio sin aclarar, y al hilo del relato ha reflexionado sobre nuestro presente, en que se puede afirmar que nos sobran cadáveres para la investigación (en la actualidad tenemos una noticia con dimisión de responsable de un almacenaje de cuerpos inertes “como patatas”), y ya no se admiten donaciones, a lo que Rufino indica que hay quien desea donar un cadáver para no asumir los costes del entierro, y abrimos debate sobre la gestión de cadáveres donados a la ciencia en nuestra sociedad avanzada.

Mercedes resalta la relación de Stevenson con los escritores Henry James y Marcel Schwob, e indica que ella ha leído Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Recuerda que Henry y Edward son los nombres de pila del Dr. Jekyll y de Mr. Hyde; sobre esta obra destaca que al año de su publicación ya se había producido una versión cinematográfica en Estados Unidos, que tuvieron ocasión de disfrutar la mujer y la madre de Stevenson; añade que hasta hoy se han hecho muchas película basadas en la novela. Acerca de la relación entre el bien y el mal, subraya que la dualidad de la naturaleza humana está presente en todas las obras del autor. Mercedes lee un fragmento que contiene lo esencial del argumento, cuando al tomar la pócima que lo transforma, el protagonista siente que ambos seres viven en su interior y están arraigados profundamente en él: forman la dualidad primitiva del ser humano, que ha encontrado dentro de sí mismo; entonces reflexiona y asegura que “el hombre no es verdaderamente uno”, y con el tiempo y la investigación se ha de descubrir la multitud que lo habita. La novela comienza con dos transeúntes que charlan frente a la fachada de la casa del protagonista, y su conversación les lleva a una anécdota de días atrás cuando un individuo arrolló a una niña en plena calle sin detenerse a socorrerla; luego habría entrado en casa del Dr. Jekyll, y a continuación habría pagado el silencio de los padres, con un cheque donde estampó la firma del doctor; uno de los transeúntes es abogado, y sabe que el Dr. Jekyll ha cambiado su testamento en favor de un tal Mr. Hyde, a raíz de lo cual comienzan a indagar sobre este extraño suceso. Mercedes indica que el protagonista es un hombre en quien predomina la bondad, dedicado a ciertos experimentos químicos cuyo resultado no es el que esperaba, y que le obligan a continuar el tratamiento con una frecuencia que se le va descontrolando; Isabel comenta que al final vence el Mal sobre el Bien, y Luis señala que la estructura formal del relato es muy propia de Poe, a quien Stevenson conoció a través de Baudelaire, por quien sentía admiración como consecuencia de su cariño hacia la lengua francesa, lo que explica que su segundo nombre -Louis- sea francés, a propósito de lo cual Consuelo indica que el padre del autor le cambió el nombre por su semejanza con el de un político peligroso. Lali señala que la pregunta sobre qué pasaría si se diera libre curso a la dicotomía bondad-maldad, proviene de un poema de Las flores del mal del mencionado poeta francés, y Mercedes concluye resaltando los estudios posteriores en torno a la obra de Stevenson, entre los que destaca los diagramas de Nabokov, confeccionados para analizar la relación entre las entidades en conflicto.

Lali lee un texto sobre el autor donde señala que su obra es una alegoría moral en la que siempre hay contraposición entre el bien y el mal; llama a Stevenson “cantor del coraje y la alegría”, y destaca su maestría al haber mostrado los fenómenos de la personalidad escindida en Dr. Jekyll y Mr. Hyde, que califica de novela psicológica de horror. También resalta su obra ensayística, y señala que Stevenson ha tenido cierta continuidad en excelentes autores como Conrad, Chesterton, Well, Graham Greene (que fue su sobrino lejano), y los argentinos Bioy Casares y Borges (a ello matiza Luis que sobre todo influyó en Bioy Casares). Lali lee a continuación algunas frases del autor, y en torno a La isla del tesoro comenta que para la apariencia de John Long Silver, sigue el modelo de un contemporáneo suyo, el poeta inglés William Ernest Henley, que llevaba una pata de palo, y a quien comunicó su inspiración por carta (señala Eugenio que el autor no tenía ningún tapujo en confesar sus fuentes de inspiración). Finalmente, Lali menciona a la niñera de Stevenson, Cummie, quien le narraba de pequeño historias de terror que le encantaban, y recuerda que se separó de sus padres por llevar una vida bohemia (Mercedes añade que hubo una reconciliación gracias al esfuerzo de su mujer).

