Swift, Jonathan (1667-1745)

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AUTOR

Jonathan Swift en Wikipedia

Jonathan Swift en El poder de la palabra

Jonathan Swift en Biografías y vidas

Jonathan Swift en Temática cristiana

Biografía de Jonathan Swift [descarga instantánea en documento de texto] en UCM

Vida de Jonathan Swift / Samuel Johnson en Scribd

Swift y la locura del mundo / Fernando Huici en El País

OBRAS

texto de Los viajes de Gulliver en Wikisource

Gulliver: viaje a través del tiempo / Lluís Busom en Dialéctica

texto sobre abogados en Los viajes de Gulliver / Jonathan Swift en Juristas UNAM

«Gulliver» y «El Enano» / Mariano Baquero Goyanes en Cervantes Virtual

sobre Cuento de una barrica / Jonathan Swift en Wikipedia

texto de Modesta propuesta / Jonathan Swift (trad. Adriana Arrieta) en Antología (no tan) arbitraria de textos

Desde la «Modesta propuesta» de J. Swift hasta las «Casas de engorde» / Ernesto Garzón Valdés en Cervantes Virtual

Memoirs of Martinus Scriblerus en Ser y Humano

El patriota hibernés : una aproximación a la sátira política de Jonathan Swift / Pedro Domínguez Caballero de Rodas en Universidad de La Laguna

Entre razón y locura / Blanca Acinas Lope en Cervantes Virtual

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8 de mayo de 2013: Margaret Cavendish

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Pilar G., Josefina, Eugenio y Mercedes.

Isabel lee la entrada de la Wikipedia sobre la voz /Aminta/ y nos cuenta las circunstancias que rodearon la elección de este nombre para la Asociación: tiene origen griego, significa protectora, se refiere a una diosa de la libertad y existe un drama pastoril del siglo XVI firmado por el italiano Torcuato de Tasso; también nos invita a la convocatoria de este año del Certamen de Pintura 100×100, donde ella ha participado en otras ocasiones, obtenido en alguna de ellas un premio y logrado vender alguna de sus obras; Toñi comenta que ella también pinta, que actualmente está copiando una gorda de Botero saliendo de la bañera y que va a exponer una de sus obras en la próxima Exposición de pintura que se va a realizar en las salas del Centro de Mayores de Río Genil, en Móstoles.

Sobre la autora del día, Margaret Cavendish, Isabel indica que hay muy poca información en castellano sobre ella y que ninguna de sus obras se ha traducido a nuestro idioma. Lee algunos datos biográficos: murió con cincuenta años y su nombre de soltera fue Margaret Lucas; fue la segunda esposa del Marqués de Newcastle, una prolífica escritora y dama de honor de la reina Enriqueta-María de Francia; tras la Restauración de la dinastía jacobita, el nuevo rey Carlos II convirtió a su marido en Duque y, por extensión, ella se convirtió en Duquesa. Comenta Isabel que fue muy famosa en su tiempo por participar en las discusiones científicas que su marido organizaba, llegando a ser la primera mujer que entró en las dependencias de la Royal Society de Londres (Eugenio señala que ninguna otra mujer lo hizo hasta trescientos años después, y que si Cavendish pudo hacerlo fue porque su marido tenía un importante poder financiero sobre aquella sociedad científica). Margaret Cavendish publicó sus obras sin seudónimo, por lo que causó mucho escándalo y recibió muchas críticas; sin embargo, obtuvo el apoyo del rey, quien autorizó su enterramiento en la Abadía de Westminster; su marido, el Duque de Newcastle, murió tres años después de fallecer ella (Isabel se plantea cuál pudo ser la causa de su muerte, ya que ésta no se encuentra en ninguna de las fuentes consultadas, y especula si no sería envenenada, dado que le sobrevino a una edad relativamente temprana; Lali indica que, en su opinión, Aphra Behn fue una mujer mucho más molesta para el establishment de la época, y sin embargo nadie trató de liquidarla). Isabel señala que la novela más relevante de Cavendish es The New Blazing World, considera por muchos la primera novela de ciencia ficción, de corte fantástico y visionario que antecede a Jules Verne, y donde aparecen hombres-pez (y hombres-pájaro, añade Mercedes); María José explica que la novela trata de otros mundos de características diferentes al nuestro a los cuales se accede a través del Polo Norte, y Lali señala que le recuerda un correo electrónico que ha recibido hace poco donde se enumeran los posibles avances técnicos que el futuro nos deparará, en frentes como la cura de enfermedades o las comodidades domésticas, a lo que Isabel responde advirtiendo las contraindicaciones que todo avance trae consigo; finalmente se abre debate donde surgen las lavadoras y la higiene corporal. Por último, Isabel subraya que la autora le ha parecido una mujer muy creativa y sofisticada.