Rufino recuerda que leyó La isla del tesoro cuando era niño, por recomendación de una bibliotecaria; destaca que el protagonismo de esta novela se reparte por igual entre el niño y el pirata cojo, y señala que su autor fue un escritor muy versátil, de gran talento para la narrativa y también para el ensayo, cuya obra, de la que destacan relatos y novelas, fue bien recibida por la crítica, incluidos sus libros de viajes. Subraya la colaboración entre Stevenson y su hijo adoptivo, Lloyd Osbourne, hijo de Frances, así como el viaje que el autor realizó junto a ésta hacia Samos, donde al morir fue enterrado en la cima de una montaña. Respecto a Moral laica, ensayo de Stevenson, indica que hay que escuchar las propuestas que hace y aprender a leerlo como el gran ensayista que fue; por último comenta que su estilo y la ortografía que emplea, en un momento de fijación de palabras y rigidez de normas, destaca respecto a los siglos XV y XVI, en que el uso escrito del lenguaje no estaba normado, a lo que Luis señala que ni siquiera hoy está todo regulado, y en cualquier época hay un estilo imperante y otros que innovan.

Maite señala que ha leído La isla del tesoro hace mucho tiempo, y le gustó; acerca de la biografía del autor, indica que llevó una vida interesante pero muy dependiente del poder del dinero de su familia, que eran una estirpe de ingenieros de faros. Éste habría sido el destino de Stevenson, pero perseveró en su vocación literaria y logró romper con la tradición familiar, algo que a Maite le parece sumamente complicado dado el tradicionalismo de la cultura escocesa. Añade que ha leído una poesía donde se cuenta, con el estilo de los bardos de las canciones celtas, la historia de un pueblo granjero en tiempos de Roma, dedicado a la fabricación de cerveza de brezo, que es invadido por un rey extranjero, que extermina a sus habitantes excepto a un padre y a un hijo a quienes desea sonsacar la fórmula de la preciada bebida; entonces el padre dice que sólo él sabe el secreto, de manera que a su hijo pueden eliminarlo pues no les será útil, y una vez que los invasores arrojan al hijo al río donde se ahoga, el padre les dice que ya se han quedado sin la receta porque él no piensa dársela; recuerda al hilo Pilar que el sabor de la cerveza es distinto en cada lugar donde se fabrica debido al lúpulo que se usa, que le da determinada proporción de amargor en función de su naturaleza. Concluye Maite su intervención destacando la continuidad que la obra de Stevenson encontró en su compatriota -por adopción- Conrad.

Consuelo ha leído el ensayo En defensa de los ociosos, editado en español por Gadir, y le ha gustado mucho; señala que el autor destaca entre todas las virtudes del ser humano la de ser feliz, y señala que ésta se aprende indistintamente tanto de la lectura como de la vida, y que también pese a la experiencia en ambas, es posible quedar sin alcanzarla. Indica que la felicidad es un sentimiento que se transmite al círculo de relaciones familiares, laborales o de amistad, por la persona que la disfruta, y subraya una definición que aparece en la reseña de la contracubierta del libro, donde se dice que este ensayo de Stevenson es un “canto a la vida”; escrito con talento, ironía y una pizca de cinismo, el autor antepone la vida a la lectura, y confecciona una pequeña lección ética cuando afirma que los beneficios de la bondad son anónimos. También menciona Consuelo el ensayo Moral laica, donde Stevenson se coloca al margen de la religión, aunque sin culparla de ningún error, simplemente apartando sus doctrinas de las decisiones morales del individuo; y destaca que el autor haya tenido desde niño tantos problemas de salud y, sin embargo, escribiera textos tan rebosantes de optimismo.

Finalmente iniciamos un breve debate en torno al posible dualismo que convive en nuestros interiores.

 

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Oscar Wilde (1854-1900)

oscar-wilde

 

EL AUTOR

datos biográficos sobre Oscar Wilde en Wikipedia

datos biográficos sobre Oscar Wilde en El poder de la palabra

cronología sobre Oscar Wilde en The Victorian Web

Oscar Wilde tras la cárcel / Javier Marías en Ignoria

Máscaras de Oscar Wilde / André Gide en Isla Ternura

Ensayo: Carta de Gide a Wilde / Luisa Helena Calcaño Gil en ProDaVinci

Oscar Wilde (1854-1900): Del arte por el arte a una cena con panteras / Rodrigo Quesada Monge en Universidad Complutense de Madrid

Oscar Wilde. El dolor ilustrado / Hernán Bravo Varela en Letras Libres

texto de una carta de Oscar Wilde a Robert Ross en Ecos y espejos

Bosie: el retrato de Alfred Douglas / José Emilio Pacheco en Letras Libres

 

SU OBRA

acerca de El abanico de Lady Windermere / Oscar Wilde en Las palabras son mis ojos

París y la Salomé de Wilde en Barcelona, Berlín, Madrid, París y Nueva York

texto e introducción de Salomé / Oscar Wilde en CEIP Severí Torres

texto de Balada de la cárcel de Reading / Oscar Wilde en Universidad Rafael Landívar

texto de A los estudiantes de arte / Oscar Wilde en Ignoria

texto de Guía del matrimonio / Oscar Wilde en Ignoria

 

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4 de junio de 2014: Lewis Carroll

4 de junio de 2014: Lewis Carroll

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Consuelo, Luis, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel lee la reseña biográfica publicada en El poder de la palabra, donde se dice que Carroll vivió sesenta y seis años durante la segunda parte del siglo XIX, y que fue escritor y matemático, y el autor de la célebre Alicia en el país de las maravillas; añade Luis que el nombre con el que firmó esta obra es un seudónimo, y que su verdadero nombre era Charles Lutwidge Dodgson. Isabel indica que estudió en Oxford y también allí ejerció como profesor de Matemáticas, llegando a escribir algún tratado sobre la materia, por ejemplo uno acerca de Euclides, además de las dos obras dedicadas a Alicia y de la novela Silvia y Bruno; comenta que estar en compañía de niñas era su debilidad, a lo que Luis resalta que odiaba a los niños y Lali que era un poco obsesivo, a lo que Isabel indica que estos encuentros sucedían con el permiso de los padres de ellas. Comenta que pudo haber sufrido abusos durante su infancia, y que se le considera un pedófilo pues le gustaba mirar a las niñas y retratarlas con su cámara fotográfica, aunque distingue esta perversión de la pederastia, ya que el pedófilo es un voyeur y no busca el contacto físico; al hilo indica Luis que no se conoce que tuviera relaciones sexuales con nadie. Como fotógrafo, Isabel destaca su gran afición al nuevo invento, que usaba para inmortalizar niñas, disfrazadas o desnudas, y actrices adultas. Acerca de su obra más famosa, resalta que ha sido traducida a infinidad de idiomas, y respecto a su protagonista, comenta que está inspirada en Alice Liddell, a cuyos padres el autor pidió su mano cuando ella tenía trece años; en esta obra, Carroll trata de desenmascarar la hipocresía y presuntuosidad que conllevan las intenciones didácticas de los adultos hacia los niños, mediante personajes inmortales como la Liebre de Marzo y el Sombrerero. Isabel ha leído para esta sesión Alimentar la mente, editado en España por Gadir en 2009, que trata de dar consejos al lector sobre cómo cuidar la mente de los excesos –y defectos- que cometemos con ella, de la misma naturaleza que aquellos que se infligen al cuerpo por culpa de una mala alimentación; hace especial hincapié en las digestiones de la lectura, y lee un fragmento en donde se describe la escena de una consulta al médico de alguien que ha tomado muchos dulces (quiere decir que ha consumido muchos acertijos) y el médico le receta que sólo se nutra de lecturas planificadas, y le prohíbe las novelas y las facturas; el autor señala que una mala alimentación de la mente produce bajadas de ánimo y pesadillas, y que la glotonería en las lecturas puede acarrear una “mente obesa” que tenga dificultades para mantener cualquier conversación, ya que no será capaz de pasar de una lógica a otra con la suficiente agilidad; por último, Carroll ofrece un consejo: hay que seguir un periodo de reposo entre lecturas de al menos cinco minutos, en el cual la mente quede en blanco y asimile lo ingerido; Luis se pregunta cómo puede dejar de funcionar la mente tras una lectura, con todas las cosas que pasan constantemente por nuestro consciente, y Lali indica que a Carroll le gustaba mucho escribir cosas ilógicas, y que ella no entiende el concepto de “mente obesa”, a lo que Pilar replica que puede ser una mente saturada por la lectura. Isabel concluye que lo que escribe Carroll tiene mucha lógica, a lo que Luis insiste en que la lógica de Carroll es la del Sombrerero. Por último añade Isabel que en 1903 se hizo la primera versión cinematográfica, que fue muda, y la última ha sido la protagonizada por Johnny Deep.

Lali ha tenido siempre un ejemplar de Alicia en el país de las maravillas en casa, pero nunca lo ha leído; sin embargo, cuando lo ha empezado para preparar la sesión, no le ha gustado nada, le ha parecido pesado e incomprensible, y se pregunta cómo es posible que a un niño le haya gustado. Añade que esta obra derrocha imaginación y juegos palabras, pero es demasiado absurda; acerca de ella, lee un texto sacado de la Enciclopedia Garzanti, donde se indica que es la obra de literatura infantil más estimada de la cultura inglesa, y que tiene un contenido atractivo para adultos a quienes guste el juego lógico y verbal, desarrollado con tonos cómicos; asimismo, Lali señala que desde la perspectiva ingenua de una niña, se trata de evidenciar la incoherencia del mundo adulto, y cuenta por último las circunstancias en que fue concebida la historia, en un paseo por barca durante el cual Carroll fue solicitado por sus alumnas para que escribiera distintos cuentos, entre ellos uno que no tuviera sentido, sentando las bases de la larga tradición del “nonsense”.

A Toñi tampoco le han gustado los libros de Alicia (En el país de las maravillas y A través del espejo) y comenta que se dijo en su momento que éstos no fueron escritos por Carroll, sino por la mismísima reina Victoria; indica que por lo menos el primero puede leerse, pero que A través del espejo cuenta una historia demasiado absurda.