Eugenio dice que al primer contacto con Cavendish le ha parecido excesivamente excéntrica, del tipo de personas que opinan sin saber bien lo que dicen, alardeando de criticar el experimentalismo, vanguardia de la ciencia en aquellos tiempos gracias a Francis Bacon, cuestionamiento que normalmente se hace desde una posición idealista o religiosa radical; pero que luego ha descubierto que no es el caso de la autora (Pilar G. señala que ella ha encontrado una contradicción entre la colección de telescopios que poseía, según parece superior a la que tenía la propia Royal Society, y su advertencia sobre el engaño al ojo humano que tanto telescopios como microscopios pueden provocar). Eugenio indica que la lectura del texto de Lucas Margarit que ha encontrado en Internet le ha hecho cambiar de opinión respecto a la autora, y ha comenzado a verla como una mujer osada que, sin disponer de un acervo cultural de importancia, supo discutir las teorías científicas en boga en su tiempo; respecto a su crítica del experimentalismo, cree Eugenio que Cavendish advertía de la necesidad de interpretar lo que se viera con el uso de aquellos instrumentos, y acerca de su postura respecto a la teoría atómica, la posición de Cavendish era más cercana a Lucrecio (del clásico poema De rerum natura pudo hacer concebido su idea de otros mundos posibles) y si hizo frente al mecanicismo determinista de Gassendi, no lo hizo gratuitamente sino defendiendo la autonomía total de la materia, contra la idea de aquél de que existiera un Primer Motor de corte aristotélico que diera movimiento al universo. Por otro lado, a Eugenio le ha gustado la ironía que emplea Cavendish a la hora de disculparse ante los filósofos en el prólogo de sus Atomic Poems, pidiendo que le perdonen su ignorancia, y que para ello tengan en cuenta que siendo mujer no tiene capacidad suficiente para razonar a la altura de ellos; indica Eugenio que cree que Cavendish era muy consciente de sus limitaciones, pero que consideraba que éstas se debían a carencias por la educación recibida, consecuencia ésta y no aquéllas de su condición femenina. A continuación, Eugenio lee un texto propio que ha escrito para la ocasión, donde destaca que la teoría científica de la autora es ante todo imaginativa, lo que no invalida que pueda ser apreciada como cualquier otra visión, y recuerda que en nuestros días todavía se discuten puntos que el experimentalismo y la observación de la naturaleza no terminan de aclarar, y que los grandes avances de la Ciencia no lo son tanto del pensamiento científico como de la tecnología, poniendo como ejemplo a Einstein, cuya teoría de la relatividad es en sentido estricto una especulación (y cuyo renombre, señala Rufino, se debe sobre todo a la famosa fórmula que termina llevando a la bomba atómica); al hilo, María José recuerda que actualmente se investiga para demostrar la existencia del bosón de Higgs, Isabel recuerda las cuestiones planteadas por un reciente Nobel de Física, Rufino señala el cuestionamiento sobre los efectos del cambio climático, Eugenio indica que las estadísticas se suponen una herramienta científica fundamental pero muchas veces no son respetadas a la hora de tomar decisiones, Mercedes recuerda que los famosos neutrinos iban a echar a Einstein por los suelos y Rufino se hace eco de un anuncio de envío de parejas a Marte para colonizarlo, en un viaje sin retorno que compara con la anécdota de Hernán Cortés quemando las naves para no regresar del Nuevo Mundo (ante esta noticia, Lali opina que habría que arreglar primero nuestro mundo y después irse a conquistar otros, e Isabel evoca El Planeta de los Simios, que según Lali posee el final más espectacular de la historia del cine, a lo que Josefina recuerda la cantidad de ratas que existen y pueden convertirse en amenaza y, Toñi, las crecientes funciones de los robots). Como conclusión, Eugenio lee un fragmento de un texto sobre la autora escrito por Virginia Woolf, quien la criticó por su excentricidad, pero sin dejar de reconocer su mérito.

Mercedes dice de la autora que fue una mujer muy lanzada y de mente abierta, y lee un texto propio elaborado sobre los datos que ha ido recogiendo. Destaca que formó parte de la Corte del Rey Sol, cuando se exilió con los jacobitas a Francia, y que siempre tuvo un gran interés en pertenecer a la sociedad científica de su tiempo, destacando esos salones que formaban el círculo de debate en torno al conocimiento. Recuerda que los retractores de Cavendish la llamaban “Madge la loca”, y que ella no tenía ningún pudor en rebatir a Hobbes, a Descartes y a los experimentalistas, opiniones propias que expresó por escrito sin ocultar su identidad. Acerca de la novela The New Blazing World, Mercedes indica que los hombres-pez y hombres-pájaro que aparecen en ese otro mundo más allá del Polo Norte, terminan invadiendo Inglaterra, apoyado su ataque con bolas de fuego; en relación con los Atomics Poems, dice que participan de la controversia en torno a la teoría atómica, que quieren ser una alternativa al mecanicismo dominante y que puede decirse que Cavendish insertó con ellos el feminismo en el universo que describe De rerum natura (recuerda María José que ya cuando vinos a Hobbes, el poema de Lucrecio estuvo muy presente). A Mercedes le ha gustado la idea que expone la autora de que la mujer, ya que parece destinada a la costura, debería dedicarse a tejer su propio cerebro, y como conclusión lee un texto de Virginia Woolf donde se describe a Cavendish con todas sus extravagancias, desde la huida del laboratorio con las enaguas ardiendo a aquel célebre grito con que llamaba a su amanuense (se dice que lo contrató porque su cabeza iba más deprisa que su mano): “John, corre, ven: ¡tengo una idea!”.

Rufino indica que la autora se casó con un duque treinta y un años mayor que ella, y se pregunta si no pudo encontrar un hombre más joven, a lo que Eugenio supone que se sintió atraída por la posición intelectual y los conocimientos de quien habría de ser su marido. Dice Rufino que Cavendish empezaba a especular sobre cualquier cosa que estimulara su inteligencia, y que por eso se dedicó con tanta afición a la física, que en aquella época se denominaba “filosofía natural”; en 1653 se publican los Atomics Poems, cuyos elementos básicos son ensoñaciones acerca de las teorías atómicas en boga; menciona que apareció un día en el teatro con un vestido de encaje que dejaba adivinar sus pezones, a lo que indica María José que ella misma se hacía su ropa y la de sus criados. Rufino señala que la autora se quejaba de haber recibido una educación paupérrima (“música, baile y saber estar”), acorde con su condición de mujer y no con su capacidad intelectual, y también denunciaba la subordinación política y el desamparo al que estaban sometidas socialmente las mujeres, y por lo que se la ha situado más cerca del feminismo que de la actividad científica; Lali comenta que en España y en la misma época, y al margen de otras circunstancias políticas y religiosas, no había mujeres que se entregaran a la actividad científica en vez de optar por el misticismo. Rufino recuerda el experimento de Boyle al que asistió Cavendish en la Royal Society (y del que Eugenio cuenta que consistió en un experimento químico en el cual Boyle introducía un cordero en ácido sulfúrico) y se hace eco de una frase de la autora, quien habría asegurado que era “preferible ser ateo antes que supersticioso”. Rufino señala el gusto por la fama de la autora y que formó una tertulia con personas de su entorno denominada “Atomic Circle”; indica Mercedes que en aquellos tiempos la física estaba de moda y eso le dio a la autora más popularidad, y María José insiste en que Cavendish se alimentaba en “el jardín de su marido”.