Rufino señala que todo lo que tenga que ver con las matemáticas, le atrae; y a propósito lee un fragmento del texto editado en Internet por la Asociación Matemática Venezolana, publicado en su Boletín y firmado por José Ramón Ortiz, donde destaca que Carroll fue el mejor retratista fotográfico de niños del siglo XIX, y que su obra de ficción fue, más que literatura para niños, literatura fantástica. Resalta los juegos de palabras basados en la contraposición de términos sobre la base de un “no es lo mismo”, describe la idílica escena del jardín de la Universidad de Oxford donde pasean y se relajan estudiantes y profesores, e indica que la lógica de Alicia es propia de ese mundo imaginado, que a su vez es un reto a la imaginación. A continuación describe varios personajes de la obra, y añade un comentario de un traductor del libro al castellano, Jaime de Ojeda, quien apunta que aquél representa el sueño inglés, manifestación del espíritu de la civilización inglesa, donde destaca principalmente la autodisciplina, que Luis califica de base de la educación victoriana. Por último, Consuelo señala que Alicia ayuda a los niños a crearse una noción fantástica del mundo, aunque a su juicio el autor se excede con la fantasía.

Consuelo ha leído Niñas, una recopilación de cartas y retratos que compuso Carroll y ha editado en España Lumen, con estudio preliminar del fotógrafo Brassai; destaca la obsesión del autor por las niñas, y comenta que podría explicarlo el hecho de haber sido hermano mayor de cinco hermanas. Indica que el libro está compuesto de fotografías de niñas realizadas por Carroll junto a cartas que el autor dedicó a sus modelos, textos que, señala Consuelo, son de lo más raro, con anécdotas de la vida cotidiana del autor donde se mezclan personajes de ficción, aparecen muchos gatos con los que se hacen exageradas crueldades y se juega siempre al sinsentido; sobre las fotos que a Carroll le gustaba hacer, destaca que tratara de enmarcarlas en la naturaleza, quitar al modelo todos los adornos y artificios que fuera posible, y que a partir de que cumplían cierta edad, rechazaba seguir trabajando con las mismas niñas. Recuerda que sus compañeros de colegio se mofaban de su tartamudez, a lo que añade Isabel que su sordera también pudo causarle algún trauma que explicara su visceral rechazo a los niños. Finalmente señala Consuelo que Carroll llegó a convertirse en un importante fotógrafo.

Luis comenta que Carroll vivía en Oxford junto al rector de la Universidad, que era el padre de Alicia; de ella hizo un famoso retrato como si fuera una mendiga, acentuando el erotismo que la religión católica ha recriminado siempre a los harapos, ya que por ellos asoma la carne; al hilo, recuerda a la Virgen de la Buena Leche que se saca en procesión en el toledano pueblo de Esquivias. Recuerda que Nabokov tradujo Alicia al ruso, y la historia en torno a su concepción pudo inspirarle Lolita; así como también alguno de sus pasajes más enrevesados pudo influir en la expresión literaria de Joyce. Acerca de la vida del autor, Luis recuerda que pidió la mano de su musa cuando ésta tenía trece años, a partir de lo cual los padres rompieron toda relación y destruyeron las cartas que Carroll había escrito a su hija; y sobre la obra, indica que el absurdo está simbolizado en la sonrisa del gato de Cheshire, y que el autor enfrenta a los personajes a situaciones límite. Finalmente, Luis recuerda que Carroll y su célebre Alicia ha tenido un buen reconocimiento posterior por parte de algunos grandes autores, lo que debe significar algo.

Eugenio indica que algunos detalles de Alicia en el país de las maravillas, en los cuales se plantea la identidad (la oruga le pregunta a Alicia quién es, y ella contesta que en esos momentos no está muy segura de saber responder) son utilizados por Deleuze para iniciar su Lógica del sentido, por lo que Carroll ha podido influir en el estudio del lenguaje, que impregna la crítica filosófica del siglo XX; asimismo, la noción el tiempo que revoluciona la física posterior y da lugar a la Teoría de la Relatividad, también puede tener sus bases en algunas paradojas matemáticas que trata el autor. Respecto a la fantasía, comenta que hay que diferenciar la fantasía de las Alicia de aquella que se abre en un amplio abanico a partir de las Crónicas de Narnia, ya que este tipo de obras explotan la noción de lo bueno y lo malo desde una separación clara de estos conceptos, algo que no existe en la obra de Carroll. Por otro lado, Eugenio considera que lo que llamamos “educación victoriana” no se agota en aquella época, y en la actualidad hay una corriente muy establecida que sigue aquellos postulados; y sobre la identificación entre la lógica y el absurdo, indica que ambos términos son contradictorios, y en todo caso sucede que el absurdo es una exacerbación de cierta lógica -la de la educación rígida, por ejemplo- hasta desenmascarar su falta de lógica. Por último, señala que el “nonsense” ha surgido a partir de la Alicia de Carroll, pero tiene su raíz en la literatura infantil gracias a un contemporáneo del autor: Edward Lear.