María José indica que existe en la actualidad una Sociedad Internacional Margaret Cavendish, surgida tras una Conferencia Cavendish celebrada en Oxfort en 1997, y cuyo objeto es la difusión de la obra de esta autora. Señala que el Atomismo era muy popular en el s XVII y recuerda el contenido de la introducción que Cavendish escribió a sus Atomic Poems, donde expone su teoría: existen cuatro elementos formados por átomos de variadas formas y actividad, aunque iguales en peso y materia; estos átomos y los cuatro elementos que componen, coexisten en armonía o se relacionan caóticamente, generando respectivamente salud o enfermedad; señala María José que el sistema físico de Cavendish es básicamente cooperativo, lo que asocia con su toma de postura en asuntos políticos y religiosos. Respecto a la estructura de los poemas, María José indica que son pareados rimados y que ha leido algunas traducciones y le recuerdan mucho a Gloria Fuertes (Eugenio comenta que usa un lenguaje muy sencillo y al tiempo muy didáctico, y que a él le parece una buena manera de enseñar a los niños esta teoría científica, que hoy es considerada como la más cercana a la realidad); María José lee alguno de estos poemas, extraídos del estudio realizado por Pilar González Duranza (indica Lali que hay una teoría que dice que el cuerpo humano está compuesto de estrellas y por ello nuestro origen es cósmico, a lo que Mercedes señala que no es difícil alcanzar el saber suficiente para conocer nuestro origen; por último, María José evoca la lírica teoría que afirma que “estamos hechos de la materia de los sueños”).

Pilar G. indica que a la autora la tenían por loca en la Corte, pero sin embargo fue sepultada con todos los honores, de donde deduce que fue muy estimada por Carlos II. Señala que las críticas que recibió venían de aquellos que no deseaban que una mujer tuviera acceso al terreno que consideraban exclusivo de los hombres, y que por eso se burlaban de sus extravagancias, de sus poemas de corte científico, de su novela fantástica y de la escuela de confección que creó.

Concluye Mercedes indicando que le habría gustado mucho conocerla, y Eugenio recuerda una de sus obras, Female Orations, donde pone voz a distintas mujeres en un debate sobre la condición femenina en el que cada una de ellas va exponiendo sus argumentos contrarios o a favor de la emancipación.

 

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Delarivier Manley (1663-1724)

e-1714-0007

LA AUTORA

Delarivier Manley en Wikipedia

Delarivier Manley : un esbozo biográfico en Scribd

A political biography of Delarivier Manley [pdf, en inglés] / Rachel Carnell

SU OBRA

textos [en inglés] de Delarivier Manley en Emory Women Writers

textos [en inglés] de Delarivier Manley en A Celebration of Women Writers

(1663-1724)

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Maggie imagina / EUGENIO

Imagino a Margaret Cavendish que imagina el mundo que otros imaginaron mientras eludían de su imaginación todo brote de imaginación. No necesitaba extravagancias, pues ya su sola presencia era extravagante, pero imagino que utilizaba su presencia extravagante, no para llamar más la atención, sino para que hartos de contemplar su imagen anunciadora del mundo resplandeciente que imaginó posible, volvieran los ojos cegados hacia sí mismos y allí, en el mismo lugar donde ella en sí misma descubrió un día que con imaginación podría, no sólo crearse un mundo, sino aún con más razón inventárselo y todavía con más razón -la razón imaginaria- crearlo, allí descubrieran, ellos cegados y ellas tan deslumbradas (a veces), descubrieran que toda la ciencia, como antes la poesía, la literatura, la política y la religión, no podría consistir más que en un acto de la imaginación, un efecto imaginario al que ella, como mujer loca y extravagante, podía llamar por su nombre. Imagino que su condición noble, su título y la mucha imaginación que le echó a la manera en que podía ser famosa sin abandonar su vanidad, su buen humor, su actitud provocativa y, en fin, su imaginación, favorecieron en mucho el éxito de su empresa, pero las causas, como en una fantasía de átomos, quedan en segundo plano. ¿No hemos construido hoy, ilustrados y más científicos que nunca, un mundo por completo imaginado? ¿Ha sido más eficaz el método de Francis Bacon o lo hubiera sido el de la duquesa de Newcastle, a la hora de establecer paradigmas y organizar y guiar a la sociedad? Más valiosa que toda experiencia en un mundo de fatalidad y contradicciones, parece ser la imaginación. Imagínense.

No culmina avance científico en los albores del Tercer Milenio

Todo parece dislate tecnológico

Bajo la arrogante supervisión religiosa

Que es, precisamente,

La mortal enemiga de la verdadera ciencia

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24 de abril de 2013: Daniel Defoe

 

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Pilar G., María José, Seve, Luis, Josefina, Eugenio, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel lee algunos datos biográficos, empezando por que el autor nació en 1660 y murió en 1731, a lo que Luis puntualiza que el año de nacimiento no está muy claro, y que oscila entre 1659 y 1661. Isabel dice que Defoe fue muy prolífico, dejando más de quinientos títulos en su haber; fue hijo de un comerciante y hacia 1700 antepuso a su apellido la partícula “De”, dándole un toque aristocrático. Sus primeros pasos los dedicó al comercio textil, actividad que le procuró una experiencia muy variada, ya que viajó mucho y conoció diversos países; como enemigo declarado del monarca católico Jacobo II, participó en la fracasada sublevación de Monmouth, y más adelante, ya con Guillermo III en el trono, trabajó para el Gobierno, con su Ensayo sobre los proyectos, o sobre la Educación de las mujeres, y más concretamente con el poema satírico El verdadero inglés, dirigido contra aquellos que recelaban del monarca de la casa Orange-Nassau por su origen holandés (Mercedes indica que en este poema hay una crítica explícita de la iglesia anglicana); también menciona Isabel el libelo El medio más eficaz contra los disidentes, donde Defoe, en tono irónico, enumera las medidas a tomar contra quienes, como él, no comulgaban con el poder anglicano, en una reivindicación de tolerancia religiosa que, una vez descubierta su autoría, le valió la condena por difamación y una visita a la cárcel, de donde terminó sacándole el político Robert Harley a cambio de que ejerciera su retórica con fines propagandísticos a favor de su partido. Así inicia Defoe su carrera en el periodismo, desarrollada principalmente entre 1704 y 1713, mediante la composición de artículos y de una revista llamada The Review, donde emitía su opinión favorable a la política gubernamental, y la cual, comenta Luis, le fue posible mantener gracias al apoyo financiero de un mecenas; también al servicio del gobierno de entonces, cuenta Isabel que el autor emprendió campaña en favor de la unión con Escocia (estando en el trono la Reina Ana, subraya Luis). Isabel destaca que Defoe siempre estuvo perseguido por acreedores, y que agobiado por las deudas no le quedó otra que vender al mejor postor su talento literario; pero ya cumplidos los sesenta años de edad, comenzó a componer la obra que lo ha inmortalizado: de 1719 data la publicación de Robinson Crusoe, convertido con el tiempo en un gran clásico de la Literatura Juvenil; y entre otras muchas novelas destaca Moll Flanders, cuyo estudio de la naturaleza humana, de la motivación de los actos y de la repercusión de la pobreza en la vida de sus protagonistas la convierte, a juicio de muchos, en su mejor obra; y acerca del Diario del año de la peste, Isabel indica que en ella el autor manejó datos fidedignos, y Luis apunta que en ésta consolidó su espíritu periodístico y Lali apostilla que puede leerse como el diario de alguien que ha vivido una experiencia de ese calibre. Volviendo a su obra más conocida, Isabel enumera varias versiones cinematográficas de Robinson Crusoe, destacando la dirigida por Luis Buñuel en 1954, otra más reciente protagonizada por Pierce Brosnan y una serie de televisión realizada en 2008; en total, comenta, hasta trece películas, sin contar las de animación; Valentín indica que el Náufrago del actor Tom Hanks podría considerarse una especie de Robinson, y Mercedes dice que podría serlo aunque “ambientado en la actualidad”. Sobre su lectura de Robinson Crusoe, Isabel comenta que es un libro muy entretenido y que le ha gustado, a lo que Valentín recuerda que está en todas nuestras casas, junto a otros clásicos como La cabaña del tío Tom; añade Luis La isla del tesoro y Mercedes y Pilar nombran títulos de Jules Verne.

Pilar G. deduce de los datos biográficos que ha recogido de Internet que Defoe era un tanto vividor, y le ha llamado la atención que tuviera siete u ocho hijos. Acerca de su obra, destaca la novela histórica Memorias de un caballero, de 1720, donde el autor relata una serie de aventuras enmarcadas en la Guerra de los Treinta Años y las guerras civiles inglesas; Pilar G. se pregunta el alcance de estos enfrentamientos, en comparación con la Guerra Civil Española, a lo que Luis responde que sobre la Guerra Civil Española se han escrito muchos más libros que sobre cualquier otro conflicto bélico de la Historia, llegando a manejarse cifras desorbitadas como la que muestra Ricardo de la Cierva en una bibliografía hecha al respecto, donde asegura que existían doscientos mil títulos, cantidad que a Luis le parece algo exagerada; Lali opina al respecto que quizá en otras épocas no pudieron conservarse tantos testimonios, o no hubo personas con capacidad para trasladarlos al papel, y Pilar G. concluye suponiendo que, por alcance del desastre humanitario no sería, dado que una guerra que dura tres décadas tiene que ser por fuerza mucho más devastadora.

María José ha leído Moll Flanders y le ha encantado; ya había visto la película, pero dice que no tiene nada que ver la novela. Fue escrita entre 1721 y 1722 y se la ha relacionado con la novela picaresca española, de lo que María José deduce que el autor pudo trabar conocimiento con el género durante su estancia en España por negocios. María José lee el largo título original completo, donde se esboza todo el argumento, y comenta que todos los datos que maneja Defoe provienen de la vida de dos mujeres, que existieron realmente y habrían terminado siendo deportadas a las colonias, y que este género de las biografías de criminales fue muy común en la época, cuando las confesiones o últimos testimonios de los delincuentes condenados a muerte, se publicaban al día siguiente de la ejecución, convertidos en relatos que el público devoraba con avidez (señala Pilar que aquellos textos debían despertar el morbo de la gente). María José indica que a lo largo de la novela hay descripciones pormenorizadas del sistema legal que enmarca los hechos (el Bloody Code o Código Sangriento) según el cual se castigaba con la horca el simple robo de un chelín; Luis añade que estas penas dependían de la clase social a la que perteneciera el infractor, y Pilar subraya que esas diferencias clasistas perduran hoy en día, pues a cada cual la Justicia le puede tratar y condenar en función de su abogado. María José destaca a Defoe como uno de los inventores de la novela moderna, y sobre su lectura dice que ha sido muy entretenida, y que hay momentos para la risa y también para sufrir con la protagonista; Lali dice que a ella le ha encantado el prólogo que escribió el autor para esta novela, donde advierte que la vida del personaje no es modélica y que no debe ser imitada por los lectores; Isabel resalta que en el mismo año en que publicó Moll Flanders, Defoe escribió otras cuatro novelas más, y añade que a ésta se la relaciona con la posterior Roxana. Por último, María José sólo señala una pega a la novela, y es que los hijos que la protagonista va teniendo, terminan desapareciendo sin que se sepa nada más de ellos; Pilar añade que por estos descuidos recibió muchas críticas.

Seve ha leído Coronel Jack y le ha resultado una lectura muy entretenida, sencillo y fácil de leer. La define como una historia de rateros (diferenciando que no son ladrones, ya que comenten robos a pequeña escala) donde el protagonista, alguien no muy culto pero sí avispado, termina haciendo dinero; y cuenta la anécdota de un compañero del protagonista que visitaba la Bolsa para robar pagarés que después vendía a los firmantes por menos dinero de su valor, “y así todos contentos”. Finalmente, Seve indica que esta novela la escribió Defoe después de Moll Flanders.