Pilar comenta que, pese al empeño matemático del autor, no le ha gustado la obra, y considera que ésta no es para niños, a lo que Eugenio indica que habría que concretar la edad de estos niños, pues puede ser idónea para un adolescente. Recuerda Pilar que Carroll ganó bastante dinero y dedicó una parte a la beneficencia, y también insiste en lo dicho sobre la pedofilia y las “molestias nocturnas” que el autor padeció siendo niño. Sobre dos de los personajes clave de Alicia, la Liebre y el Sombrerero, ambos calificados de locos, indica que en la época para ambos existía una expresión del tipo “más que loco que…”, porque la liebre en marzo se pone en celo y era habitual que los sombrereros tuvieran problemas nerviosos a causa del mercurio que usaban para tratar la felpa, sustancia hoy prohibida. También cuenta que el autor tomaba drogas para moderar los dolores de la artritis (señala Mercedes que láudano), lo que puede simbolizarse en la oruga que fuma de una narguile, sentada sobre el hongo que hará crecer y menguar a Alicia, lo que puede ser un aviso de Carroll sobre los efectos nocivos del consumo. Por último, Pilar destaca, a propósito del libro que ha leído Isabel, Alimentar la mente, que el relax para la mente que ella se concede antes de dormir es la lectura de recetas de cocina, que le ayudan a “poner la mente en blanco”.

Mercedes señala que ha visto varias películas basadas en Alicia en el país de las maravillas, y que siempre tuvo ganas de leer el libro, pero se ha puesto con él y no le ha gustado, aunque considera que Carroll logró el objetivo que perseguía; resalta que es una obra muy original y recuerda que en el episodio de la rata se transcribe un verso con forma de rabo de roedor. Mercedes subraya el oscuro pasaje en la vida del autor, de su relación con las hijas del rector, con su toma de fotografías y su rechazo de sus varones, a lo que Pilar indica que quizás Carroll fuera homosexual y Consuelo evoca la obsesión del autor por la pérdida de la belleza natural. Mercedes señala que no llegó a ejercer como sacerdote, tal vez debido a su tartamudez, y que consumía estupefacientes, era zurdo, padecía sordera y le afectó mucho la muerte de su madre por meningitis. También resalta su pasión por el teatro, y llama peculiares a las exposiciones que hacía en sus clases de matemáticas; le considera muy creativo, pues muchas de las palabras que inventó en su obra han sido con el tiempo aceptadas por los académicos del idioma. La edición de Alicia más conocida es Alicia anotada, a cargo del matemático Martin Gardner, editada en castellano por Akal; y la obra más ambiciosa de Carroll fue Silvia y Bruno, donde entrecruza dos argumentos: uno que analiza la realidad social de su tiempo y otro imaginario. Luis indica que el último poema de Alicia es un acróstico con el nombre de la niña inspiradora, Lali señala que le ha gustado el primer poema del libro, del que dice que es bonito y rebuscado, y finalmente Mercedes subraya que Lewis Carroll es un seudónimo y explica el origen del mismo: el nombre latinizado y el apellido de la madre.

 

 

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Robert Louis Stevenson (1850-1894)

Stevenson

EL AUTOR

datos biográficos de R. L. Stevenson en Wikipedia

datos biográficos de R. L. Stevenson en El poder de la palabra

Miguel Ángel Bernat: sobre la Moral laica de Stevenson / Javier Alcoriza en Universidad de Murcia

Robert L. Stevenson / Marcel Schwob en Página 12

Marcel Schwob hacia Samoa / Enrique Vila-Matas en El País

Dos aniversarios en el Pacífico: descubrimiento de las Marquesas y muerte de R.L. Stevenson, su narrador / Carlos M. Fernández-Shaw en Revista Cuenta y Razón

 

SU OBRA

obras de R. L. Stevenson en Lecturalia

acerca de La isla del tesoro / R. L. Stevenson en Universidad de Castilla-La Mancha

El doble reflejo: Borges, Stevenson y el juego paródico hacia el concepto de doble/ Alexandre Fiori en Ao pé da letra

texto de Ensayos literarios / R. L. Stevenson en Ayuntamiento de Ataun

texto de Moral laica / R. L. Stevenson en Acuarela Libros

El hombre de la calle y el ojo de la aguja / Daniel González Dueñas en Universidad de México

Memoria para el olvido: los ensayos de R. L. Stevenson / Alberto Manguel en El Cultural

 

 

 

 

 

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28 de mayo de 2014: las hermanas Brontë

Reunidxs: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, Maite, Josefina, Eugenio, Pilar y Mercedes.