Luis dice que la mejor obra de Defoe es Moll Flanders, y que es una novela muy divertida. Sobre el autor comenta que fue algo sinvergüenza, que hizo mucho dinero, sobre todo cuando estuvo negociando la unión con Escocia, pero que se lo gastaba pronto (Lali se pregunta por el mantenimiento de su mucha descendencia); dice que se significó al decantarse contra los jacobitas y los Hannover -en tiempos de la Reina Ana, quien reinaba cuando España salió tan desfavorecida por el Tratado de Utrecht y la pérdida de Gilbraltar-, desde su tribuna pública en The Review, a cuyo cierre se embarcó en otra (señala Mercedes que ésta financiada por un amigo). Luis resalta que el estilo de Defoe no es literario sino periodístico, y pone como ejemplos del mismo los de Tom Wolfe o Arturo Pérez-Reverte, oponiendo a éstos los de Javier Marías y Antonio Muñoz Molina, que define como plúmbeos, a través de los cuales la lectura sirve de aprendizaje sin que el lector sea consciente; añade también que Defoe narra de forma muy literal, con un realismo muy fluido y bien construido, pero insiste que de escasa calidad literaria. Lali se pregunta si el autor tuvo una cultura modesta, a lo que Luis responde que fue un hombre muy instruido y Pilar indica que sus conocimientos pudieron derivarse de su ingente actividad política. Acerca de ésta dice Luis que trabajó indistintamente para los dos partidos de la época, tories y whigs, y que a ambos engañó de igual manera. Concluye subrayando que Defoe es un autor a tener en cuenta en la historia de la literatura, aunque no fue un innovador; y que en política se ofreció al mejor postor, contando con la ventaja de haber manejado mucha información.

Josefina ha leído Coronel Jack y no le ha gustado mucho el estilo porque le parece de principiante; dice que la forma de escribir de Defoe no le ha llenado, y pone como ejemplo cuando crea alguna espectativa de la que anuncia que más adelante hablará y, cuando llega el momento, lo hace con demasiada brevedad. Le ha gustado la historia, y nos hace un resumen: nacido de una pareja bien situada, al protagonista lo dieron en adopción a un aya, que a su vez tenía a otros dos niños a su cargo, también llamados Jack, y que al morir les deja en la calle; sus hermanos se dan al robo pero él se niega, hasta que no le queda más remedio y entonces conoce a un maestro que le trata bien y le instruye en el oficio, hasta que lo cogen y ajustician, lo que obliga al protagonista a volver con uno de sus hermanos y ambos huyen de Londres, pero alguien les engaña y los vende como esclavos camino de Virginia, donde el protagonista, movido por la ambición, termina aprendiendo cuatro idiomas y se enriquece, hasta que se cruza con una mujer que empieza a gastarse su fortuna y hasta allí ha llegado, pues a Josefina le faltan aún unas cuantas páginas para concluir. Mercedes pregunta si esta obra tiene tintes autobiográfico, a lo que Josefina responde que no; y María José indica que los desheredados a quienes conoció durante sus estancias en la cárcel le contaban sus vidas y de ahí pudo Defoe tomar caldo para sus historias. A Josefina le resulta muy curioso cuánto escribió Defoe y en tan poco tiempo, amén de panfletos, revistas y otros textos; se plantea que quizá escribiera por necesidad, porque fue muy trabajador o porque tenía mucha afición a la escritura, y supone que no debía de encontrar tiempo para dormir; Mercedes se plantea si en el futuro no existirá alguna duda sobre la autoría de sus novelas, a lo que añade Josefina que parece ser que alguien le ayudó a escribir, una especie de secretario, y entonces se forma un debate donde se recuerdan las escuelas de ayudantes en actividades artísticas, sobre todo en pintura, donde señala Isabel que el maestro ponía la firma a los cuadros realizados por sus alumnos; extendiéndonos a otros ámbitos, Pilar menciona las tesis de catedráticos de universidad que fueron realizadas por sus alumnos. No obstante, añade Luis, autores más prolíficos que Defoe han existido, y nombra a Balzac, señalando que la fecundidad literaria depende mucho de las costumbres de trabajo de los autores: los hay que no dejan de corregir sus textos y los hay que con una primera redacción se conforman. Por último, indica Josefina que casualmente hoy, 24 de abril, es el aniversario de la muerte de Defoe.

Eugenio destaca que el autor no admitió el calificativo de “novelas” para sus obras literarias, al considerar que este término portaba una carga de ficción que rechazaba: Defoe reclamaba el apelativo de “historias” para ellas, y no cejaba de garantizar su veracidad. Eugenio ha leído un artículo de Virginia Woolf (editado en castellano por Lumen en El lector común) donde ésta subraya que por muy mundanos que fueran los temas y su tratamiento por parte del autor, en Defoe no encontramos banalidades; y acerca de las críticas que sobre su literatura se han vertido, respecto a la ausencia de análisis psicológico en los personajes -y que Eugenio resalta leyendo un fragmento del artículo del Diccionario Bompiani donde se habla de “evidentes incongruencias psicológicas”-, también se remite a Woolf, quien afirma que los personajes de Defoe no son simples, sino que nos son desconocidos salvo por sus actos y sus palabras, lo que a Eugenio le recordó algunos relatos de Faulkner donde es imposible conocer las intenciones de los personajes, cifradas bajo un estilo objetivo del que dice Luis que obliga al lector a no despistarse un sólo instante para no perder el hilo; Eugenio señala que a su juicio a Defoe no le falta capacidad de análisis psicológico, pues sin ella no le habría sido posible llevar a cabo su actividad pública, sino que más bien la ausencia de psicología en sus obras es consecuencia de la finalidad práctica que desea otorgarles, y en la cual toda subjetividad podría interferir. Volviendo a Virginia Woolf, ésta compara a Defoe con Homero, pues ella creció escuchando las aventuras de Robinson como piensa que debieron creer los niños griegos escuchando las de Ulises; también menciona Eugenio una cita de Educación de las mujeres donde el autor achaca la supuesta inferioridad intelectual femenina a la negación de oportunidades educativas, resalta que el articulista del Diccionario Bompiani niega la paternidad de la novela inglesa a Defoe -en concreto su calidad de “fundados de la gran tradición de la novela inglesa”- y se la otorga a Henry Fielding, y recuerda las múltiples secuelas del Robinson Crusoe que han surgido en otros países y culturas.

Pilar considera que el libelo El medio más eficaz contra los disidentes es un claro ejemplo del activismo político de Defoe, y respecto a su compromiso con la tolerancia también destaca que en su obra Capitán Singleton esboza una historia de amor homosexual entre hombres. Recuerda además que el autor fue condenado a padecer la picota, como consecuencia de un poema que escribió hacia esta forma de escarnio público, su célebre Himno a la picota, y durante el cumplimiento de la condena el público le lanzó flores y brindó a su salud. De la negociación que llevó a cabo en Escocia para lograr su adhesión política, deduce Pilar que Defoe fue un hombre ingenioso, astuto y persuasivo, ya que aprovechó el dolor generado por el conflicto para objetivar motivos en contra de la Unión y después exponer sus argumentación a favor, logrando convencer a sus interlocutores; también destaca las impresiones sobre comercio y población que vertió en su Viaje a través de la isla de Gran Bretaña, y resalta su defensa de la igualdad de género al haber afirmado que las supuestas diferencias intelectuales entre hombres y mujeres se deben a una distinción educativa, siendo de las primeras voces masculinas que se manifiestan públicamente a favor de la Coeducación.

Mercedes ha leído Diario del año de la peste y cuenta que Defoe, a raíz de su experiencia durante la epidemia de 1720, ideó un diario sobre el brote de 1665, que tuvo lugar siendo él todavía niño y fue más trágico y devastador; impulsado por la verosimilitud, creó un narrador en tercera persona como autor del diario, compuesto por datos estadísticos, estudio de la situación y crónica de los acontecimientos; resume Mercedes diciendo que al principio las autoridades pretenden ocultar el asunto para no alarmar a la población, ya que el brote se ha iniciado extramuros de Londres; pero finalmente el contagio se extiende por toda la ciudad y surge el caos. Destaca la división administrativa por parroquias, que sirve a las autoridades para concentrar sus medidas, y la organización a nivel de prevención y paliativos, a través de ordenanzas municipales, todo ello puntillosamente expuesto por el narrador, quien va aportando datos y describiendo las evoluciones de los oficios más movilizados: regidores, inspectores, cirujanos, etc.; surgen historias particulares, propiciadas por la clausura de las casas, y los riesgos y contagio de aquellos que supuestamente sanos, salen de los edificios en busca de víveres (entre éstas resalta la historia de un barquero que día a día lleva provisiones a todos los rincones a los que puede acceder a través del río, mediante el cual evita infectarse). También subraya Mercedes la superstición popular, y las manifestaciones de terror de la población, que Defoe a su juicio detalla muy bien; pero critica, al igual que Josefina, las historias que el autor deja para después y luego no trata al nivel de la espectación despertada. Como colofón, Isabel lee un fragmento donde se expone, minuciosamente salpicado de cifras, un análisis de la situación bajo la óptica del sentido común; Eugenio indica que este texto le recuerda a la parte de la novela de Bolaño 2666, que ocupa la mitad del volumen, donde se habla de la escalada de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, enumerando uno por uno tantísimos casos, y de forma más o menos detallada en circunstancias y vivencias, que resulta abrumador pero consigue acercar al lector a la verdadera magnitud de los hechos, que en las simples cifras globales terminarían difuminando.

Lali inicia su intervención recordando que ayer 23 de abril, Día Internacional del Libro, hubo un mercadillo de trueque en la Biblioteca Municipal de Móstoles donde se cambiaron libros por alimentos; a continuación lee el texto biográfico sobre el autor que aparece en el Diccionario Garzanti. Destaca que Defoe recibiera una educación desordenada y que emprendiera diversas empresas comerciales sin éxito; en 1700 se afincó en Londres, donde comenzó su carrera como periodista, compaginada con la confección de libelos y alguna que otra labor de espionaje. Se le considera el fundador del periodismo moderno gracias a The Review, así como un novelista de renombre, principalmente por su Robinson Crusoe, que obtuvo un gran éxito inmediatamente después de su publicación (lo que propició que enseguida escribiera una segunda parte, de inferior calidad), y cuyo protagonista homónimo se convirtió en el héroe de la incipiente clase media británica, lectura obligada en años venideros junto a la Biblia. Lali indica que Defoe no siguió ningún modelo literario, sino que se inspiró en su rica experiencia vital; así, sus héroes y heroínas son fruto de la lucha por la vida, iluminados por la fe en sus propias fuerzas y el sentido común; didáctico, moral y de firme convicción democrática, el autor, avalado por su agudo sentido de la observación y una cada vez más común religiosidad práctica, se erigió en portavoz de su clase social, que no tardaría en dar al país una prosperidad sin precedentes. Respecto a la relación de Robinson con el indígena Viernes, Lali señala que se lo ha considerado una alegoría del colonialismo británico, y Eugenio recuerda la figura de Calibán en la obra de Shakespeare La tempestad; y a propósito de Moll Flanders, Lali indica que se la considera primera novela costumbrista de la narrativa inglesa, cuya protagonista anhela ser una dama y relaciona el logro de esta aspiración con el sencillo hecho de “aprender un oficio”; al hilo se vuelve a mencionar la picaresca española, a lo que Eugenio invoca como modelo concreto la Pícara Justina -que recuerda Luis que es obra de López de Úbeda-, y María José propone las obras de Solórzano, generándose un breve debate que termina cuando se nombra un caso de ferviente actualidad: Olvido Hormigos.

Toñi ha leído el Robinson “a secas”; habiendo visto alguna versión cinematográfica, y ha comparado éstas para averiguar cuál es más fiel al original, buscando los elementos que ella más recordaba, como el coco, el loro o el perro. Comenta que el protagonista, que sufre varios naufragios al comienzo del relato, termina apareciendo en una isla desierta y se ve obligado a construirse él mismo todo aquello que necesita para subsistir, desde velas a queso; al final, hasta una residencia de verano. Le ha parecido un buen modelo de aquello de que “el hambre agudiza el ingenio” (por otro lado, se pregunta por qué Robinson, siendo un hombre tan inteligente, no se dedicó a construir una barca para abandonar la isla). Siguiendo el argumento, Toñi nos cuenta la aparición de huellas de seres humanos que terminan siendo caníbales y la llegada de Viernes, convertido en sirviente de Robinson; hasta que ambos son rescatados y van hacia Burdeos donde el protagonista dejó ciertos negocios: este viaje lo realizan por tierra porque Robinson no quiere más barcos, y así atraviesan España y tienen que enfrentarse con un oso en los Pirineos (Luis indica que esto pertenece a la continuación que Defoe escribió ante el éxito del libro original).

Para cerrar la sesión, Isabel lee en voz alta algunas frases del autor recogidas de Internet.