Isabel abre la sesión con los datos biográficos sobre la familia Brontë, y cuenta que Charlotte fue la mayor del matrimonio tras la muerte de las dos primeras hijas, Maria y Elizabeth (señala Toñi que ambas víctimas de la tuberculosis), aunque antes de estos fallecimientos se produce el de la madre; pero tras ello el padre no buscó otra pareja (señala Pilar que llamó a su cuñada, hermana de la madre, para que le echara una mano, pero entre ellos no hubo relación de pareja). El padre se llamaba Patrick, era irlandés y estudió teología en Cambridge; cambió su apellido por el de Brontë, se ordenó sacerdote y se convirtió en pastor de Harworth, en el condado de Yorkshire; en la rectoría de este lugar pasaron las hermanas Brontë la mayor parte de sus cortas vidas, en un edificio que aún hoy existe. La madre, que se llamaba Mary, tuvo seis hijos en siete años, y murió antes de que la pequeña, Anne, cumpliera un año de edad, a los treinta y ocho, a causa de un cáncer de estómago o de útero; su hermana Elizabeth, una mujer áspera y de rígidas costumbres religiosas, se hizo cargo de la crianza de sus seis sobrinos. Patrick Brontë, pese a su origen humilde, fue un hombre culto que escribía poemas, cartas y artículos de carácter político, y era autoritario y conservador, aunque sus convicciones eran poco convencionales; educó de forma distinta al varón de la familia, Branwell, que a sus hijas, y mientras se encargaba personalmente de la educación de aquél, a éstas las enviaba a un lúgubre internado donde las dos mayores contrajeron la enfermedad que les provocó la muerte; sin embargo, Patrick era un gran amante de la lectura y transmitió su entusiasmo a sus hijas, siendo permisivo con ellas al facilitarles el acceso a la literatura y a las artes, algo excepcional en aquella época. Añade Isabel que el chico, Branwell, se dedicaba a la pintura (labor que también desarrolló Charlotte, según puntualiza Lali), y a continuación indica que hay muchas versiones cinematográficas de las obras de las Brontë, destacando una de Jane Eyre de Charlotte filmada en 1944, con la colaboración de Orson Welles, y que puede visionarse completa en Internet; acerca de Cumbres borrascosas, Isabel destaca la protagonizada por Lawrence Oliver (que Lali considera la mejor), y señala otra realizada por Buñuel; también anuncia que hay un proyecto de edición de las cartas que Charlotte habría enviado al profesor de quien se enamoró, y que éste trató de destruir pero su mujer las recuperó; comenta que es una relación epistolar de la cual no hizo mención Elizabeth Gaskell en su célebre biografía de la autora, a lo que recuerda Pilar que también su hermano Branwell tuvo una peculiar historia amorosa y Lali señala que Emily tuvo escarceos con sus compañeras en el colegio, a lo que Isabel insiste en que fue en el colegio donde enfermaron las hermanas mayores de tuberculosis y Pilar subraya que las epidemias eran algo normal dadas las condiciones de la época.

Toñi ha leído Agnes Grey, novela de Anne Brontë que tiene carácter autobiográfico; indica que la autora cambia los personajes, pero se basa en su propia vida y describe la historia de sus padres: ella, nacida en el seno de una familia rica, es desheredada al casarse con él. La protagonista de la obra abandona el hogar porque quiere trabajar como institutriz, y recala con unos niños muy maleducados que le hacen pasar una mala experiencia y termina siendo despedida; tras ello sus hermanas se oponen a que vuelva a intentarlo pero ella lo hace, y entonces la familia que la contrata es aún peor que la primera. Toñi señala alguna diferencia entre la vida de Anne y su novela, como que sea el padre de la protagonista quien muere, mientras la madre vive y la ayuda a montar una escuela de señoritas; en otro aspecto, y como al parecer la propia autora, Agnes se enamora del ayudante del párroco. Toñi comenta que la lectura es un poco farragosa, debido a las continuas menciones a la Biblia, pero que se lee bien; también indica que la tía Elizabeth no aparece en la novela, a lo que Eugenio imagina que, habiendo sido tan influyente sobre Anne, ésta debe haberla convertido en la madre de la protagonista; comenta entonces Toñi que la madre de Agnes es una mujer de fortaleza que se echa encima todos los problemas de la familia, tanto antes como después de morir el marido, y que en su figura reivindica ciertos derechos y reconocimiento para la mujer; por último, menciona a la hermana de la protagonista, que pinta como Charlotte, y expone sus cuadros en público y se gana la vida con tan artística actividad.

Rufino ha leído una reseña en Internet sobre Vida de Charlotte Brontë, biografía que escribió su contemporánea Elizabeth Gaskell, autora de novelas como Mary Barton o Norte y Sur; la primera edición de esta biografía sobre la mayor de las Brontë salió a la luz en 1857, tres años después de su muerte; la base de la misma es la erudición de Gaskell, la amistad que unió a ambas durante los cuatro últimos años de la autora y las cartas que ésta y su amiga de infancia Nussey intercambiaron. Para evitar represalias, Gaskell moderó los acontecimientos del periodo escolar de Charlotte, para no recibir denuncias por los hechos en que perdieron la vida sus hermanas mayores, y que en ese momento estaban de actualidad porque un tal reverendo Wilson había sido acusado por su responsabilidad en la muerte de las niñas, y él mismo había escrito una defensa pública refutando las acusaciones contra su gestión. Acerca de su amor por el profesor Heger, al que Charlotte alude en sus novelas, Gaskell tampoco hizo mención, previendo que datos sobre este asunto podían perjudicar la reputación de su biografiada, y teniendo en cuenta que tanto el padre de Charlotte como su marido aún vivían; en definitiva, censuró en la biografía todo acto de la autora que ella consideraba indecoroso. Por último, acerca del fallecimiento de Charlotte, Rufino indica que se produjo a consecuencia de su embarazo, que ya desde el principio había sido nefasto, provocándole deshidratación y tifus.