 

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Margaret Cavendish (1624-1674)

cavendish color portrait

Margaret Cavendish en Wikipedia

Margaret Cavendish, excéntrica y genial en Más que Ciencia

Margaret Lucas-Canvendish, Duquesa de Newcastle en Retratos de la Historia

Margaret Cavendish, Feminista en La nave va

Margaret Cavendish, Mujeres científicas en Igual.es

Con dos… El círculo de Cavendish en La ciencia de tu vida

Margaret Cavendish en Engines of our ingenuity

Visión de la ciencia en la poesía inglesa de Margaret Cavendish / Pilar González Duranza en Gobierno de Canarias

La duquesa extraordinaria / Pola Oloixarac en Página 12

La atomización del lenguaje poético (sobre Cavendish) / Lucas Margarit en Scribd.es

La extravagante duquesa de Newcastle en Retratos de la historia

poemas de Margaret Cavendish musicalizados en MySpace

texto de The Blazing-World [en inglés] / Margaret Cavendish en University of Pennsylvania

The Atomic Poems [en inglés] / Margaret Cavendish en Emory Women

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17 de abril de 2013: Jane Barker

Reunidos: Isabel, Lali, Toñi, Rufino, María José, Seve, Luis, Pilar G., Eugenio, Josefina, Pilar, Mercedes y Valentín.

Isabel abre la sesión emplazándonos para el próximo Día del Libro (martes 23 de abril) a la Lectura del Quijote en el Centro de Mayores Juan XXIII, a cargo del Taller Literario; y aprovecha para recordar que dentro de un mes, el 21 de mayo, en el mismo lugar expondrá nuestra compañera Lali su comentario sobre la novela El secreto de las flores de Mercedes Salisachs, en el marco del vigésimotercer Ciclo Literario, dedicado a la Novela Costumbrista.

A continuación, Isabel comienza a leer los datos biográficos sobre Jane Barker que hemos encontrado en Internet: poeta y novelista inglesa que vivió un total de setenta y nueve años repartidos entre los siglos XVII y XVIII, disfrutó de una herencia familiar ocasionada por el temprano fallecimiento de su hermano mayor y vivió una parte de su vida en el exilio en Francia, debido a las persecuciones que sufrió la comunidad católica en su país de origen. Acerca de su obra, Isabel destaca que sus novelas más exitosas fueron Los amores de Bosvil y Galesia (de la que Lali indica que es el relato recientemente traducido al castellano que aparece en Mujeres de principios, breve antología de autoras inglesas de aquella época, editada por Lengua de Trapo) y Exilius (acerca de la cual dice Mercedes que es la que le dio renombre), y añade que se dio a conocer en el ambiente literario por una obra en verso colectiva junto a compañeros universitarios, que se llamó Recreaciones poéticas. Finalmente, a Isabel le chocó que, tratándose de una sociedad tan marcadamente machista, Barker recibiera la herencia que correspondía a su hermano mayor a la muerte de éste, existiendo aún otro hermano varón, aunque más pequeño que ella; Rufino recuerda que la herencia se transmitía por el sistema de mayorazgo, mantenida íntegra y destinada a un heredero universal; Mercedes opina que se sigue el orden de nacimiento al margen de la distinción por sexo, e Isabel se pregunta si no habrá tenido que ver con cierta preferencia del padre hacia su única hija, de donde especula María José si no sería el hermano pequeño de frágil salud e imposibilitado para heredar, a lo que Luis señala que la mala salud no es un motivo para ser desheredado ya que la herencia pasaría a los descendientes del enfermo, ante lo que Pilar G. recuerda que, que sepamos, ni la autora ni ninguno de sus dos hermanos tuvo descendencia.

Eugenio continúa la lectura de los datos biográficos sobre la autora. Comenta que tal calibre alcanzó su fidelidad a Jacobo II que no sólo se exilió con su Corte sino que cuarenta años después de su defenestración le envió una carta de apoyo, y también aseguró haberse curado un cáncer de mama mediante apósitos de un pañuelo con sangre del monarca, hecho que califica de “escatológico”, lo que da pie a una debate donde se discute el uso de este adjetivo, a lo que Luis aclara que no sólo indica suciedad, que también se aplica a la transustanciación del cuerpo putrefacto, y Eugenio apunta que siempre lo ha relacionado con las reliquias (al hilo, María José recuerda la creencia en que la pureza de sangre hacía milagros y de ahí apostillamos sobre la sangre azul y Lali lo señala como síntoma de distinción, Isabel como evidencia de la blancura de piel y Toñi como consecuencia de los polvos de arroz del maquillaje); añade Eugenio las etapas de predominio católico en el gobierno inglés: durante los reinados de Jacobo II (1685-1688) y de la reina Ana (1703-1714), habiendo estado Barker en el exilio durante los periodos 1689-1704 (Guillermo III) y de 1726 hasta su muerte en 1732, ya reinando los Hannover. Por último, acerca del término “romance” que utiliza la autora en el subtítulo de Exilius, indica Eugenio que ella reclamó este nombre frente al de “novel” que se estaba poniendo de moda, para ajustar su obra a un concepto de la narración más acorde con la tradición épica, con el heroísmo de la resistencia católica ante la represión protestante.

Valentín destaca de Barker su falta de interés por el matrimonio y que nunca se casó, que su padre ocupó un cargo importante como Secretario y que estuvo a punto de quedarse ciega por culpa de una mala operación de cataratas, a partir de la cual necesitó ayuda de un primo suyo para escribir. De sus primeros poemas resalta una vida rica en incidentes, consecuencia de la experiencia en la comunidad universitaria con la cual alcanzó semejante camaradería; acerca de la Revolución Gloriosa que desplazó a su apreciado Jacobo II (recuerda Luis que se inaugura a partir de ella la dinastía Orange-Nassau, que eran luteranos “más férreos” provenientes de los Países Bajos, por aquel entonces liberados de la invasión española de Flandes), Valentín indica que fue conocida por otro nombre: la “Revolución sin sangre”. También señala de un artículo que ha leído a través de Internet, que mucha de la actual crítica feminista tiene su fuente en Barker, quien no se limitó, como se ha dicho, a escribir bajo demanda del público lector, sino que desarrolló en sus novelas unos conocimientos psicológicos excepcionales, que llegaron a influenciar a novelistas posteriores de la talla de Samuel Richardson. Por último, Valentín comenta que la obra de esta autora, como la de Aphra Behn, también ha permanecido oculta hasta hace poco.

Rufino ha elaborado un resumen con los datos biográficos que ha traducido de Internet, y destaca que durante su exilio, e inquieta por el futuro de Inglaterra, Barker escribió una serie de poemas políticos; añade que su conversión al catolicismo se sigue de la llegada de Jacobo II al poder (Rufino dice que el nombre original del monarca era James, y que el traductor automático se lo ha vertido en Jaime, pero Luis recuerda que James se traduce al castellano, indistintamente, como Jacobo, Jaime o Santiago), subraya su afilada percepción psicológica y comenta que la autora pudo haber ejercido la medicina, como se desprende del recorte de un anuncio conservado en un libro y, sobre todo, por las referencias que al oficio y a los conocimientos científicos maneja en alguno de sus poemas, conocidos como “poemas médicos”; pero añade que probablemente le viniera este saber de la educación recibida por su hermano mayor, al hilo de lo cual insiste en que debido a los escasos recursos familiares, la autora y su hermano pequeño quedaron sin herencia, y aunque la muerte del mayor posibilitó que ella tuviera una renta, el pequeño tuvo que conformarse con “poco más de 10€ al mes”. Al hilo de sus posibles conocimientos en medicina, recuerda Eugenio el poema donde Barker habla de la teoría humoral para ironizar sobre la ausencia de la mujer en la vida intelectual (dice que, por ser las mujeres más frescas y húmedas que los hombres, el Árbol del Conocimiento no puede arraigar en ellas), a lo que María José recuerda la Teoría de los cuatro humores y Luis señala que en aquella época la Medicina está aún fuertemente impregnada por la terminología de la Física.

Lali indica que el Patch-Work Screen que aparece en el título de dos obras de Barker escritas al comienzo de su segundo exilio, se refiere al bastidor que se usa en el ejercicio de este tipo de labor textil que consiste en unir diversos trozos de tela, de donde deduce que la autora hace alusión en estas obras a un contenido fragmentario, miscelánea de texto que, según añade Pilar, irían dirigidos “a las Señoras”. Lali ha podido leer de Barker el relato incluido en Mujeres de principios, editado por Lengua de Trapo, con prólogo de Lola Beccaria y traducción de Tamara Gil Somoza; en este mismo volumen aparece La monja de Aphra Behn, cuya lectura inspiró a Lali el trabajo que leyó la semana pasada, y del que dice que sirve también para ésta. El relato de Barker, Enredos (Los amores de Bosvil y Galesia), trata de la sumisión de la mujer a los hombres, los matrimonios de conveniencia y, en concreto, la anulación psicológica que se manifiesta en una muchacha que, siendo pretendida por un joven, no es capaz de expresarle su voluntad o deseos, ni siquiera de contestar a sus preguntas, respondiendo siempre con suspiros y evasivas que terminan desquiciando a su pretendiente, quien sin saber a qué atenerse acaba buscándose a otra mientras ella ingresa en un convento, donde una amiga le pregunta por qué no recurrió a su madre para que, gracias a su experiencia, la aconsejara de la mejor manera, y Galesia (que así se llama la protagonista) responde que siempre había creído que la iniciativa y decisión en los asuntos matrimoniales corresponde a el pretendiente o a sus padres, no a la pretendida ni a los suyos; este argumento da ocasión a un breve debate donde interpretamos el mal que aqueja a los protagonistas de esta historia, que finaliza sin ponernos de acuerdo sobre quién lo padece ni si se le ha de calificar de tímido, soso o pánfilo. Del tercer relato de esta antología, que pertenece a una autora que no hemos incluido en el taller (Eliza Haywood), Lali también cuenta el argumento y dice que trata de una mujer enamorada de un “pisaverde” que va de flor en flor sin intención de comprometerse, por lo que para conquistarle, ella trata de seducirle bajo diferentes apariencias, como si fuera siempre una mujer distinta, y así mantener su pasión (indica Isabel que la autora de este relato fue actriz); pregunta entonces Toñi si finalmente consigue la protagonista su propósito, a lo que Isabel replica que no quiere saber el final, que desea leérselo, y Lali dice que no se acuerda.

Josefina destaca la época del exilio de la autora, que se califica, en el texto biográfico leído en Internet, de “peregrinación cristiana”, y resalta el asombroso número de personas que secundaron aquella diáspora católica hacia Francia, Saint-Germain-en-Laye, lugar donde Jacobo II instaló su Corte y la autora estuvo de 1689 a 1704; añade Josefina que en 1704 regresó Barker a Inglaterra, vivió unos años de su renta y de su labor literaria y, en 1726, regresó de nuevo a Francia para morir lejos de su tierra.

A Pilar G. le ha llamado mucho la atención la operación de cataratas a la que Barker fue sometida, y que casi la deja ciega; le han parecido horrorosos los medios quirúrgicos de la época, y nos considera afortunados por beneficiarnos de las mejoras de las que esta profesión dispone hoy en día; dice que en aquellas condiciones no es extraño que existiera tan elevada mortandad, y entablamos breve debate sobre el ejercicio de la medicina en la actualidad, con sus avances en instrumental, esterilización, anestesias y tecnología varia.

Pilar saca a colación el término micromachismo, que en un texto ha empleado Eugenio, quien remite para el origen de esta noción a la microfísica de Foucault, y después reivindica la defensa de la tolerancia religiosa que hace Barker en su obra, destacando la traducción que hizo de Fénelon en 1718, con el objeto de limpiar la imagen del catolicismo en su país y lograr la comprensión de los protestantes; María José añade que también enarbola esta causa en la secuela de A Patch-Work Screen for the Ladies, y Mercedes recuerda que todo este siglo es, en Inglaterra y en general en toda Europa, un cruento enfrentamiento entre credos religiosos. Pilar reclama esta petición de empatía de la autora para los momentos actuales, en que tantos miembros de algunos Gobiernos del planeta abogan por la intolerancia, fomentando el enfrentamiento entre distintas ideologías y creencias, no mediante la marginación directa de los grupos a excluir, pero sí privilegiando de forma descarada a quienes les son afines; a propósito de ello, también se desarrolla una conversación sobre las presiones que ejercen determinados grupos -principalmente religiosos- para hacer prevalecer sus costumbres en los espacios públicos.

Por último, María José lee las Redondillas de Sor Juana Inés que mencionó en la sesión anterior, y Lali, con la venia de Isabel, desvela el final del mencionado tercer relato.

 

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