Maite ha leído varias reseñas biográficas en el blog, y vio algunas versiones cinematográficas sobre las novelas de las hermanas Brontë, que le encantaron; recientemente ha estado de viaje por Inglaterra y ha relacionado su visita con el ambiente literario que se respira en nuestra tertulia. Evoca su paso por Londres, Liverpool, Cambridge, los lagos, los dólmenes de Stonehenge y el propio condado de Yorkshire, y comenta que Londres es la ciudad más cosmopolita, donde el guía les sirvió de cicerone por el Sojo, el British Museum y el “punto cero” de Greenwich. Por último nos comunica que ha hecho una foto en el lugar donde Dickens leía cuentos por un penique.

Josefina ha tomado una biografía de la web y lee partes del texto; comenta que el padre quedó viudo muy joven y con seis hijos muy pequeños, viéndose obligado a enviar a las mayores a un colegio donde las dos primeras mueren de tuberculosis. Lamenta que en aquella sociedad no hubiera muchas posibilidades para las mujeres, y que a pesar de ser inquietas como las hermanas Brontë, no tuvieran cabida en el mundo intelectual (señala Toñi que publicaron sus primeros escritos bajo seudónimos masculinos). Josefina apunta que ellas empezaron a escribir por diversión, durante su infancia, y que tenían unos cuantos soldados de madera a quienes convertían en personajes de las aventuras que se inventaban sobre el imaginario Reino de Angria; subraya que tuvieron mucha imaginación desde muy pequeñas, e indica que, sin considerarse feminista, ella se siente muy indignada al comprobar cómo las mujeres de aquel tiempo no podían desarrollar sus capacidades y todo el sufrimiento que esta impotencia les causaba. Acerca de las Brontë, cuenta que Charlotte viajó a Bruselas para trabajar como maestra en un internado, donde se enamoró del regidor, profesor Heger, un hombre autoritario y poco agraciado que sin embargo la atrajo con pasión, hecho que Josefina interpreta como consecuencia de la falta de cariño que sufría la autora; pero al saber de su enamoramiento, Heger se distanció de ella y entonces Charlotte quiso consolarse escribiendo unos versos que después envió al laureado poeta Southey, quien a cambio de su confianza le espetó su célebre exabrupto: “La literatura no es un asunto de mujeres”; tras esta mala experiencia, Charlotte regresó a Inglaterra y escribió su primera obra, El Profesor, que sería editada tras su muerte. Josefina también hace mención al libro de Gaskell, Vida de Charlotte Brontë, y comenta que es una biografía clásica, que sobre todo destaca la infancia de las hermanas y sus creaciones en torno a la saga de Angria; concluye afirmando la entereza de la autora, que se dedicó a la literatura pese a ser un entorno hostil a su sexo, y que sólo le detuvo la enfermedad, que se llevó por delante a gran parte de su familia, a raíz de lo cual comentamos que una medida preventiva era quemar cuanto hubiera estado en contacto con el enfermo, tras lo que Pilar recuerda los preventorios y Josefina indica que gracias a la penicilina logró frenarse la epidemia.

Eugenio resalta la figura del ayudante del padre, Weightman, quien llevó, durante su corta estancia en Hawort, la alegría y la sociabilidad a los Brontë y a toda la comunidad, convivencia que se quebró cuando murió prematuramente; considera que este hombre rompe en cierta forma la leyenda de aislamiento que envuelve a las hermanas, y destaca que su existencia fue ignorada por Gaskell en la composición de su Vida de Charlotte Brontë, según se cree por la posible comparación entre él y el viudo de su biografiada: que la buena impresión que causó Weightman pudiera ofender a Nicholls. Al hilo comenta Eugenio que hay varias acusaciones de manipulación en esta biografía, que marcó tanto la reputación literaria de Charlotte como la de sus hermanas, ya que pocos datos han circulado sobre sus vidas que no se hicieran eco de la obra de Gaskell, a quien se acusa de excesivamente novelera y de haber hecho prevalecer su propio punto de vista; recoge Eugenio un paralelismo entre la importancia que se concedía a las biografías en la época victoriana y la que se establece hoy en día, y pone como ejemplo la gran cantidad de biografías que se han editado recientemente en torno a Adolfo Suárez, lo que abre un pequeño debate en el que Rufino recuerda la polémica suscitada en torno al libro que ha sacado la periodista Pilar Urbano. Por otro lado, Eugenio comenta que Cumbres borrascosas, la novela de Emily, es una cumbre de la literatura universal, y recuerdar la violencia de sus primeras páginas (a lo que añade Pilar “y de la continuación”); al respecto dijo Virginia Woolf que era una novela “sin yo”, sin una voz narrativa en primera persona, lo que a juicio de Eugenio la convierte en obra de mayor entidad. Finalmente menciona la figura de la criada Tabby, que contaba historias a las pequeña Brontë y a la que Emily dio voz en su célebre novela.

Pilar ha leído Cumbres borrascosas y le ha parecido una novela impactante; acerca de la vida de su autora, comenta que su padre era un superdotado que nació en una familia humilde y se hizo a sí mismo, aunque terminó convertido en un misántropo; recuerda la admiración que sentía hacia el duque de Wellington -en su honor vestía una corbata blanca-, y que fue una muy buena influencia literaria para sus hijas, ya que les facilitaba la lectura de prensa escrita, de seis o siete periódicos, y ellas estaban acostumbradas a hacer tertulias sobre diversos temas y componían pequeños libros desde muy temprana edad. Acerca de la novela de Emily, dice que registra diversos sentimientos oscuros, como la perversidad y la venganza pero sobre todo el odio; Pilar se pregunta quién lo ha provocado y responde que es el padre, quien sale un día de viaje y promete a su regreso traer como regalos al hijo un violín y a la hija un látigo para su cabalgadura, pero cuando vuelve lo que trae es un niño abandonado, que se queda a vivir con ellos y terminará recibiendo de él más atenciones que sus propios hijos; para ilustrar el pasaje, lee un fragmento que considera clave, cuando el padre descubre al niño del que dice que es un “don de dios”, aunque por lo oscuro de su piel pueda parecer un “enviado del diablo”. La trama de la novela se desarrolla a partir del hecho de que la hija y el niño adoptado terminan enamorándose, y éste, al ser rechazado por el hijo cuando hereda, se llena de rencor y termina vengándose. Pilar indica que Emily muestra todo el odio que es capaz de sentir un ser humano, a lo que Lali señala que, pese al amor que sienten los dos protagonistas, no existe relación sexual entre ellos; por último se discute el origen de los males, a lo que Lali recuerda que al protagonista le trataron muy mal de pequeño y Pilar subraya que fue bastante desagradecido con quienes lo acogieron.

Mercedes leyó hace tiempo las obras más significativas de las tres hermanas Brontë: Cumbres borrascosas de Emily, Jane Eyre de Charlotte y Agnes Grey de Anne, y para esta sesión se ha puesto con Villette, de Charlotte, que lleva por la mitad. Recuerda que en 1845, Charlotte descubrió unos poemas de Emily que la cautivaron, y convenció a sus hermanas para que editaran los versos que hasta entonces habían escrito, y que publicaron a continuación bajo seudónimo (Currer, Ellis y Acton Bell), de los cuales vendieron sólo dos ejemplares. Acerca de Villette, indica que la primera edición completa se ha publicado recientemente, ya que ha estado durante muchos años mutilado por las ideas religiosas que contiene, consideradas peligrosas; la autora se basa en su propia vida, y narra que la protagonista trabaja como institutriz para una niña, después cuida a una persona mayor que desea nombrarla heredera pero muere antes de hacerlo, y finalmente se convierte en profesora de inglés en un internado. Mercedes resalta que la narradora hace continuas llamadas de atención al lector, para opinar sobre algún pasaje o personaje, y lee un fragmento donde se compara el objetivo de la educación católica con uno similar al que tuvo Lucifer. Concluye corroborando que le gusta mucho el estilo de Charlotte.

Lali lee un texto propio sobre la vida de las hermanas Brontë y sobre su lectura de Cumbres borrascosas. Señala que el padre era un pastor anglicano, egoísta, irascible y dominante, que negaba a su familia una serie de comodidades y les mantenía apartados de la vida social, llegando a tal extremo su hosquedad que comía solo en su dormitorio. De la etapa que vivieron en los internados, Charlotte dio buena cuenta en Jane Eyre, como ha señalado Toñi, de los castigos y el terror que en aquellos lugares, y señala que este periodo endureció el carácter de Emily, de quien dice que fue irritable, trabajadora y varonil, montaraz y solitaria. De Cumbres borrascosas, de la que indica no se parece a ninguna otra novela del momento, Lali resalta que lo más representativo es que el autor sea una mujer, ya que en sus estilo y contenido son áspero, con pasiones desenfrenadas y un ambiente angustioso, que provocan una lectura ciertamente morbosa; sobre su concepción se dice que pudo haber tenido que ver el hermano de la autora, Branwell, e incluso se asegura que pudo haberlo escrito él. Lali señala que a pesar de la pasión que une a los protagonistas, no hay amor físico, y se pregunta si Emily lo conoció, aunque recuerda que durante su época escolar escribió poemas de amor. Finalmente tilda la novela de romántica y gótica, mezcla en que el héroe tiene carácter satánico y muy poco victoriano, y recalca que los dos personajes que viven esta turbia relación parecen haber surgido del interior de la propia autora.

 

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